La comediante vuelve a Rosario con su show “No me calmo nada”, que viene de ganar el premio Estrella de Mar a Mejor Espectáculo de Humor
06:30 hs - Martes 05 de Mayo de 2026
Dalia Gutmann lleva más de veinte años haciendo humor. Desde el año 2005 se sube ininterrumpidamente a los escenarios para hacer reír, a partir de observaciones de la vida cotidiana y sobre todo de las vivencias de las mujeres. Su más reciente espectáculo, “No me calmo nada” viene de ganar el premio Estrella de Mar a Mejor Espectáculo de Humor. Se podrá ver en Rosario el sábado 16 de mayo, a las 21, en el Teatro Mateo Booz (San Lorenzo 2243).
También conductora y locutora, desde el 2011 hasta el 2019 estuvo al frente del show “Cosa de Minas”. Con sus distintos espectáculos, recorrió los escenarios de toda la Argentina, Chile, Ecuador, Uruguay, Perú, Colombia, Estados Unidos y España.
En 2024 ganó el Premio Lola Mora como mejor humorista, que es votado por la gente. Sin dudas, Gutmann supo construir un vínculo entrañable con el público, que hoy convoca a varias generaciones (sobre todo de mujeres).
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Antes de su visita a Rosario, Dalia dialogó con La Capital y habló de los cambios en el humor a lo largo del tiempo y de la importancia de generar espacios de encuentro y risas colectivas.
- ¿Por qué la decisión de nombrar así el espectáculo, con la idea de “No me calmo nada”?
Creo que tiene que ver un poco con que soy muy intensa, pero me gusta aclarar que no es un “no me calmo nada” de enojada. Así como tengo cierta intensidad para vivir, hay momentos donde no tengo cero nafta, estoy en el subsuelo. Pero cuando estoy, recontra estoy. Y veo que mucha gente me dice: "Tenés que descansar, tenés que calmar, no tenés que hacer tanto”. Pero déjenme vivir mi vida como me parece a mí. Yo quiero defender esa intensidad con la que a mí me gusta vivir. A otra le gusta vivir más tranquila y está buenísimo. Es cierto que con los igual es verdad que con los años uno va perdiendo energía, pero también se va conociendo mucho más, en el mejor de los casos. Entonces ya sabés dónde poner esa energía, lo que re tenés ganas de hacer, lo que no querés hacer para nada. Eso para mí también es lo interesante de la edad: uno no se come tanto el buzón de lo que hace bien y lo que hace mal sino que ya tiene la propia experiencia para corroborarlo.
- Siempre hiciste humor a partir de tus observaciones de la vida cotidiana, de los vínculos y los encuentros cotidianos. ¿Qué es lo que más notás que cambió en ese sentido?
A grandes rasgos, yo nací en un mundo en donde las cosas eran un poco para siempre: vos te casabas para siempre, tenías un trabajo para siempre y tenías una carrera y era para siempre. Eso cambió todo. Ahora es raro estar en pareja muchos años, tener un trabajo muchos años es más la excepción que la regla. Eso tiene su lado positivo también, porque todos somos cíclicos, la vida es dinámica y quedarse por quedarse en un lugar tampoco me parece sano. Pero a veces es todo demasiado volátil, y ahí sí ya me siento grande. Lo que más veo es eso, que los ciclos de las cosas son muy distintos a como eran antes. Después hay todo un mundo del levante que como estoy casada hace 25 años no vivo. Todo eso cambió de manera fenomenal. Hablo en el show de eso porque escucho y observo, pero es un mundo del que no participo. Hay likes, fueguitos, todos unos protocolos muy raros para interesarse por el otro. Bueno, de todo este cambio de época hablo en el show.
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- También siempre hiciste humor a partir de las vivencias de las mujeres. En un momento se cuestionó un poco esta idea, como si ya fuera algo viejo, y después eso mismo pegó la vuelta y volvió a tener valor este tipo de humor. ¿Cómo sentís este camino?
Yo empecé a hacer comedia a principios de los 2000. En esa época, era como que los profes que nos daban clase nos querían ayudar a las mujeres, que éramos pocas, y nos recomendaban no hablar de humor de mujeres porque aburría, porque no interesaba. A mí siempre me encantó, es mi tema favorito. Hay una realidad que es que nosotras vivimos en este mundo con un ciclo que vivimos solo nosotras. Ahí ya hay una manera particular de pasar por esta existencia. Para mí es muy necesario tener un lugar donde ir a reírnos juntas de eso. Está el prejuicio de “ah, esta hace humor de minas” pero a mí me parece realmente algo fundamental poder reírnos de nosotras mismas. Así que todo ese prejuicio me chupa un ovario. A mí me encanta, sé que es catártico, sé que es necesario, sé que también es necesario que los hombres lo escuchen. Todo el momento más álgido del feminismo de los últimos años estuvo muy bueno pero también trajo cosas no tan buenas como la idea de amarse, de amar el cuerpo. Y la verdad yo quiero sentir lo que siento de verdad con mi cuerpo en cada momento, sin imponer nada. A mí me gusta hacer humor desde un sentimiento genuino y no desde un lugar de tribunear a un feminismo. También me emociona que yo empecé siendo muy pendeja y ahora vienen pibas de esa edad a verme, para las cuales soy una señora, y traen a sus mamás o sus abuelas. Me dicen “la quería ver reír así a mi mamá”, y yo me vuelvo loca. Eso me emociona infinito. Después, cada vez vienen menos hombres, pero los que vienen la pasan espectacular. Está bueno que vengan.
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- Es un unipersonal pero también implica un despliegue, tenés todo un equipo trabajando con vos para que el espectáculo sea convocante también a nivel puesta.
Es mucho laburo y por suerte con los años lo voy entendiendo cada vez más. Una cosa es hacer teatro, donde vos vas de miércoles a domingo a hacer una obra, y otra cosa es este estilo, cada vez más frecuente en Argentina, de un show unipersonal que va recorriendo el país. Es todo una movida. Eso es un laburo en sí, pero después está el laburo de ir renovando el show para que siempre esté bueno. Yo fui el año pasado a Rosario pero el show cambió un montón. Creo que ahí está un poco el secreto, ir esculpiéndolo, ir sacando lo que no, agregando cosas nuevas. Por suerte, tengo a mi directora Mariela Asensio, que se ocupa de las visuales, porque es un show con pantallas donde se van proyectando cosas. Ahora tenemos una canción para el final. Está la diseñadora, la vestuarista, todo un equipo de gente que hace que sea una propuesta que también esté buena en varios sentidos.
- Después de veinte años en esta profesión, ¿qué te sorprende todavía?
Me sorprende todo. Ir al teatro, salir de tu casa, pagar una entrada, estar todos juntos en un mismo lugar, todo eso es un montón. Valoro mucho eso y espero que nunca deje de sorprenderme. Creo que si algún día lo pierdo, me preocuparía. Hay gente que se lo toma más liviano y me da envidia, pero a la vez me gusta sentirlo todavía con esta intensidad. Nunca hice de taquito una función. Y pasa de todo, el show va cambiando, es como un ser vivo. Tiene días espectaculares, otros no tanto. Pero todo eso me sorprende y me encanta.