El músico regresa a la Argentina con una gira que lo trae nuevamente a la ciudad, donde tocará una selección de clásicos que incluye temas de sus bandas y su repertorio solista.
06:30 hs - Viernes 22 de Mayo de 2026
“Uf, la verdad que no me acuerdo exactamente cuándo fue la última vez que toqué en Rosario”, dice Ariel Rot en diálogo con La Capital. “Puede ser que haya ido yo solo, con el show ‘Solo Rot’, con piano y guitarra”. Ese concierto fue en mayo del 2012 en Sala Lavardén, hace exactamente catorce años.
Este sábado 23 de mayo, se presenta nuevamente en la ciudad, en el Centro Cultural Güemes. Como adelanto, revela que va a haber de todo: “Temas que conoce muchísima gente, grabados por Los Rodríguez, pero también canciones más personales, casi íntimas, como ‘Semillas en el aire’, ‘Vicios caros’, ‘Geishas en Madrid’. Creo que el público que me sigue adora ese tipo de temas que, sin haber sonado en la radio, para la gente son casi como clásicos de mi repertorio”.
Ariel nació en Buenos Aires. Cuando apenas entraba en la adolescencia, su familia se exilió a España por la dictadura militar. Allí, Rot volcó todo lo que en materia musical había absorbido en su casa y en las calles de su país natal. Por un lado, el movimiento musical que había en ese momento de principios de los 70, finales del 60, “que era muy poderoso”. Por el otro, su madre fue cantante, en su casa se escuchaba Violeta Parra y música brasileña, e iban músicos a tocar. Además, eran amigos de productores de conciertos, entonces vio en vivo a Arco Iris, Santana, Theodorakis o Paco Ibañez.
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Entre España y Argentina
“Yo todavía no había definido mis propios gustos, pero sí cuando descubrí a los pioneros de rock argentinos, Almendra, Manal, Vox Dei, después Pappo, me fascinó. Y para mí casi no había diferencia entre el rock anglo y el rock argentino. Era muy chico y para mí estaban a la misma altura y me provocaban la misma emoción. Después tuve la suerte de poder estudiar unos meses guitarra con Claudio Gabis, y eso ya me marcó muchísimo el rumbo”, describe Rot.
A España se llevó todo ese conocimiento y esos primeros gustos. En una incipiente escena madrileña, con su compinche Alejo Stivel, se enteraron de que tocaba Moris en un bar y fueron a verlo: “Por supuesto que Alejo y yo éramos sus fans ya desde Argentina, por el disco ‘30 minutos de vida’ y todas esas canciones. Fuimos a verlo a un boliche y salió tocando solo con la SG. Escuchamos un montón de canciones que hablaban de un argentino llegando a Madrid, de su experiencia, y describiendo la ciudad con una poesía y con una bohemia, y con una gracia increíble”, narra el artista.
“Con Tequila acabábamos de grabar nuestro primer disco y nuestro productor nos dijo que estaba buscando banda para Moris. Entonces, vino a nuestra sala de ensayo, nos hicimos íntimos amigos. Todo lo que tiene que ver con el disco ‘Fiebre de vivir’, fue una experiencia increíble, una época muy divina, en que Moris formaba parte de ese grupo. En Madrid estaba pasando de todo, muy incipiente, muy chiquito, y cada vez se iba se iba potenciando más. Conectamos de una manera muy potente, tanto que los dos singles, el de Moris y el nuestro, salieron casi al mismo tiempo. Y realmente fue algo totalmente novedoso y necesario en ese momento. Y enloqueció a la gente, fue muy bueno”, suma.
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Mucho más adelante, con Los Rodríguez lograron ser una banda popular y marcar un parámetro: hay un montón de bandas que “suenan a Los Rodriguez”. “Parece que sí”, dice Rot y agrega: “Yo no sé en este momento, pero durante un tiempo hubo muchas bandas influenciadas por Los Rodríguez, tanto en España como en Argentina”.
- Para mí sos el guitarrista argentino que más entendió el toque Chuck Berry/Keith Richards. ¿Qué sentís vos?
Aquí, en Argentina, hay una gran escuela de ese tipo de rock and roll. Yo pretendo que mi universo musical se amplíe y no ser un imitador. Es cierto que en un momento yo escuchaba mucho eso y en mi primer grupo, Tequila, estaba muy presente. Pero también escuchaba mucho blues de chico, muchísimo, sobre todo artistas de blues originales, aparte de los guitarristas argentinos que siempre fueron muy buenos. Después empecé a escuchar un montón de música, y creo que ya en la época de Los Rodríguez y después en mis discos solitarios, están también presentes nuevas notas. Pero sí, a ver, me influencia mucho sobre todo ese espíritu, más que aprender a tocar como ellos, que es algo que siempre me dio mucha pereza. Sí me gustó captar el espíritu de esa manera de tocar, de lo que llamamos el toque. No solamente las notas que estés tocando, sino tu manera, tu personalidad al poner los dedos, al rasguear, a todo eso.
- Lo que tiene que ver con el flamenco, con lo español en general, ¿lo tenías incorporado o lo aprendiste cuando fuiste a España?
El flamenco es algo muy complejo, un guitarrista de flamenco son palabras mayores, a veces se mal entiende lo que es la rumba popular con el flamenco. La rumba es una cosa mucho más sencilla y tiene mucho que ver esas escalas, casi con la música tradicional latinoamericana también. Más o menos se manejan por ahí las melodías. Pero desde luego, el flamenco es algo descomunal y realmente es inalcanzable para alguien que no lo tocó desde chico, desde la cuna. Requiere de muchísimo trabajo diario ser un guitarrista de flamenco. Pero sí que toda esa cosa, yo creo que tiene que ver con lo que escuché de chico también, aquí en Buenos Aires. Se escuchaba tango, se escuchaba en el edificio, en el barrio, en la radio, en la calesita. Se escuchaban cantantes melódicos latinos, y todo eso se fue incorporando. Tanto que cuando de repente alguien proponía una canción con ese tipo de acordes, esas melodías, a mí me resultaba muy fácil empezar a inventar algo con la guitarra sobre esas bases. Se ve que era algo que lo tenía dentro, no lo había practicado, pero entre la oreja que tengo y que lo llevaba adentro, me resultó muy fácil empezar a tocar todas las canciones medio latinas de Los Rodríguez, incluso desde antes ya con Andrés (Calamaro) en Buenos Aires, cuando empezamos a coquetear con lo mexicano, con esos estilos con otro tipo de armonías y de escalas.
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El comienzo de Los Rodríguez
- “Vértigo” y “Debajo del puente”, ¿son discos que grabaste en Argentina o en España?
Son discos que se grabaron en España cuando todavía en la Argentina no solamente no me conocía nadie sino que no me había atrevido todavía a volver. Pasaron diez años hasta que yo volví otra vez a Buenos Aires, y fue porque una compañía independiente sacó “Debajo del puente” y me trajeron, me organizaron algo con Badía. De repente yo llegué aquí, y creo que de una manera un poco antinatural, estaba el tema sonando por todos lados, pero la gente no sabía muy bien ni quién era, y lógicamente no conocían más que una canción mía. Entonces fue todo muy especial, porque fue mi reconciliación con la Argentina. Fue tal que a los meses me vine a vivir aquí cuatro años. Ahí fue el principio de Los Rodríguez.
- En “Por Mirarte”, disco de Andrés Calamaro, está “Cartas sin marcar” y la firman ambos. Luego también estás en “Nadie sale vivo de aquí”.
Sí, exactamente. “Cartas sin marcar” está compuesta prácticamente toda en Madrid, y cuando llegué aquí empecé a tocar con Andrés. Me faltaba una parte y Andrés la terminó. Es que éramos muy colegas con Andrés y nos veíamos muchísimo y estábamos tocando juntos y viajando juntos, defendiendo sus discos, y yo seguía componiendo. Entonces, le mostraba una música y Andrés inmediatamente se inspiraba y componía y escribía una letra y hacía una melodía y de repente estábamos componiendo algunos temas juntos. Él estaba en un momento también, encontrando un camino. Yo creo que son discos donde se marca un poco la evolución de Andrés.
- Y entre lo que estabas haciendo vos y lo que estaba haciendo él, ¿confluye en Los Rodríguez?
Exactamente. Fue también de una manera bastante orgánica, digamos. Yo, en un viaje a España, me reencontré con Julián (Infante), que era el guitarrista de Tequila. Y él tenía una banda montada y yo tuve ganas de volver a Madrid en ese momento. Entonces decidimos armar una banda, lo llamé a Andrés y le dije: “mirá, me voy a quedar, estoy con Julián”. Y me dijo: “bueno, voy”. Así que así se armó. Lo fuimos a buscar a Barajas, nos paró la Guardia Civil, me acuerdo, porque fuimos sin dormir a la mañana. Estábamos (risas), nada, destrozados. Directamente nos fuimos a una sala de ensayo a tocar y durante tres meses no paramos de tocar y de componer, y compusimos entero el primer disco “Buena suerte”.
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- Hablando mal y pronto, tanto en España como en Argentina, con Los Rodríguez hicieron un lindo quilombo.
Costó, costó, pero finalmente conseguimos en un momento ser populares, digamos. Porque empezamos como un grupo de culto madrileño, y de repente la cosa estalló con “Sin documentos”. Y después dejó una sombra muy larga Los Rodríguez, en pocos años y para la poca producción que tuvimos. Y todavía sigue siendo un grupo muy respetado y muy querido.
- Después sigue tu etapa solista, hasta hoy. ¿Sos de componer mucho?
Si estoy en cualquier lado y hay una guitarra, quiero y necesito tocar. Pero no me pasa lo mismo con una hoja en blanco, sinceramente, tanto que llevo un montón de tiempo sin componer. Estoy en actividad musical constante, pero sentarme a componer es como una especie de salvapantalla. Cuando no hay absolutamente ninguna actividad, de repente puede surgir la composición. Pero si estoy distraído con cosas, probablemente sea lo último que voy a pensar en hacer.
- Pero compusiste mucho.
Estuve te diría que muchísimos años pensando y observando y escuchando, y cualquier cosita de repente podía encender la chispa. Cuanto más lo practicas, más fluido y más placentero es. En un momento me distancié y me distraje, y tendrá que ocurrir de vuelta en algún momento, o no, no lo sé.
- Tenes una canción en particular, que por ahí no se menciona tanto, pero es un temazo: “Papi, dame la mano”. ¿Qué representa a vos?
Bueno, es una canción de las pocas que tengo de tinte social. Era algo que se veía por las calles de Madrid, gente viviendo en la calle, durmiendo en un coche. Me pareció muy tierna esa dualidad, de un tipo que sale de la cárcel, en un ambiente obviamente duro y agresivo, pero que sale a la calle y casi empieza a dudar si no era mejor haberse quedado adentro. Pasa la primera noche en la calle y se convierte en un niño que dice “papi, dame la mano que tengo miedo”. Es muy poderosa, después la volví a reversionar, no tan festiva, y se consigue mejor el efecto. Yo creo que me equivoqué un poco en el tipo de producción y hacia dónde llevé esos acordes, esa melodía y esa letra. Creo que tiene más potencia cantada y tocada de otra manera, sin tanto baile, ¿sabes? Esto es una confesión.