Sobrevivir al Holocausto: entre el horror del nazismo y el imbatible deseo de seguir
El jueves 28 de abril se proyecta el documental "La llama de la memoria" en el cine El Cairo. Su realizador, el rosarino Rodrigo Aloras, contó cómo fue reflejar la historia de un judío oriundo de Rodas que estuvo en Auschwitz

Martes 26 de Abril de 2022

La tragedia, el espanto, la solidaridad y un deseo imbatible de vivir. Todos esos elementos conviven en “La llama de la memoria”, el premiado documental del rosarino Rodrigo Aloras que refleja el revelador testimonio de un sobreviviente del campo de concentración de Auschwitz. El mediometraje de 40 minutos se proyectará este jueves 28 de abril a las 18 en el cine El Cairo, con entrada libre y gratuita, en el marco de la cátedra abierta “Holocausto y otras formas de discriminación Beppo Levi”, de la UNR. Al finalizar, el periodista Guillermo Zysman dialogará con el director de la película.

Durante cuatro años, el músico, artista plástico y realizador Rodrigo Aloras se dedicó a seguir las huellas de David Galante, un judío sefardí nacido en la isla de Rodas (Grecia) en 1927, que padeció la ocupación de los nazis en 1943 e integró el contingente de 1.800 judíos que fueron enviados al campo de concentración de Auschwitz (Polonia), el mayor centro de exterminio del nazismo. Galante perdió allí a casi toda su familia, pero al finalizar la Segunda Guerra Mundial se reencontró con uno de sus hermanos en Italia y después llegó a Buenos Aires, donde pudo construir una nueva vida.

“La llama de la memoria” — que se gestó de manera independiente— sorprendió a propios y ajenos por la cantidad de galardones que recibió en el circuito internacional. A fines de 2020 ganó el premio al mejor documental corto en el New York Movie Awards, y también fue reconocido en distintos festivales de Estados Unidos, Holanda, Italia, Grecia, República Checa, Suecia y Canadá. Además fue declarado de interés municipal por el Concejo de Rosario, “por su aporte significativo al proceso de memoria, verdad y justicia sobre el Holocausto”.

En charla con La Capital, Aloras contó cómo fue el proceso del documental que recorre varios puntos geográficos (Rodas, Auschwitz, Buenos Aires y la ciudad sueca de Lund, donde reside el realizador), y dijo que su película también funciona como una advertencia contra el actual auge de la ultraderecha en el mundo.

—¿Cómo llegaste a la figura de David Galante?

—Llego en principio por azar, y a esto lo incluyo en el documental. Una mañana, haciendo una pausa en el trabajo, me pongo a leer artículos y encuentro una nota sobre el nazismo que incluía un testimonio de Galante. Obviamente quedé impactado, impresionado, y al terminar de leer la nota descubro que David estaba vivo y estaba en Buenos Aires. Esa fue la mayor sorpresa. Fue por azar, pero también fue gracias a David Galante, que se convirtió en un testimonio vivo. Galante dedicó una década de su vida a dar testimonio en escuelas, en periódicos, en distintas charlas. Que haya llegado a él es de alguna manera mérito de Galante.

—¿Qué te llevó a transformar ese testimonio en un documental?

—Me lleva la pulsión creativa. Yo ya estaba con intenciones de hacer un audiovisual un poco más profesional, un documental. Inclusive tenía una temática que después quedó suspendida. Cuando me encontré con la nota a David me di cuenta de que era ahí donde tenía que poner todas las fichas. Fue una especie de instinto, por esto de dar con un material muy extraordinario.

—En lo personal, ¿qué fue lo que más te movilizó de la historia de Galante?

—Es buena la pregunta... Me moviliza su recorrido, su personalidad. Me moviliza cómo pudo transformar ese horror en algo narrable, en algo transmitible. La característica de los sobrevivientes del Holocausto, y en el caso de él no fue excepción, es la de no poder hablar del tema, o que les lleve mucho tiempo hablar de esa experiencia. Me conmovía ver esa transformación y ese espíritu entre comillas alegre, conciliador, que tenía de contar lo que le había pasado y hacerlo escuchable. Después también fue muy movilizante estar en el campo de concentración en sí, fue muy fuerte. Aunque quizás yo estuviera un poco protegido por mis funciones técnicas, por tener que estar ahí atento a los problemas de la filmación. Eso me tenía más armado. Pero caminar y recorrer el campo, y pensar en la historia de las personas que pasaron por allí, fue muy bravo.

—David falleció en julio de 2020 a los 93 años. ¿Llegó a ver la película?

—Sí, por suerte sí. Nos apresuramos en editar una primera versión del documental y pudimos hacer una presentación para que él pueda ir a verlo con toda su familia y sus conocidos. Luego seguí trabajando varios años en la película pero cerré una versión donde lo fundamental ya estaba allí. El la pudo ver y para mí eso fue la prueba de fuego, que él la viera y le gustara.

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Aloras recibió premios internacionales por su primer documental.

—En medio del ascenso de la ultraderecha en Europa —el domingo Marine Le Pen sumó el 41 por ciento de los votos en Francia—, el documental tiene una resonancia actual. ¿Vos lo ves así también?

—Sí. Eso está sucediendo en varias partes de Europa. En el documental yo conecto la temática central con este presente que estamos viviendo. En un recorrido que estaba haciendo por Suecia, que luego lo traspasé a la película, me encontré en el transporte público con imágenes donde se anuncia que los partidos de extrema derecha estaban ganando equis cantidad de bancas en el Congreso. Eso lo vemos ahora también en Sudamérica. Y a mí me pasaba lo mismo en Escandinavia. Por eso sentía que estaba trabajando con una materia que hoy día sigue siendo actual, y no con un evento de un pasado superado. Es alarmante el resurgimiento de esos partidos y de esa mentalidad tan peligrosa. Me parece que es una de las preocupaciones más grandes del mundo actual, junto con la ecología y el tratamiento que hacemos del planeta y los recursos humanos.

—Estás radicado en Suecia desde 2005. ¿Por qué decidiste vivir allá y cuál es tu relación actual con Rosario?

—Tuve una especie de enamoramiento con los paisajes nórdicos. Fui de visita, tuve la oportunidad de radicarme allá y no la perdí. Me sentía muy a gusto con una sociedad que es generosa y cálida, al contrario de lo que se suele pensar de los nórdicos. Además me sentía muy bien con el contacto cercano a la naturaleza que tienen en Escandinavia, a diferencia de Barcelona, que es donde había vivido antes durante cinco años. Barcelona es una ciudad hiperpoblada y cosmopolita. En Suecia vivo en Lund, una ciudad que está bien al sur del país. El traspaso a la vida un poco de pueblo, pero que no deja de ser ciudad, para mí fue lo más atractivo, y además sentía que volvía a la escala rosarina. Yo vivo la mitad del año en Rosario y la otra mitad en Suecia. A veces no sé si volví o no me fui (risas). O siempre estoy volviendo, como dice el tango.

LA LLAMA DE LA MEMORIA (2020) Tralier