Martes 08 de Marzo de 2022
Las herramientas a utilizar en una guerra van mutando al ritmo que evolucionan las sociedades y sus sistemas de producción. Por eso, no representa un misterio para nadie, que en un enfrentamiento militar se utilicen todos los instrumentos existentes para suprimir la resistencia del enemigo. Hoy el mundo es testigo de la guerra económica que las potencias occidentales llevan adelante contra la Federación Rusa en respuesta a su invasión a Ucrania. Ante el aluvión de noticias sobre las diversas medidas aparece la pregunta: ¿Cuándo comienzan a ser utilizadas las sanciones económicas como arma de guerra? Tales represalias, ¿son efectivas para detener la invasión?
Uno de los datos clave es que la división internacional del trabajo de fines del siglo XVIII permitió el despegue del capitalismo industrial del Viejo Continente. El posterior desarrollo del sistema, provoca una fenomenal interdependencia entre productores y compradores de diversos puntos del globo, interdependencia, acunada en las crecientes relaciones mercantiles internacionales. Es en este preciso momento, cuando las sanciones económicas comienzan a ser utilizadas como arma de guerra.
A principios del siglo XIX ya podemos encontrar las primeras sanciones contra países envueltos en conflictos armados, quizá el caso más emblemático sea el embargo francés al Reino Unido.
Luego de la derrota de Trafalgar y, ante la destrucción de su marina de guerra, Napoleón decide enfrentarse al gobierno británico en el plano económico, en 1806, prohíbe a los países europeos comerciar con Londres. Con ello, buscaba resentir al contrincante en su desenvolvimiento económico, con el objeto de minar su capacidad bélica y alejarlo de las pretensiones continentales francesas. Pero la medida fue insuficiente, el embargo tuvo dos problemas de centrales:
Por el tamaño del espacio continental europeo y en el estado de ebullición social que se encontraba, resultó imposible hacer cumplir el embargo. Además el bloqueo terminó lastimando a las economías de las naciones europeas. Francia no podía sustituir a los británicos como proveedores de manufacturas para el resto del continente, tampoco podía reemplazar a Gran Bretaña como cliente de materias primas de la Europa Central y Oriental, y se negaba a actuar como un mercado totalmente abierto al resto de Europa.
(Europa en 1811. Coloraciones de azul más oscuro hacia el celeste: Primer Imperio francés. Estados satélites de Francia. Países en los que se aplicó el Bloqueo Continental).
Los intereses económicos británicos estaban asentados en otros puntos de ultramar. Si bien tuvo un altísimo precio para la población inglesa no logró desequilibrar el poder de Londres ni disminuir su influencia en el continente.
Sería recién en el próximo siglo, el XX, donde las sanciones económicas empiezan a consolidarse como instrumento bélico. Durante la Gran Guerra las sanciones fueron constantes, siendo la más importante el bloqueo comercial que el Reino Unido le impone a la Alemania del Kaiser Guillermo II.
Para el año de inicio de la conflagración, 1914, la Royal Navy barrió de un plumazo con la navegación y el comercio alemán de ultramar, cuyo ejercicio con los mercados de ultramar cayó a cero, aún así, la guerra se prolongó por cuatro cruentos años más.
Una vez concluido el desastre se crea, en el tratado de Versalles de 1919, “la liga de las naciones”. Un organismo internacional que se proponía establecer las bases para la paz y la reorganización de las relaciones internacionales con el fin de no repetir los sucesos de 1914.
Si bien el organismo medio con éxito en algunos conflictos menores, la crisis etíope-italiana de 1935 pone al descubierto su ineficacia. La Liga impone sanciones contra la Italia de Mussolini por los ataques a Etiopía. Principalmente, limitan el suministro de petróleo y cierran su acceso al Canal de Suez. Pero esas sanciones no se hicieron valer en ningún momento. Estados Unidos, que recela de la utilidad de la Liga de Naciones, no sólo no limita su relación comercial con el país transalpino, sino que la intensifica. Mientras que Francia y Reino Unido no hacen nada por lograr que se apliquen las medidas. La primera bastante tiene con preocuparse por Alemania, que vuelve a ser una amenaza; mientras que Londres no quiere saber nada de los conflictos continentales. Visto el fracaso, la Liga levanta las sanciones en 1936. Y un año después Italia abandona la organización, y se echa a los brazos del fascismo alemán.
Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, la institución y sus intenciones perecen. En el enfrentamiento también se imponen numerosas sanciones, tanto en la contienda europea, como en la del Pacífico y en la africana. Pero en esta ocasión fueron mucho más difíciles de ejecutar, sobre todo, por la falta de un hegemonía con dominio claro sobre los mares.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, nace las Naciones Unidas como una organización superadora de La Liga de las Naciones. Se amplía la cantidad de países participantes y las sanciones económicas se imponen claramente como un factor decisivo de su política de paz y guerra internacional.
En el teatro de operaciones global, y en el marco de la guerra fría, las sanciones económicas se constituyeron en un arma de doble filo. Las sanciones solo se mostraron efectivas en caso de la aplicación a naciones débiles, pero aún así, no lograban sus objetivos. El bloqueo a Cuba, decretado por la administración Kennedy, es un fiel espejo de ello puesto que, si bien las sanciones resintieron fuertemente el desempeño económico y social de la isla, no bastaron para derrocar al régimen de los Castro. Estos efectos resultaron más ambiguos aún, cuando las sanciones se dirigen a Naciones fuertes con peso en el concierto internacional. Un ejemplo claro es el embargo cerealero impuesto por la administración Carter a la Unión Soviética, que terminó por perjudicar a los productores estadounidenses más que a la Unión que pudo abastecerse en otros mercados.
Ya en la década de los 90s y con la hegemonía estadounidense sobre la mesa, las sanciones económicas se convierten en el modus operandi predilecto de las potencias occidentales. Solo entre 1993 y 1996 se imponen 63 sanciones a 35 países, en aquella época, casi el 40% de la población mundial estaba sujeta a alguna sanción económica. Vale la pena observar que, otra vez, tienen una eficacia relativa, y que es asi, porque los receptores son naciones con menor capacidad de respuesta.
El ejemplo de las sanciones a Irak por la invasión a Kuwait nos da una pauta esencial. Las sanciones económicas contra el régimen de Hussein sólo fueron efectivas cuando se acompañaron de una operación militar.
Como señalamos, cuando las medidas son tomadas contra países que comparten el ranking de potencias mundiales, las cosas son muy diferentes.
En los inicios de la guerra comercial declarada por la administración Trump, en 2018, al gobierno chino, todo parecía indicar que Huawei sería la primera víctima tecnológica de la disputa. Google le había negado el acceso a Android y esto parecía asfixiar a la empresa China. Pero no fue así, a pesar del duro golpe que significó el veto norteamericano a la empresa, el gigante electrónico siguió produciendo innovaciones en sus teléfonos y en otras tecnologías, llegando a desarrollar el sistema operativo multiforme Harmony Os quien va a disputarle en los próximos años los desarrollos a Google. Recordemos que uno de los mercados más grandes del mundo, el chino no utiliza Android ni Google. Es decir, las capacidades del gigante asiático en la materia son más que suficientes para la competencia externa. A su vez, este conflicto alertó a los demás fabricantes de telefonía celular de la peligrosa dependencia que tenían con respecto al motor de búsqueda norteamericano y esto puede generar una tendencia a multiplicar los desarrollos de sistemas operativos en el futuro.
¿Las medidas económicas, son efectivas para detener la invasión?
Estados Unidos, la UE, Japón y el Reino Unido han dispuesto una serie de sanciones económicas y financieras contra Rusia, después de que Vladimir Putin ordenara el envío de tropas a las regiones separatistas de Donetsk y Lugansk, en el este de Ucrania y, algunas cuantas sanciones más, luego de la invasión del territorio y el sitio de Kiev.
Las sanciones apuntan principalmente a instituciones financieras, afectando la capacidad de Rusia de obtener financiamiento en el mercado internacional. También hay sanciones contra varios individuos, instituciones y políticos rusos. Alemania, por su parte, ha pospuesto indefinidamente la certificación del controvertido gasoducto Nord Stream 2, que aún no ha entrado en funcionamiento.
Pero muchas de las sanciones impuestas después de la anexión de Crimea fueron más significativas y muchas de ellas se mantienen.
Los inversionistas estadounidenses ya no podían comprar nueva deuda rusa con denominación en dólares desde la anexión de Crimea en 2014, mientras que los bancos estadounidenses no pueden participar en el mercado primario ruso de bonos soberanos no denominados en rublos desde 2019, y de bonos denominados en rublos desde 2021.
El Departamento del Tesoro indicó que las nuevas medidas prohibirán a los bancos estadounidenses tomar parte en el mercado secundario ruso de bonos a partir del primero de marzo de 2022. Peligra la invasión….
La novedad, festejada como una gran medida, fue quitar a los bancos rusos del sistema SWIFT, pero ¿qué es el Swift?
La Society for World Interbank Financial Telecommunication (Swift), es una cooperativa de sociedades financieras, la mayoría bancos, que determina los códigos necesarios para realizar o recibir cualquier transferencia internacional. Fue creada en Bruselas en 1973, pero entró en funcionamiento en 1977 cuando comenzaron a enviarse los primeros mensajes. Hoy cuenta con más de 11.000 instituciones financieras presentes en alrededor de 200 países o territorios.
En el listado de bancos sancionados se destaca al VTB, el segundo mayor de Rusia. Sin embargo, la medida no afecta al mayor banco ruso, Sberbank, ni al Gazprombank, por donde se tramitan pagos europeos por importaciones de gas y petróleo ruso. Y es aquí, donde las cuestiones se complican. Europa se mueve con energía rusa, por lo que la dependencia europea con el país euroasiático configura un punto estratégico para el Kremlin y esto explica porque el black out hacia Moscú no es total.
Alemania e Italia fueron las naciones que mayor presión ejercieron para que los bancos Sberbank y Gazprombank, que administran pagos por productos relacionados con energía, no fueron excluido del sistema. A su vez, el bloqueo del acceso de Rusia a Swift, pone a muchos acreedores europeos en peligro de no recuperar su dinero.
Las nuevas medidas simplemente extienden restricciones que habían sido impuestas hace años. Rusia posee reservas de divisas por un monto superior a los 600 mil millones de dólares y, según dijo a Reuters la economista Elina Ribakova, del Instituto de Finanzas Internacionales, “las sanciones que apuntan a la deuda soberana tendrán poco efecto. La situación fiscal de Rusia es de superávit, por lo tanto, tiene la capacidad de financiarse sin recurrir al mercado internacional, al menos por un tiempo”.
Si hacemos doble click en esta afirmación podremos analizar la situación de reservas rusas mas de cerca. De sus u$s 640.000 millones de reservas, un 3% está en Canadá, 3% en Austria, 5% en Reino Unido, 7% en EEUU, 10% en Alemania, 10% en Japón y 12% en Francia. Además, cuenta con un 14% en China y 22% en oro. Es decir, salvo por su tenencia en oro y a su posición en reservas en China, en el peor de los casos, Rusia puede perder completo acceso al resto de sus reservas y dejar al país con u$s 230.000 millones de reservas.
De igual manera, resulta difícil imponer sanciones económicas a un país que es uno de los principales suministradores de materias primas a Europa. La factura de las relaciones comerciales de Rusia con Occidente supera con mucho los 700 millones de dólares diarios. Es una relación económica casi imposible de romper y que oxigena el poderío de Moscú.
Al menos desde la anexión de Crimea en 2014, Rusia se ha adaptado a las sanciones económicas de Occidente. Incluso entonces, se encontró un término eufemístico para ello. En lugar de "sanciones", los medios rusos prefieren hablar de una "nueva realidad económica".
Es obvio que los rusos van a sufrir, pero si Ucrania sucumbe rápidamente y su gobierno cae, difícilmente Putin enfrente presiones que lo obliguen a retirarse. En cambio, si el conflicto se prolonga y corre mucha sangre, las sanciones pueden obligarlo a ello y parece ser el objetivo de las Potencias Occidentales.
Pero el fantasma del daño auto infligido, como ya vimos en la historia, vuelve a aparecer. Las sanciones y el congelamiento de bienes del banco central ruso pueden hacer que otros países dejen de usar el dólar para sus transacciones internacionales, lo que les permitiría resistir mejor el tipo de presiones que sufre hoy Rusia. Esto, a su vez, podría debilitar el papel del dólar en la economía mundial.
China tomará las sanciones como una advertencia de que también debería reducir la dependencia del dólar
Recordemos que, en la evolución de la guerra, las innovaciones ofensivas traen como correlato innovaciones en el frente defensivo. Así, las grandes tropas de hombres fueron detenidas por el alambre de púas y el alambre de púas superado por la utilización de tanques de blindado en el campo de batalla. De la misma forma, la aplicación de sanciones económicas originan instrumentos de resiliencia para neutralizar sus efectos.
Desde que se anexó la península ucraniana de Crimea en 2014, Moscú ha venido desarrollando su propio sistema de pagos, homólogo del SWIFT, llamado SPFS, mientras que China también cuenta con el suyo.
La diferencia es que en el sistema ruso participan 399 instituciones y el de China, llamado CIPS y creado apenas un año después -en 2015-, cuenta con 1.280 usuarios en 103 países o territorios y, aunque fue ideado para internacionalizar el uso del yuan, lo venden como un sistema ideal para quienes quieren evitar el riesgo de exponer sus transacciones a la lupa de Estados Unidos.
Sistemas de transacciones de pagos
El Kremlin está invitando a sus instituciones a que se unan a su proyecto, o al chino, para reducir el impacto de la desconexión de su banca del sistema Swift.
Parece ser que, otra vez, las sanciones vuelven a ser armamento de utilería cuando no son acompañadas de una intervención militar, esto nos obliga a preguntarnos si la OTAN piensa en ese escenario. Por ahora escogió un camino intermedio, inyectar armamento letal al gobierno ucraniano para que Kiev arme a su población civil.
La aparente, y posible, inmunidad rusa a las sanciones económicas, está llevando al conflicto hacia la tragedia