Miércoles 11 de Mayo de 2022
“¡Vamo arriba amigo! ¿Cómo están allá? Acá un día bien despejado, bien lindo”. Rubén Rada parece que nunca está de mal humor. Atiende a La Capital desde Montevideo y a medida que el diálogo transcurre, desborda alegría. Canta, tararea, divaga, se ríe. Llega a Rosario este viernes 13 de mayo para tocar en el teatro La Comedia, en el marco de la gira “A la vuelta de Japón” (para este show habrá un sorteo exclusivo de entradas con la tarjeta de Beneficios La Capital/ BLC), donde, precisamente, en el 2021 realizó 15 shows durante el centésimo aniversario de las relaciones diplomáticas entre Uruguay y Japón.
“Para un uruguayo ir a Japón es como ir a la Luna. Hicimos conciertos en teatros donde había siempre 2500 personas con tapa boca y traje, decís: «¿Qué tienen un sanatorio acá, qué es esto?». La gente no podía cantar porque no se podía tirar el aire para afuera. Entonces lo único que les queda es bailar. Y al final del show, con las canciones divertidas y los solos de tambores los ponjas se levantaban y bailaban como locos”, recuerda entre asombro y risas, y remata con un “invitá a la gente que vamos bien armados, y van a salir divertidos”.
Durante la entrevista surgen temáticas, conceptos y nombres a borbotones. De repente, aparece su admiración por Los Auténticos Decadentes: “Amo a Los Auténticos Decadentes, son los más grandes, los más auténticos de la música argentina. Otro son los Les Luthiers. Y Charly, Spinetta, y Fito. Y miles. Pero Litto fue el primero”. Después comienza a describir cómo se le dice a cada posición de los 11 titulares en el fútbol uruguayo, y confiesa -con canto incluido-: “Cuando «La Plena» llegó a la cancha me emocioné muchísimo, casi me desmayo. Dije «bueno, al fin ahora estoy con el pueblo»”.
En la charla también hubo tiempo para la política internacional: “Si vos me preguntás si el mundo es racista, te digo sí. Lo oscuro siempre está mal. Antes de empezar la guerra de Rusia y Ucrania, Estados Unidos estuvo tirando bombas en Somalía, pero fueron dos días que se habló de eso, y ya está, no se habló más. Es muy asqueroso lo que pasa con ese racismo que hay en el mundo. Yo no escucho hablar de Africa, escucho hablar de esta guerra, y cuando se trata de que atacaron Alemania, o Rusia, o Estados Unidos, de eso habla todo el mundo, de los países sajones, blancos. Pero todo lo que sea para el lado árabe, negro, marroquí, ni pelota, que se arreglen como puedan”.
Y pregunta: “¿Escuchaste la versión de «11 y 6»?” Responde él: “grabé un disco que se llama «Candombe con la ayudita de mis amigos», pero lo que más me calienta de esto de Spotify es que la gente solo puede escuchar la canción que grabé de Fito. Pero grabé con La Vela («El viejo»), con Adriana Varela («Patotero sentimenta») con Pablo Milanés («El breve espacio en que no estás») con Coti («Nada fue un error»), y no puedo mostrarlo porque van sacando de a una canción, y yo me vuelvo loco”.
Cada tema que menciona, lo canta. Pero ni la alegría del canto lo desenfoca de esta versión de la industria: “Extraño el disco, porque te demuestra si es una basura o es una sola canción. Como «Loco Mía» -por supuesto, también la canta- que tenía solo esa y la hacían como diez veces en vivo. Yo los conocí, y me dijeron «Negro, nosotros te escuchábamos de chicos» y siempre me conocen de chicos a mí la puta que los parió, jajajajaj”.
—Grabaste más de 50 discos. ¿Como está la industria hoy, tiene sentido seguir grabando con ese concepto?
—Ahora que los autos no tienen para escuchar CD, siento que estoy fuera de lugar. Lejos de la vida de mis hijos, de la juventud, de las computadoras, de las redes, de todo. Si no sale un disco mío palpable, en la mano, siento que no hice nada, que es tirar música al pedo. Veo que hay artistas que llenan teatros como locos, y yo no los conozco. Digo ¿quién es este tipo? Pero porque no estoy en las redes y no manejo bien el celular tampoco, es un mundo que para mí no existe. Ahora de repente llego al teatro, no pegué ningún afiche, no hice nada, y se llena y no sabes por qué. Es un misterio, que hay que aprender. Pero yo ya estoy saliendo, lo único que quiero es subir al escenario y tocar.
—Decís que estás lejos de las nuevas generaciones, pero hace poco grabaste con Peke77.
—Sí, y me encantó. Cuando me invitó el Peke le dije que yo no rapeaba, porque aparte no tengo memoria para retener tanta letra, son tres, cuatro carillas de letra, y yo soy un refranero: «Ayer te vi, no te vas a morir» (canta). Yo canto refranes, como cantaban los negros en las calles, para anunciar o vender sus cosas. Pero si agarrás un pibe que vende cosas en un colectivo y le pones música, es un rap. Cuando digo que estoy afuera me refiero a que lo único que me interesa a mí es la música, porque de eso vivo, de eso me alimento. Lo que no me gusta es el sistema, porque después de muchos años yo llegué a conocer a los presidentes de las compañías, y ahora no sé quién es Don Spotify. No sé cómo se creó eso, y por qué nos tenemos que regir por Spotify para escuchar música. Por ejemplo, si hubiera vendido un millón de discos alguna vez en mi vida, ganaría un millón y medio. Con el Peke nos escucharon 15 millones de personas, y yo no gané un mango, no sé si el Peke o el autor habrán ganado. Pero recién a los 20 millones de visitas podés agarrar algo. Pero favorecieron a gente que tiene una canción, la única canción que compuso en la vida, como por ejemplo le pasó a Marama Rombai, que lo puso en las redes y explotó a full, y eso está bueno. Pero a mí no me gusta grabar una sola canción y ponerla en Spotify, me atraganto con que la gente no pueda escuchar el disco entero.
—¿Te divertís tocando?
—Yo no llevo al escenario los problemas de mi vida, subo y toco. Porque aprendí eso de los grandes, María Elena Walsh, de China Zorrilla, de los Fatorusso. La gente hace un esfuerzo para sacar una entrada, y nosotros tenemos que mandarla contenta, o emocionarlas, y también hacerlos divertir. Yo hago un show de menos a más, y termino allá arriba con todo el mundo bailando, y es lo que quiero. Entonces cuando bajo del escenario, vienen todos los problemas encima. Pero arriba, le debo respeto a la gente.
El maltrato a los “peludos”
Dentro de la catarata de temas que fueron surgiendo, Rada describe que el tango en Japón se comenzó a difundir cuando prohibieron pasar música en inglés. “Como pasó con Malvinas. Si no hubiera pasado Malvinas, el rock and roll argentino hubiera estado escondido. Es una contradicción, sí. Porque aparece el rock argentino y tenés que estar contento con un montón de artistas palpables y ver su magia y todo lo que hicieron, pero si no hubiera habido guerra, seguirían tocando en lugares pequeños, y con maltrato de la gente que les decía cualquier cosa”.
—¿A qué te referís con maltrato?
—Yo vivía con Los Shakers en Argentina, que tenían el pelo cortito con flequillito como los Beatles, pero les gritaban peludos. Ibamos por la calle, salían de las peluquerías con el jabón en la cara y les gritaban «peludos de mierda, ustedes no tienen vergüenza hay que mandarlos en cana». Nos puteaban, loco, y nos tiraban cosas. Fue una época tremenda loco, por eso en la canción de los Shakers «Rompan todo», cuando terminaba, la gente rompía todo, sillas, destrozaban los teatros. Viví todas las épocas.
—¿Cuándo empezaste vos?
—Tengo 78 años y empecé con la música a los 10 años, o sea, tengo 68 años de carrera. Pero nunca hice ningún concierto aniversario. Una vez en Argentina hice uno que le pusieron los 30 años, pero era mentira, ¡tenía más de 50! Quisieron hacerlo los de la compañía, yo no quería por marketing, y también te podés morir después de eso, jajja, no quiero ni pensar en eso, totalmente mufa.
—¿Y con el candombe qué querías?
—Yo quería que el candombe fuera usado por los músicos para componer, como otros estilos. Si Argentina está en el culo del mundo, Uruguay está atrás del culo. Para que la gente se entere de la música uruguaya, es muy difícil. Por eso nosotros tratamos de cruzar a Argentina, que es un país grande y muy respetado en América Latina, y de ahí salimos para todos lados. Desde Uruguay es difícil, desde Los Shakers, Los Iracundos, hasta La Vela y No Te Va Gustar, todos cruzaron y se dispararon desde Argentina.
—¿Te quedó algo por decir que no dijiste y quisieras?
—Sí. Y es que quiero agradecerle a Litto Nebbia por Los Gatos. Y a Tanguito también, que lo conocí en La Cueva. Yo iba ahí, y estaban Sandro y Los de Fuego, los Shakers, los Mokers, los Beat, y ahí nace el rock and roll. Para mí el rock argentino nace con Litto Nebbia.