¿Por qué el Papa León XIV debería venir a Rosario?

El gobernador solicitó que el Sumo Pontífice incluya a la ciudad en su visita al país. Argumentos coyunturales e históricos sobre la mesa. El timing y las posibilidades

06:05 hs - Lunes 20 de Julio de 2026

La imagen de León XIV desfilando en el papamóvil con un mar de fieles a sus pies y el Monumento a la Bandera de fondo sería una postal histórica para Rosario. También un pleno para el plan político de los gobiernos provincial y municipal de refrendar la idea de una ciudad que dejó atrás los años oscuros de la violencia.

El gobernador Maximiliano Pullaro le pidió mediante una carta a la Santa Sede que se incluya a Rosario en la visita del Papa al país en noviembre próximo. Hasta ahora, no figura en la agenda que tiene anotados a Buenos Aires, Córdoba, Santiago del Estero y Luján.

Ahora bien, ¿por qué debería venir a la ciudad el Sumo Pontífice? Hay varios fundamentos para empujar una visita santa.

Rosario y el Papa

En su misiva, Pullaro argumenta que la presencia de Robert Prevost representaría un empuje emblemático para una ciudad que está atravesando un proceso activo de pacificación social después de más de una década con índices criminales altos.

A su vez, esa reconstrucción del tejido social en marcha “junto al municipio, la sociedad civil y las comunidades de fe”, aclara, se basa en los mismos valores que León XIV ha proclamado desde el inicio de su pontificado.

“Una ciudad que lleva adelante un proceso activo de pacificación social, inspirado en los valores del Evangelio y en el llamado del Santo Padre, sería un escenario de honda significación pastoral y simbólica”, insiste el gobernador.

De hecho, luego recuerda el discurso de asunción en la Basílica de San Pedro, el 8 de mayo de 2025. “Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante”, dijo.

Esas palabras fueron elegidas detenidamente en la carta dirigida al nuncio Michael Wallace Banach porque el Papa las repitió en su encíclica Magnifica Humanitas de mayo de este año. Es decir: la reiteración revela la importancia del concepto.

El gobernador Maximiliano Pullaro quiere que el Papa visite Rosario.

Luego, Pullaro completa como argumento: “Esa paz —activa, cotidiana, construida desde abajo— es precisamente la que nuestra ciudad lleva adelante con esfuerzo y convicción desde hace varios años, a través de un proceso sostenido de pacificación social que involucra políticas públicas de prevención de la violencia, revinculación comunitaria, intervención territorial y fortalecimiento institucional”.

De ahí en más destaca que, frente al “escenario de graves episodios de violencia urbana vinculada al crimen organizado”, se emprendió un trabajo de "conquista de la paz día a día". Cabría agregar con la aplicación también de un, necesario probablemente, método de seguridad riguroso y un discurso asociado al punitivismo, lejano a la sintonía pastoral.

Lo cierto es que la imagen de León XIV en la ciudad representaría para los gobiernos provincial y municipal un broche en su narrativa de mostrar una Rosario que se abre hacia una instancia superior de pacificación. Qué mejor que, literalmente, una bendición del vicario de Cristo.

La viabilidad

En la carta, Pullaro se despide solicitando una audiencia para poder tener una instancia más e influir. La pregunta es si el pedido formal del 26 de junio llegó a tiempo, cuando desde el verano se rumorea la posible visita.

Incluso en una situación en que era factible la visita papal a países de Latinoamérica, ya que Francisco no los había incluido en sus viajes y que el propio Prevost vivió muchos años en Perú. Lo cierto es que la diplomacia vaticana es realmente compleja y nada garantiza una confirmación de la visita por más temprana que se haga la solicitud.

Hoy el mayor enemigo para visitar Rosario es que el Sumo Pontífice tiene pocos días en el país y existen lugares que parecen inamovibles en su itinerario. Por todo eso se apela a las circunstancias y al contexto rosarino para torcer y tener una luz de esperanza.

Argumentos

Al margen de la coyuntura que empuja el gobierno como argumento, lo que Rosario tiene de interesante es que podría funcionar como una síntesis de dos intenciones: el desafío frente a la violencia en Latinoamérica y su pacificación, y el de la inmigración que está en debate en Europa.

El historiador, investigador del Conicet y coautor del libro "La invención del papado contemporáneo", Diego Mauro, agrega elementos con los que se puede argumentar una visita del Papa.

Dice que la identidad de la ciudad se alinea con la visión papal, especialmente por su capacidad histórica de integrar diversas corrientes migratorias y su costado social.

El historiador destaca el vigor de Rosario en la historia del catolicismo social. Recuerda que Prevost elige el nombre León XIV por referencia a León XIII y su encíclica Rerum Novarum (sobre las cosas nuevas), que tiene que ver tanto con el conflicto entre capital y trabajo como con las cuestiones del mundo actual.

“Es la encíclica que funda el catolicismo social y Rosario fue, después de Buenos Aires, la plaza más potente del catolicismo social argentino”, se anima.

A modo de ejemplo nombra al Círculo de Obreros de calle Entre Ríos como ejemplo de mutualismo católico, la Acción Católica. En fin, Rosario tiene una historia de catolicismo social mucho más pujante que la de Córdoba, una sede elegida para la gira papal, más bien referenciada con un pasado religioso colonial.

Similar a lo que ocurre con Santiago del Estero, otros de los destinos. Esa ciudad tiene un condimento ineludible: por una decisión histórica de Francisco, en 2024, es Sede Primada de la Argentina, título que poseía Buenos Aires desde 1936. Por lo tanto, con su visita puede respaldar aquella decisión. Además, su arzobispo, Vicente Bokalic Iglic, fue parte del grupo de 133 cardenales que respaldó a Prevost en el cónclave que lo eligió Papa.

Inmigración y convivencia

Otro argumento que destaca Mauro es que Rosario se construyó mediante la convivencia armoniosa de diversas comunidades religiosas y flujos migratorios heterogéneos. “Una ciudad que pudo resolver, positivamente en términos generales, la integración de todo tipo de comunidades inmigrantes”, indica.

Esa perspectiva, sostiene, coincide con el discurso del Papa Francisco, quien sostuvo que la llegada de extranjeros no es una amenaza sino un enriquecimiento cultural, algo que continúa Prevost.

Vale recordar las críticas implícitas hacia las ideologías políticas modernas que promueven la exclusión y los muros. “Rosario podría considerarse un guiño positivo a esa concepción de la inmigración frente al discurso contemporáneo de las derechas tipo Donald Trump, que quieren construir muros”, opina.

En el gobierno santafesino sostienen un argumento similar: “En Latinoamérica el mensaje pacificador tiene una densidad similar al que en Europa tiene el mensaje sobre la integración de la inmigración”.

No es fácil. No basta con una cadena de firmas, ni siquiera con decir que es la ciudad de Lionel Messi. Solo resta que el Papa, o quien lo asesora, ponga sobre la mesa los argumentos mencionados más allá de los compromisos obligados.

Y que recuerde lo que él mismo escribió en su encíclica: "Incluso en las noches más oscuras, el Señor suscita hombres y mujeres capaces de no resignarse y de perseverar en el bien: personas que protegen a los frágiles y abren caminos de reconciliación". En eso está Rosario y él podría completarlo.