Jueves 18 de Noviembre de 2021
Lograr un diagnóstico de lo ocurrido en Perú, donde Pedro Castillo llegó a la Presidencia en junio pasado, sirve para analizar el fenómeno más general del avance de la izquierda populista en América latina. Y de cómo este sector, progresista o populista que se llame, opera con categorías que se oponen a las que deberían ser propias de la izquierda. Fundamentalmente, al instrumental teórico creado por Karl Marx.
Pedro Castillo fue elegido con el respaldo de las zonas más pobres, mientras su adversaria Keiko Fujimori y antes otros candidatos en la primera vuelta se llevaron los votos de las regiones que más han crecido con el modelo económico instalado en los años 90 por Alberto Fujimori y respetado por los presidentes democráticos que lo sucedieron. Castillo vino a cambiarlo. Más de 25 años de este modelo cambiaron a Lima y la región de El Callao, entre otras, pero el interior rural quedó desvinculado de este proceso. Castillo busca distribuir mejor la "torta" de la riqueza, según proclama. Es esta visión la que hay que analizar críticamente, con perspectiva histórica y conceptual.
Se podría fácilmente tomar a Max Weber y su "La ética protestante y el espíritu del capitalismo", pero es más desafiante hacerlo con Marx, máximo teórico de la izquierda a la que pertenecen Castillo y su partido Perú Libre, formado por afines a Sendero Luminoso, y en general los denominados "progresistas" latinoamericanos. Casi todos dejan la firme impresión de ser malos lectores de Marx, o incluso de desconocerlo en absoluto.
En 1853 Marx publica dos artículos periodísticos sobre la India y el imperialismo británico. A este lo critica con dureza, sin ahorrarle nada, pero dice que la única revolución social que vivió la India en su milenaria historia es la que produjo el imperio británico con la creación de una administración moderna, cambios estructurales en la economía y la introducción de los ferrocarriles y el telégrafo. El imperio británico hizo posible la unidad nacional de la India, su surgimiento como nación real, gracias a estos adelantos. Antes era una miríada de microestados feudales. A su vez, la unidad social india tradicional, la aldea rural autosostenida liderada por un hombre de la casta superior, fue barrida por los británicos, según relata Marx. Ese modelo social era retrógrado e inmóvil, fundado en castas, nos dice el mayor economista y filósofo de la Historia que haya dado la izquierda. Por esto, "Inglaterra tiene que cumplir en la India una doble misión, destructora por un lado y regeneradora por otro. Tiene que destruir la vieja sociedad asiática y sentar las bases materiales de la sociedad occidental en Asia", diagnostica Marx.
Siguiendo con Marx, es interesante revisar su concepción de la sociedad y de los estadios histórico-económicos, magistralmente sintetizada en su Contribución a la crítica de la economía política (1857/9, Prólogo). "...en la producción social de su vida los hombres establecen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una fase determinada de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social política y espiritual en general". Se puede decir que este esbozo teórico de Marx parece chocar con la hipótesis de que la economía viene determinada "inmaterialmente" por lo que los individuos llevan "en su cabeza" como cultura económica. Pero Marx afirma casi esto mismo cuando se refiere a "las relaciones (sociales) de producción", que "forman la estructura económica de la sociedad, la base real".
En los Manuscritos de 1844, Marx ensalza el rol subjetivo que ha dado la Economía política de Adam Smith y Ricardo a la producción. En el capítulo Propiedad privada y Trabajo, afirma: "La esencia subjetiva de la propiedad privada, la propiedad privada como actividad para sí, como sujeto, como persona, es el trabajo". Y sigue: "Se comprende que sólo la Economía Política que reconoció como su principio al trabajo —Adam Smith—, que no vio ya en la propiedad privada solamente una situación exterior al hombre, ha de ser considerada tanto como un producto de la energía y movimientos reales de la propiedad privada (...), la Economía Política ha acelerado y enaltecido la energía y el desarrollo de esta industria y ha hecho de ella un poder de la conciencia. Ante esta Economía Política ilustrada, que ha descubierto la esencia subjetiva de la riqueza —dentro de la propiedad privada—, aparecen como adoradores de ídolos, como católicos, los partidarios del sistema dinerario y mercantilista, que sólo ven la propiedad privada como una esencia objetiva para el hombre".
Está claro, entonces, que las relaciones sociales no son "materiales", sino que son cultura, relaciones estructuradas por la vida social y el lenguaje, como se sabrá científicamente luego de Marx, con el desarrollo de la lingüística. La producción económica es realizada y precedida por unas relaciones sociales que se constituyen y amalgaman por medio de la lengua y el conjunto de pautas comportamentales y de valores que conforman la vida social y la cultura.
El Imperio británico inyectó en la sociedad india una cultura económica y unas "relaciones de producción" totalmente diferentes a las existentes por milenios. Cambió "la base real" de la India mediante un cambio cultural forzado, impuesto por las armas, pero benéfico. Hoy, el imperialismo colonialista es sustituido _en el sentido progresista que le daba Marx_ por la cultura de la economía de mercado de la globalización, Internet y sus enormes posibilidades de trasladar conocimientos en forma instantánea, así como por las inversiones de las empresas multinacionales, que llegan con sus procedimientos de gestión y producción, con su cultura económica, mucho más avanzada que las locales en las naciones emergentes.
En resumen, defender la cultura campesina ancestral de los Andes es igual de retrógrado que reivindicar aquella sociedad agraria de castas de la India superada por el imperialismo británico. Marx hubiera hecho el mismo diagnóstico con el Perú de hoy que el que hizo en 1853 con la India. La pequeña comunidad andina con sus autoridades y tradiciones debe ser reemplazada por una cultura económica moderna. Ideas y tecnologías innovativas deben sustituir los saberes ancestrales, respetables pero claramente superados. Pero Castillo no lo sabe, o simplemente no le interesa. Para él solo se trata de cortar bien la torta de la riqueza.