Sábado 13 de Noviembre de 2021
La comunicación y el lenguaje son habilidades que se construyen a partir de la combinación de dos variables: por un lado la condición biológica de cada individuo; y por el otro, la influencia del medio ambiente. Para que el lenguaje se desarrolle es necesario que el medioambiente estimule a ese niño.
El proceso de adquisición de la comunicación y del lenguaje comienza con el nacimiento y se completa de modo básico alrededor de los 6 años. Luego el lenguaje continúa enriqueciéndose a lo largo de toda la vida, pero las herramientas esenciales ya están adquiridas para esa edad. En el desarrollo típico, los niños primero aprenden a comunicarse, luego a hablar y finalmente a hablar bien. Un nene alrededor de los 12 o 18 meses se hace entender aunque no sepa hablar, puede manifestar lo que quiere y lo que no quiere. Alrededor de los 24 meses puede decir aproximadamente 50 palabras sueltas y a los 36 meses puede usar frases cortas. El investigador americano Lawrence Leonard, de la Universidad de Purdue, menciona que un nene de desarrollo típico entre los 24 y 30 meses puede aprender tres palabras nuevas por cada 8 horas de vigilia. Es decir que el ritmo de adquisición del lenguaje es muy rápido a esa altura de la vida, cuando la condición del individuo es buena y cuando el estímulo del ambiente es el apropiado.
¿Qué significa correcto estímulo del ambiente? Significa crear rutinas en las que haya intercambios verbales, en donde el adulto se comunique con el niño. Pero en el último tiempo, con los cambios tecnológicos, parte de ese “estimulo ambiental” ha sido reemplazado por el uso de dispositivos electrónicos. En muchas ocasiones escucho a padres de niños de 2 o 3 años que dicen “para que se quede sentado comiendo le pongo el teléfono con algún video y ahí come”. O sino “para que se quede quieto, le doy el celular”. Ese tipo de decisión ayuda a solucionar el momento, pero causa un enorme perjuicio para el futuro en distintas áreas del desarrollo, entre ellas, la comunicación. Hay casos en donde los niños presentan problemas en la comunicación, sin embargo aprenden los números, letras, formas y colores en inglés y español a partir del uso de estos dispositivos. Ese hecho hace que los padres sobrevaloricen el uso del dispositivo, cuando en realidad estos aprendizajes no brindan ningún aporte a la comunicación.
En los últimos diez años se advierte un crecimiento exponencial de consultas en nenes con problemas de este tipo, que se agudizaron aún más durante el período de aislamiento ocasionado por la pandemia.
Estudios previos al aislamiento avalan los efectos dañinos que produce el reemplazo de las relaciones interpersonales en el desarrollo de los niños por causa de la tecnología. El neurocientífico francés Michel Desmurget (2020) menciona que en su país, las consultas por esta razón en el período 2010 a 2018 se incrementaron de 11 mil a 24 mil casos. Él mismo ha escrito un libro llamado La fabrica de cretinos digitales en donde destaca los efectos nocivos de la tecnología en la infancia en relación con la comunicación y el lenguaje, la atención, el aprendizaje, la conducta y el sueño.
En un estudio de 2014, Jenny Radesky y sus colaboradores del Boston Medical Center investigaron las interacciones que se producían entre madres y niños que asistían a distintos restaurantes de la ciudad de Boston y compararon aquellas que usaban el celular mientras estaban con sus hijos y las que no. Los resultados demostraron que quienes estaban con el celular tenían menor cantidad de interacciones y éstas eran de carácter robótico.
Dimitri Christakis, investigador de la Universidad de Washington (2009), realizó un estudio en el que grabó a niños de 2 a 48 meses y observó que cuando no estaba la televisión prendida, esos niños escuchaban de su entorno 925 palabras por hora, mientras que cuando la televisión estaba encendida escuchaban sólo 155, es decir que el estímulo se reducía un 85 por ciento. Al escuchar menos, también vocalizaban menos.
Desmurget (2020) menciona que un bebé de 18 meses que esté expuesto a pantallas media hora al día tiene un riesgo 2,5 mayor de desarrollar retraso en el lenguaje. La Organización Mundial de la Salud (2018) prohibió el uso de dispositivos electrónicos a menores de 5 años a causa de los efectos adversos que ocasionan en el cerebro en desarrollo.
Paradójicamente, durante el aislamiento social preventivo y obligatorio (Aspo), el uso de estos dispositivos se incrementó de manera notable al existir menor cantidad de opciones de estimulación que durante la vida corriente. Por otra parte, en esta etapa, si bien los padres estaban todo el tiempo con sus hijos, en la mayoría de los casos, tanto padre como madre se encontraban trabajando de manera remota, con lo cual la posibilidad de crear interacciones positivas era menor.
Curiosamente, así como crecen día a día las consultas por dificultades de comunicación, decrece la cantidad de fonoaudiólogos necesarios para la resolución de estos casos. En la década del 90, de la Universidad de Buenos Aires (UBA) egresaban alrededor de 300 fonoaudiólogos anualmente, hoy egresan aproximadamente 50. Ese dato se replica en todas las universidades de la ciudad de Buenos Aires y en muchos puntos del país. En provincias como Misiones hay solo cien fonoaudiólogos matriculados, lo que implica un fonoaudiólogo cada 13 mil personas. Lo mismo ocurre en Corrientes, Formosa, Chaco, Catamarca, La Rioja o La Pampa, en donde la cantidad de profesionales es muy baja. En la Patagonia ocurre un caso similar. Hoy la falta de fonoaudiólogos en ciudad de Buenos Aires y en provincia de Buenos Aires es alarmante, hay niños con dificultades del desarrollo que esperan meses y a veces años, aún contando con cobertura social como para ser atendidos en sitios privados. Estos datos revelan la realidad solo de una de las áreas de la fonoaudiología, pero lo mismo ocurre en las áreas de audiología, voz y fonoaestomatología, que constituyen los ejes troncales de la profesión. Es fundamental interesar a los jóvenes para que se interesen en esta profesión con tanta salida laboral y variedad de ramas para su desarrollo.
(*) Doctora en Fonoaudiología por la Universidad del Museo Social Argentino. Exconcurrente al Hospital de Pediatría Ricardo Gutiérrez y Juan Garrahan. Es también fonoaudióloga del Hospital Universitario Austral. Docente y autora de Comunicación y lenguaje en la infancia, publicado por Paidós (2020) y del libro Cuentos adaptados para curiosos y curiosas, de Editorial La Crujía (2021).