Cuentos adaptados, un material que facilita el aprendizaje
Un grupo de fonoaudiólogas publicó un libro para niños y niñas con dificultades en el lenguaje

Sábado 02 de Octubre de 2021

La lectura de cuentos cumple una función decisiva como facilitadora del aprendizaje de palabras y el desarrollo de la habilidad narrativa. Sin embargo, no todos los niños y las niñas desarrollan el lenguaje del mismo modo y pueden manifestar dificultades para comprender o hablar. En esos casos, la lectura tradicional no es suficiente.

A partir de la experiencia clínica cotidiana de un equipo de fonoaudiólogas dedicadas a la intervención lingüística surgió la necesidad de adaptar materiales de lectura infantil y volcarlos en un libro de cuentos y fábulas, con el objetivo de favorecer la construcción del lenguaje y realizar un aporte al trabajo de otros profesionales y educadores en el aula.

“En el día a día observamos que no hay materiales adaptados, y las actividades se proyectan sobre la marcha en base a la currícula tradicional”, remarca la fonoaudióloga Verónica Maggio, compiladora del libro Cuentos adaptados para curiosas y curiosos. Este maravilloso material, ilustrado por Martín Morón y publicado por editorial La Crujía está pensado también para leerse en entornos familiares.

Alrededor del 7 por ciento de la población infantil presenta dificultades que alteran la capacidad para comprender o hablar. Esta cifra representa a los chicos y chicas con trastornos del lenguaje y aprendizaje de la lectoescritura, y alcanzaría al 20 por ciento si se tiene en cuenta a los chicos con dislexia o autismo.

La profesional se refiere al camino que transitan en la escuela y al acceso que tienen a materiales adaptados. “En el jardín de infantes se detectan las primeras manifestaciones y a partir de ahí empiezan las consultas e intervenciones. Aunque no exista un material estandarizado y acorde a sus necesidades, algunas cosas se pueden hacer desde las instituciones educativas para adaptar un poco el entorno y facilitar su comprensión. Por ejemplo, diseñar anticipadores gráficos o agendas visuales que se ubican cerca del pizarrón y se utilizan para enseñarles la rutina de actividades”, señala a La Capital la fonoaudióloga.

"El lenguaje es una habilidad que se aprende de a dos, un chico no aprende a hablar solo sino ante la presencia de otro” "El lenguaje es una habilidad que se aprende de a dos, un chico no aprende a hablar solo sino ante la presencia de otro”

También explica que estas herramientas se utilizan al inicio de la vida escolar y en la primera etapa del desarrollo. “Para la mayoría de los chicos, estas dificultades son un tránsito en la vida, un momento donde uno tiene que hacer esas adaptaciones hasta que la imagen de las cosas se dibuje en la cabeza”, continúa Maggio, integrante del área de Lenguaje del Servicio de Fonoaudiología del Hospital Universitario Austral y profesora de la cátedra de Neurolingüística en la carrera de fonoaudiología de la Universidad del Salvador (Usal).

El libro consta de una parte dedicada al nivel inicial, donde se recrean cuentos tradicionales infantiles como Bambi, Caperucita Roja, Hansel y Gretel y El patito feo, entre otros. También se adaptaron varias fábulas de Esopo, enfocadas en la comprensión e identificación del sentido oculto de los significados y para lectores del nivel primario. Cada uno de los relatos están acompañados por actividades de corte visual que facilitan la comprensión, la fijación y la evocación del léxico y estructuras gramaticales.

—¿Por qué eligieron adaptar los cuentos tradicionales?

—Elegimos estos relatos porque son conocidos por todos y más sencillos para su adaptación. Procuramos simplificar el texto y que sea en imprenta mayúsculas para quienes saben leer. Cada cuento propone cuatro actividades que facilitan la comprensión y ayudan a interpretar el vocabulario nuevo y jugar con las palabras. En las fábulas, en cambio, se trabaja con el sentido oculto de las cosas y el valor metafórico.

—No se trata solo del vocabulario, la redacción y comprensión de los textos, sino también de las ilustraciones que juegan un papel determinante.

—Toda persona que tiene un problema del lenguaje entiende menos y es como si fuese un extranjero en su propio país. Por eso, si uno quiere ponerse en su lugar tiene que pensar en aquellas cosas que facilitan su comprensión. Un chico con dificultades necesita ayudas visuales, imágenes y pictogramas, y es lo que tratamos de plasmar en el libro buscando traducir la información verbal al canal visual.

—Como profesionales en contacto permanente con estas necesidades, ¿observan que se incrementó el número niños y niñas que tienen dificultades para comprender?   

—Actualmente hay más chicos con problemas en el lenguaje y problemas de conexión. En lo que respecta al autismo, por ejemplo, hace treinta años había un chico cada mil, hoy es uno cada 59 personas, y dentro del autismo, la comunicación es una de las principales dificultades. Algo para destacar es que crece la cantidad de niños y niñas con trabas en la comunicación, y por otro lado decrece la cantidad de fonoaudiólogos. En muchos lugares de la Argentina, no es el caso de Rosario, un chico debe esperar más de un año para que algún especialista lo atienda. Por eso iniciamos una campaña de divulgación de la profesión a nivel nacional con la expectativa de que mejore en unos años esta situación.

—¿Cuáles son los factores que inciden en este problemática vinculada con la comunicación?

—No se sabe muy bien, probablemente existan varias causas. Todos tenemos menos tiempo, muchas más obligaciones y estamos muy volcados a la tecnología y también se la damos a los chicos cuando no deberíamos. El lenguaje es una habilidad que se aprende de a dos, un chico no aprende a hablar solo sino ante la presencia de otro. De cada diez chicos entre 2 y 3 años que recibo en consulta por ausencia del lenguaje, nueve vienen con el celular en la mano, lo tienen por hábito o porque se calman. No digo que todas las dificultades en el lenguaje provengan de ahí, pero es algo que complica mucho las cosas y limita la comunicación. Está probado científicamente que impide que los circuitos cerebrales se organicen para el lenguaje y el desarrollo de su atención. Una disposición de la OMS prohíbe el uso de los celulares a menores de cinco años.