La política, en una pulseada con quienes sólo quieren ver al mundo arder

El poder político pone la mira en Alvarado por los asesinatos de trabajadores que paralizaron Rosario. Narcoterrorismo, un concepto de doble filo. La inflación se desacelera pero se agita la calle. Milei terceriza la política y el modelo de campaña permanente pasa factura hacia propios y ajenos

Domingo 14 de Abril de 2024

Depositarios del mandato de romper con una situación intolerable, Maximiliano Pullaro y Javier Milei avanzan con los recursos que tienen. Al mismo tiempo, desde la política necesitan exhibir resultados y señalan a los culpables de obstaculizar sus planes. Los números y los conceptos son abstractos. Las fotos, las caras y los nombres son más contundentes.

Superada la posta de los primeros cien días de gobierno, el gobernador y el presidente le piden a la sociedad que confíe. Que siga en modo #ElijoCreer. Mientras tanto, se empiezan a vislumbrar resultados en algunos indicadores, pero la profundidad de las crisis que enfrentan invita a no sacar conclusiones apresuradas.

En su primer cuatrimestre como gobernador, Pullaro tuvo en la saga de cuatro homicidios a trabajadores su prueba más difícil. Un test de hasta dónde estaba dispuestos a acompañarlo en su tarea el resto del entramado institucional de la provincia y, sobre todo, la sociedad.

Con el asesinato de los taxistas Héctor Figueroa y Diego Celentano, el colectivero Marcos Daloia y el playero Bruno Bussanich, en las horas más oscuras invadió en todos los poderes, especialmente en la Justicia, el interrogante que carcomía al millón de habitantes que se sentía en una ruleta rusa. Si el precio que se estaba pagando por recuperar la autoridad del Estado en las cárceles era demasiado alto y no era conveniente aflojar la presión.

A un mes de esos crímenes, que literalmente paralizaron de miedo a la ciudad, las investigaciones dan elementos a quienes tienen las máximas responsabilidades políticas en la provincia y la ciudad para señalar a Esteban Alvarado como el cerebro de la operación.

Por su inteligencia, audacia, frialdad y ejercicio implacable de la violencia, en el mundo de la política comparan al histórico rival de Los Monos con el personaje del Guasón. Condenado a prisión perpetua y recluido en el penal de Ezeiza, desde el Estado dejan de lado la hipótesis inicial de un acuerdo horizontal entre bandas históricamente enemistadas y ven a un Alvarado “jugado”, que busca generar conmoción.

image.png

Esteban Alvarado cumple una condena a 15 años de prisión por la Justicia federal y una perpetua de la provincial ambas dictadas en 2022.

Tras los treinta allanamientos de esta semana, este martes se realizará una audiencia imputativa a personas señaladas como autores materiales e intelectuales de estos crímenes. Se abre un largo camino en la Justicia, que puede probar, o no, la certeza que abrigan en lo más alto de la política santafesina y rosarina sobre el rol de Alvarado.

Más allá del objetivo de atemorizar a la población y poner contra las cuerdas al Estado, sin demanda ni oferta de negociación sobre la mesa no aparece nítida cuál sería la ganancia personal de quien empezó su carrera delictiva como ladrón de autos y encontró en la venta de drogas un negocio mucho más redituable. Quizás la respuesta esté en el consejo que le da Alfred a un desconcertado Bruce Wayne en El caballero de la noche: “Algunos hombres sólo quieren ver el mundo arder”.

>> Leer más: Un trapo tumbero, una amenaza en un puente y una ministra, Bullrich, que redobló la apuesta

Sí asoman más claros otros factores, como los hechos que parecen haber gatillado los acontecimientos. Sobre todo, el rechazo de hábeas corpus y el endurecimiento de las condiciones de detención. Incluso algunos agregan al cóctel el factor personal: como ministro de Seguridad de la provincia Pullaro encabezó el operativo que detuvo a Alvarado en febrero de 2019 en Córdoba.

También tienen indicios fuertes sobre el cómo: las visitas íntimas, que sirvieron para satisfacer la necesidad de comunicación entre la cárcel y la calle.

Matices y alertas

Después del shock inicial, tanto en la Casa Gris como en el Palacio de los Leones dosificaron el uso de “narcoterrismo” o “terrorismo callejero”, un concepto de doble filo. Menos por su rigor analítico para dar cuenta del salto cualitativo en los usos de la violencia por parte de las bandas que por sus derivaciones prácticas. Si es terrorismo, la responsabilidad de investigar y condenar es de la parsimoniosa Justicia federal.

Justo esta semana se abrió en el Consejo de la Magistratura un sumario para analizar las demoras del juez Marcelo Bailaque, uno de los dos magistrados de instrucción en la Justicia federal rosarina, para investigar precisamente a Alvarado, pese a las reiteradas alertas que le envió la Policía de Seguridad Aeroportuaria.

Aunque en público todos busquen mostrarse alineados, en la política vernácula no deja de generar cierto resquemor el estilo de Bullrich, proclive a capitalizar —muchas veces, prematuramente— éxitos colectivos en función de su agenda y su propia proyección política.

La urgencia deja en segundo plano tareas importantes, como la reconstrucción de la marca Rosario, y maquilla matices que tienen la Gobernación y la Municipalidad sobre la baja de la edad de imputabilidad. Una iniciativa que según el último estudio de Zuban Córdoba cuenta con 60% de apoyo.

Pese a que la cifra de homicidios cayó a niveles previos a la guerra que desató en 2010 el asesinato del Pimpi Caminos, en la Casa Gris evitan el triunfalismo y reconocen que la curva más temprano que tarde irá en ascenso. Un alto el fuego más que una paz duradera.

La cuestión de fondo es la capacidad del Estado para neutralizar, dentro de la ley, a jefes y cuadros medios que no tienen nada que perder y a jóvenes cuyo horizonte vital no supera los 30 años.

Por lo pronto, con el acuerdo paritario con los gremios docentes Pullaro tiene un frente de conflicto menos. El aval por escaso margen de Amsafé a la oferta del gobierno es una resolución provisoria en un contexto de malestar. Pero también expresa que a los sindicatos les cuesta sostener conflictos prolongados, a riesgo de que se vacíen por abajo, con bases desesperadas por subir el piso salarial.

La inflación, la gran batalla de Javier Milei

El 11% de inflación que anunció este viernes el Indec alimenta el relato malvinero del gobierno en la lucha contra la suba de precios pero todavía no perfora el piso de los dos dígitos. Incluso supera los números que le hicieron perder a Sergio Massa la elección el año pasado.

El problema es que los tres precios básicos meten o sacan aire a la inflación —el dólar, las tarifas y los salarios— podrían agitarse. El FMI y el agro presionan por una devaluación, el gobierno habilitó subas siderales del gas y la electricidad y los gremios buscan recuperar aunque sea parte del 24% del poder adquisitivo que sufrieron los salarios entre noviembre y febrero y los enterró a niveles inferiores a los de la crisis de 2001.

En un intento de hacer control de daños, Toto Caputo hizo cosplay de Guillermo Moreno y le declaró la guerra a las mismas prepagas a las que le había dado vía libre a través del mega DNU para aumentar sus cuotas.

Sin margen para postergar una medida de fuerza mientras continúa la licuación de salarios y jubilaciones, la CGT convocó a un paro general para el 9 de mayo, pese a la reunión que mantuvieron los jerarcas sindicales con Guillermo Francos y Nicolás Posse en Casa Rosada. Según lo que suceda en este mes con las paritarias que el gobierno amaga con pisar y la reforma laboral que va subida en la nueva ley ómnibus la segunda huelga nacional desde diciembre puede ser el catalizador de una mayor conflictividad laboral y callejera o una válvula de escape.

El paro de la CGT tiene otra dimensión política. Con los principales dirigentes de lo que fue Unión por la Patria fuera de escena, la central obrera busca recuperar protagonismo. Tras perder lugar en los ‘90 por los cambios en el mundo del trabajo y de quedar relegada en los gabinetes y listas por los movimientos sociales y las corrientes políticas, los popes de la CGT quieren aprovechar la misma crisis económica y de representatividad que socava sus posiciones para recobrar cuotas de poder hacia 2025 y 2027.

Internas inquietantes

Sin opositores de peso a la vista y con carta blanca para atacar a periodistas, economistas, políticos y todo aquel que ose criticarlo, Milei fue a Estados Unidos más a satisfacer su necesidad de reconocimiento religioso y conocer a su héroe Elon Musk que a profundizar vínculos políticos o atraer inversiones. Una suerte de turismo presidencial, que debió cancelarse por la escalada de tensión en Medio Oriente.

Paradójicamente, cuando Milei parecía más cerca de abrochar un acuerdo sobre la ley Bases con la oposición colaboracionista —que ve la oportunidad para materializar ciertas reformas y no quiere recibir la factura por un eventual fracaso de Milei— el internismo desaforado en las filas libertarias agrega tensión e incertidumbre al trámite legislativo.

image.png

Milei tuvo su esperado encuentro con Elon Musk, dueño de SpaceX.

El papelón en la comisión de Juicio Político de Diputados también expuso de vuelta los límites del modelo decisorio de Milei. El presidente se enfoca sólo en los números de la macroeconomía y las métricas de Twitter y terceriza el resto de la tarea política. Además, apareció otra novedad inquietante: Javier y Karina —que tiene como laderos a Martín y a Lule Menem— quedaron en veredas opuestas y la hermana impuso su criterio al presidente.

“Milei tiene crédito por la bronca, pero estamos complicados. Se ajustan variables económicas sin plan, repetimos el esquema de campaña. Nos falta política y los Menem están enfrascados en hacer negocios”, dice un aliado de Milei de la primera hora.