El gobierno perdió el control del debate público y tuvo que recortar una reforma que tocó un nervio sensible. La resistencia social le marcó un límite a Milei, pero todavía nadie convierte el malestar en una alternativa política
06:05 hs - Domingo 09 de Agosto de 2026
Lo reconoció Patricia Bullrich después de la media sanción del Senado a lo que quedó del proyecto de propiedad privada: “Esta ley vino un poco endiablada”. Los hermanos Milei tuvieron que sacrificar capítulos clave para aprobar una norma que tocó una fibra sensible de la sociedad y activó una oposición que el gobierno no esperaba.
La fuerza que hace un culto de la batalla cultural redujo una reforma estructural al poroteo de votos. La contradicción quedó expuesta: los libertarios quieren refundar el país, pero renuncian a construir los consensos necesarios para hacerlo. El oficialismo nunca tuvo voceros que explicaran cuál era el beneficio social de dar vía libre a la venta de tierras a los extranjeros, acelerar los desalojos, flexibilizar las quemas y restringir las expropiaciones.
Como la naturaleza, la política aborrece el vacío. Alguien lo llena. Lo hicieron quienes rechazaban la ley. Su primer triunfo fue imponer el encuadre. La discusión se centró en el capítulo de tierras.
Como un efecto extendido del Mundial, se armó un bloque en contra de la extranjerización del territorio. Una mayoría transversal que superó las fronteras de la oposición y sumó a figuras públicas que suelen esquivar los posicionamientos políticos. El gobierno sabe cómo discutir con dirigentes del peronismo, pero cuando se pronuncian artistas como Tini Stoessel o Emilia Mernes significa game over.
Sin buscarlo, la gesta de Messi, Scaloni y compañía activó políticamente a una generación que se expresó en las redes y salió a la calle porque entendió que estaba en juego el futuro del país. Emergió así una oposición social todavía sin traducción política: pudo frenar una reforma, pero no tiene conducción ni dueño electoral.
Esa presión de abajo hacia arriba llevó al gobierno a recortar todavía más el texto en plena sesión. Los votos no estaban. La gangrena avanzaba y los libertarios tuvieron que pasar la motosierra por el capítulo sobre la ley de manejo del fuego.
Pase de facturas
La victoria pírrica abrió una búsqueda de culpables. Bullrich responsabilizó al tiempo que perdió Javier Milei al prolongar la agonía de Manuel Adorni y reivindicó la rosca en un video: su mensaje fue que había salvado la ley del naufragio. La mesa política tampoco pudo encauzar la negociación. Creada para anticipar conflictos, llegó tarde y quedó reducida a administrar concesiones en plena sesión. El gobierno tiene negociadores, pero todavía no encuentra un método capaz de convertir las preferencias del presidente en acuerdos.
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Oficialistas y aliados señalan a Federico Sturzenegger. El ministro de Desregulación es el autor intelectual de proyectos que cautivan al presidente en el laboratorio pero después chocan con la realidad.
“Sturzenegger manda locuras, y después tienen que ir para atrás. El problema es que Milei compra”, dicen en el Congreso.
El exfuncionario de los gobiernos de Fernando de la Rúa y Mauricio Macri estuvo detrás de la ofensiva contra los prácticos de puerto y el ambicioso paquete desregulador que cambiaba las reglas de juego para farmacias, inmobiliarias y la industria editorial.
En el círculo rojo ven que en la marcha atrás del conflicto que paralizó durante cuatro días el principal polo agroexportador del mundo hay destellos de pragmatismo de Milei.
“Son gestos de racionalidad”, dice un empresario que participó de una reunión reservada con Kristalina Georgieva en su visita a la Argentina. La jefa del FMI planteó que los empresarios tendrían que hacerse cargo del país, como ocurrió en su Bulgaria natal tras la implosión del bloque soviético.
“Hace falta un Milei peronista”, les dijo Georgieva a los hombres de negocios. El Fondo pretende que una eventual alternancia no signifique un cambio de rumbo.
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Por ahora existe un sólo Milei, y volvió a empantanarse en la política. El efecto Diego Santilli se evaporó y el costo que pagó el gobierno abre un interrogante sobre el futuro del proyecto de propiedad privada. “La van a guardar un tiempo. Es lo que hacen con las leyes conflictivas, como zonas frías”, dicen en Diputados.
El gobierno quiere aprobar la reforma de la carta orgánica del Banco Central e inocencia fiscal II. El martes, los bloques dialoguistas advirtieron a los enviados del Ejecutivo que no votarán el régimen si incluye a personas políticamente expuestas. El caso Adorni sigue fresco. El oficialismo parece haber tomado nota: prometió excluir del beneficio a funcionarios y familiares.
El gobierno también asegura que no sólo impulsará proyectos propios sino también de las bancadas dialoguistas. En el caso de Santa Fe, Gisela Scaglia tiene una propuesta para ampliar las competencias de las provincias en el combate del narcomenudeo.
De todos modos, los errores no forzados del gobierno cierran la ventana de oportunidad para encarar más reformas. Desde la suspensión de las Paso hasta el Súper Rigi, todo el resto de la agenda parlamentaria está rodeada de interrogantes.
Para el gobierno es un dato que entre los 33 senadores que rechazaron la ley de propiedad privada aparecen representantes de Tucumán, Salta, Neuquén y Santa Cruz. Son votos que los operadores libertarios tenían pintados de verde y cambiaron a rojo.
El pulso social y los problemas del peronismo
Todos miran encuestas. El último estudio de la brasileña Atlas-Intel dejó varios datos preocupantes para La Libertad Avanza.
La evaluación de gestión empeora. Entre junio y julio la opción muy malo/malo pasó de 54 % a 54,7 %, excelente/bueno bajó de 34 % a 30,1 % y regular subió de 13 % a 15,1 %.
Un doble clic muestra números todavía más alarmantes para el gobierno. El mayor rechazo está entre los jóvenes: siete de cada diez personas entre 16 y 24 años consideran que el gobierno es malo o muy malo. No sólo eso: la desaprobación en hombres está casi al mismo nivel que las mujeres: 53,4 % contra 56,0 %. El núcleo duro libertario se contrae.
A eso se suma que el pesimismo tiñe las expectativas para los próximos seis meses. Sólo el 26 % de los encuestados cree que la economía argentina va a mejorar y el 56 % considera que va a empeorar.
El deterioro llega al plano familiar: apenas el 20 % confía en que su situación mejorará y el 47 % proyecta que empeorará.
La economía domina las preocupaciones sociales. Desempleo (47 %) y altos precios/inflación (37 %) están en el segundo y tercer puesto en el ranking de problemas más importantes. Corrupción (48 %) es el primero.
Ese malestar no se vuelca automáticamente al PJ. El peronismo participó de la resistencia, pero no la condujo: es parte de una mayoría social que todavía no lo reconoce como alternativa.
Entre quienes se movilizaron contra la ley de propiedad privada estuvieron simpatizantes y militantes silvestres del peronismo, cansados de los gobiernos fallidos, el internismo desenfrenado y las maniobras de una dirigencia que muchas veces privilegia sus propios intereses.
Una lección posible de estos días es que para competirle a Milei en 2027 se necesita una oposición nítida, con perspectiva de futuro y que conecte con temas amplios, como la cuestión nacional, el empleo y la educación. La política moderada cero calorías, la nostalgia y la agenda de nicho llevan a un callejón sin salida.
En ese marco, la Iglesia —que también había cuestionado la reforma de la ley de tierras— volvió a levantar la voz. En la misa de San Cayetano, Jorge García Cuerva advirtió que la libertad económica no puede ser absoluta y describió una sociedad obligada a acumular empleos y deudas para llegar a fin de mes.
La Iglesia no juega en la política electoral, pero sí interviene en el debate público. Y lo hace con un lenguaje capaz de ordenar un malestar todavía disperso.
En esa trama, García Cuerva es un actor clave. El arzobispo de Buenos Aires fue uno de los hombres de máxima confianza del Papa Francisco. El sucesor de Jorge Bergoglio, León XIV, aterrizará en noviembre en la Argentina con un mensaje ubicado en las antípodas de Milei.
En línea con la doctrina social de la iglesia, Robert Prevost cuestiona el fundamentalismo de mercado y el individualismo, pone en el centro el cuidado de los más vulnerables y alerta sobre los riesgos de la utopía tecnológica de los magnates de Silicon Valley atraídos por el experimento libertario.
La visita confirmada de León XIV es de doble filo para la Casa Rosada. Será un reconocimiento institucional, pero también una plataforma para una voz global capaz de darle lenguaje y autoridad a un malestar que la oposición todavía no consigue representar.