El conocido expiloto zonal abrió su corazón y habló de su pasado y gran presente junto a Motores. “Haber levantado muchas copas me hizo muy feliz; pero sobreponerme a esta situación me hace sentir orgulloso, porque no es sencillo salir de las drogas”, confesó.
Jueves 18 de Julio de 2024
Se lo nota feliz. Mira a todos con otro semblante. Su carisma sigue intacto. Emliano Giacoponi es un expiloto zonal que supo destacarse en la Clase 2 del Turismo Nacional y archivó un pasado tormentoso. Cayó en las garras de las drogas y tocó fondo. Sin embargo, en un acto de valentía y determinación, edificó un camino de recuperación. Luego de pasar por un “duro proceso” de rehabilitación, logró dejar atrás sus adicciones y se reencontró en el mundo del automovilismo. “Soy el jefe de equipo de Larrauri Racing y el director deportivo de Leo (Larrauri). Encontré más que un equipo, una familia”, desprende el Galgo de Villa Amelia en el amanecer de la entrevista con Motores.
“Cuando corría dejaba de consumir para poder estar lúcido los días de carrera. Pero pisé el freno, porque la adicción me estaba matando. Por suerte pude volver a valorar muchas cosas que la enfermedad me había quitado”, admite.
“Haber levantado muchas copas me hizo muy feliz, pero esta situación superada, sinceramente me hace sentir orgulloso, porque no es sencillo salir de las drogas”, remarca. “Parte de mi recuperación es pasar el mensaje a aquellos que tienen miedos o dudas. Solo les digo que no duden, que no tengan miedo, porque una vida hermosa sigue después de la recuperación o durante la recuperación”, asegura.
El paso del TN por San Nicolás dejó más que satisfecho al Larrauri Racing. “A Leo se le rompió la caja, sino metíamos el 1-2. Estoy feliz, fue una fecha hermosa y merecida. No solo por el triunfo de Manu (Urcera) sino porque todo el equipo hizo un gran trabajo”, destaca con énfasis Giacoponi antes de recorrer varios temas relacionados a su pasado.
“Hoy estoy disfrutando de mi señora Evelina (Dutto), quien está embarazada de cuatro meses. Vamos a ser padres de una nena”, manifiesta el Galgo de Villa Amelia antes de decir que “la droga lo único que hace es alejarnos de todos y hacerle el negocio a gente que realmente no le interesa la vida del ser humano”.
—¿Cómo tomás la etapa que dejaste atrás para superarte en lo personal?
—En principio debo admitir que no estoy agradecido de tener esta enfermedad que se llama adicción, y lo digo sin miedo. Pero a la vez aprovecho esta oportunidad para pasar un mensaje, que es cuando muchos dicen que no se puede, les digo todo lo contrario, que se puede salir. Me tocó esto y lo acepto, como también que todo lo que me sucedió en la vida es un aprendizaje.
—¿Qué aprendiste?
—Si no pasaba por esta condición no hubiese aprendido tanto. Sea como cuando estuve en actividad, que estaba realmente mal, y en recuperación, que fue maravilloso. No solo porque aprendí a alejarme de las drogas sino también a vivir mejor y sanamente.
—¿En algún momento llegaste a dimensionar el real peligro que te generaba la adicción siendo piloto?
—La realidad es que en los últimos tiempos me costaba llegar a las carreras. Estaba atrapado en esa. Cuando había carreras no consumía porque la droga te saca todos los sentidos y en un deporte como el automovilismo tenés que estar muy bien desde ese punto de vista.
—Entonces, ¿cómo hacías para prepararte?
—Si corría cada 15 días, en el medio por ahí consumía uno o dos días, pero luego no porque quería correr. Me cuidaba un montón. A la vez siempre supe que el deporte no va con la droga. De hecho, el último año, sinceramente, dejé de correr porque ya me había atrapado de tal forma que no podía hacer todo. La enfermedad me ganó hasta que llegó el momento de internarme.
—¿La decisión de internarte fue de tu familia o propia, porque viste que ya no daba para más y elegiste la etapa de sanación?
—No, la intención de internarme no fue mía, porque ni sabía que existía esa posibilidad. Es más, pensaba que me iba a morir consumiendo. Pero mi familia, porque siempre tuve a mi lado gente que me quiere mucho, arrancando por mis seres más íntimos y amigos, como además el Turco García (exjugador de fútbol) me ayudaron mucho para encontrar el camino. Me fueron encauzando. Esto no fue de un día para otro, porque lleva tiempo. Sentí que me estaba haciendo mucho daño como también a mis seres queridos, por eso es que tomé la decisión de tomar una entrevista con el psiquiatra Juan Pablo Vedia, que después me terminó salvando la vida.
—¿Ahí arrancó tu nueva etapa?
—Sí, es así literalmente. Aprendí mucho estando internado.
—¿Tuviste miedo a morirte?
—No, el adicto no le tiene miedo a la muerte, le teme a la vida. Incluso comprendí que hacía cosas para tapar sentimientos, emociones. Hacía cosas que no quería ver o hacían mal. Uno se droga sabiendo que te mata, que es algo malo. Sin embargo, seguís. Le tenés un miedo a ciertos aspectos. Comprendí, por así decir, que había cosas que venían dentro de uno de chico. Por ahí son cosas que para algunos no son problemas, y para uno sí. Y ahí es donde ves que la droga es el mejor anestésico.
—¿En qué momento hiciste ese click para elegirte?
—Hablé con el Turco García, que es un amigo y me dijo lo de la clínica de Río Cuarto. Me presentó al psiquiatra y fuimos con mi familia. Estaba muerto en vida, es así. Llegué así a Córdoba porque estaba todo muy oscuro para mí. Es más, fui para darle el gusto a mi familia, cuando en realidad no sabía que me estaba salvando mi propia vida. Hablando con Vedia me dio por quedarme, casi sin proponerlo, porque en realidad fui por una consulta. Pero me cayó bien porque me fue muy claro y sincero. Me dijo que era el lugar para sanar y comenzar una nueva y linda vida, así que me quedé en esa hermosa comunidad que me salvó la vida.
—¿Cuántos meses estuviste internado?
—Tres meses al principio, pero fueron nueve en total. Fueron meses duros, pero no por el consumo sino porque extrañaba mucho a mi familia. Me preguntaba todo el tiempo qué hacía ahí adentro. A la vez sabía que estaba ahí porque era necesario para empezar a entender que el que tiene una enfermedad crónica así puede ser mortal. Terminó siendo la mejor experiencia y aventura de mi vida.
—¿En tan solo tres meses te dieron el alta?
—En realidad el psiquiatra me dijo que me daba el alta porque me había dicho que al principio debía estar tres meses. Pero estuve más porque la adicción no es una enfermedad sencilla.
—¿Qué te dijo entonces?
—Que no estaba para irme. Es más, me dijo que me daba el alta, pero no sabía cuánto iba a durar, que iba a volver si me iba así porque dependía de cómo iba a hacer las cosas afuera. Fue así que con mucho sentido me quedé. Ahí ya entendía que lo mío era una enfermedad crónica, mortal. Recuerdo que fue una noche dura, especial, pero fue la mejor decisión que tomé en mi vida. Así que me quedé en la comunidad, que dicho sea de paso, quiero mucho. Hice hermanos, compañeros, me llevaba muy bien con todos los operarios y cuerpo de profesionales. Ellos dejaron todo y me ayudaron mucho. Siento que ahí hice una hermosa familia y, de a poquito, fui saliendo adelante hasta que a los nueve meses me dieron el alta.
—¿En ese momento extrañabas las carreras, ya que siempre estuviste aferrado al deporte motor, o solo estabas concentrado en elegirte?
—Claro que extrañaba mucho las carreras. También a mi equipo, el ambiente que rodea este deporte, la organización, el automovilismo en sí. Todo extrañaba. Fue muy duro ese momento desde lo personal, el no tener todo lo que amo desde hace muchísimos años. Es más, cuando corría dejaba de consumir para poder estar
lúcido los días de carrera. Pero pisé el freno porque la adicción me estaba matando. Por suerte tuve mucha gente como mi ingeniero Mario, el propio Marcos Di Palma, Hugo (Paoletti, ex presidente del Turismo Nacional) y muchos más que me ayudaron a sanar yendo a visitarme o llamando por teléfono. Pude volver a valorar muchas cosas que la enfermedad me había quitado.
—¿Fue difícil enfrentar la realidad de la enfermedad, pese a que elegiste una elección de vida?
—Fue difícil vivir como lo estaba haciendo en el último tiempo con la gente de mi entorno, con mi equipo, con mi familia. Me había vuelto muy parco. Elegí vivir. Me encerraba en mí mismo y bueno, decidí invertir un poquito de tiempo para poder llevar una vida mejor, más sana y preparar para lo que me esperaba después, que es este lindo momento.
—La familia también sufre ante hechos como este, ¿lo notaste?
—Sí, y mucha gente. Especialmente los más cercanos. Les hice daño especialmente porque no estaba, mentía mucho todo el tiempo, me aislaba. Pero el amor de ellos también hizo que me entendieran y siguieran siempre a mi lado. Cuando salí porque me dieron el alta lo hice pidiéndoles disculpas. Pero las disculpas no se piden solamente de palabras, sino con acciones. Volví a ser sincero, porque cuando consumís te volvés un negador serial. Por eso todo lo que me pasa ahora se los cuento y esa es la mejor disculpa que pueden recibir.
—¿Cómo fue reinsertarte en el laburo? ¿Tenías miedo o vergüenza?, porque a veces la sociedad es prejuiciosa...
—Sí, tuve todo eso. Pero Leo (Larrauri) me llamó para ofrecerme laburo y la verdad es que todo el equipo siempre me trató muy bien. Todo fue amor desde un primer momento. Pero sí, llegué a pensar que no me iban a dar trabajo, entre otras cosas, aunque el automovilismo siempre estuvo al pie del cañón. Lo está aún, por cierto. Así arranqué esta nueva etapa de mi vida.
—Y te fue bien, porque como jefe de equipo lograron un par de títulos en el TN...
—Así es. Con Manu (Urcera) obtuvimos dos campeonatos. Hice una gran amistad con él, a tal punto que es un amigo personal. El también me ayudó mucho. En realidad, en el Larrauri Racing encontré mi lugar, es mi familia. Formamos un gran equipo.
—¿Además del automovilismo estás en Santiago de Estero?
—Claro, estoy en una empresa tabacalera. Me gusta mucho ese laburo. Es algo diferente y estamos bien junto a mi esposa. Es más, me fui de Villa Amelia por amor, ya que Evelina es de allá.
—¿Cómo hacés cuando hay carreras?
—Trabajo a remoto con Leo (Larrauri) y una semana antes de cada fecha me vengo al taller, dejamos todo ordenado y viajamos para cada carrera.
—¿Qué sentís a nivel personal en la actualidad?
—Haber levantado muchas copas me hizo muy feliz, pero esta situación superada, sinceramente me hace sentir orgulloso, porque no es sencillo salir de las drogas. Parte de mi recuperación es pasar el mensaje a aquellos que tienen miedos o dudas. Solo les digo que no duden, que no tengan miedo porque una vida hermosa sigue después de la recuperación o durante la recuperación. La droga lo único que hace es alejarnos de todos y hacerle el negocio a gente que realmente no le interesa la vida del ser humano.