Martes 30 de Noviembre de 2021
Quebrar el pacto entre Estado y delito –como se planteó Omar Perotti al asumir el 11 de diciembre de 2019 y volvió a hacerlo este lunes– es un objetivo tan loable y necesario como complejo.
Acaso lo haya entendido el gobernador en estos dos años en los que “la paz y el orden”, su principal promesa de campaña, quedó como un eslogan vacío y por eso hizo ahora algo que debería haber hecho en 2019: convocar a partir de hoy a diferentes sectores políticos y sociales para analizar cómo encaminar una política en seguridad que hasta ahora ha sido un rotundo fracaso.
Por el contrario, lo primero que realizó Perotti desde el mismo discurso de asunción fue dinamitar los puentes con la oposición, algo que luego profundizó su ministro estrella, Marcelo Sain, probable autor de la letra con la cual el gobernador inauguró su gestión, casi como si fuera una declaración de guerra.
La palabra consenso estuvo lejos del glosario con el que Perotti desplegó sus primeros dos años de gobierno. Pero es justamente lo que se necesita para cumplir ese objetivo que se había fijado al asumir.
¿Acaso pensó que alcanzaba con un ministro “picante” y desbocado para revertir la crisis en seguridad y obtener las herramientas para justamente romper los vínculos entre Estado y delito? ¿No midió ni siquiera la escasa fuerza política propia con la que cuenta y que hacen que ni siquiera pueda sacar una ley de emergencia en seguridad de la Legislatura?
Sain, como escribió el domingo en este diario el periodista Walter Palena, era una apuesta lógica: por recorrido, por antecedentes, por las pesquisas contra narcotraficantes que piloteaba desde la Oficina de Investigaciones, parecía la persona indicada para asumir el Ministerio de Seguridad y fijar las estrategias para darle combate al delito organizado que convirtió las calles de Rosario en un infierno. Lo que no es lógico es lo que Sain hizo una vez en el cargo y Perotti avaló, al punto de mantenerle su estructura en el Ministerio aun con un nuevo ministro, Jorge Lagna, sosteniendo así una situación de tensiones internas que de alguna forma paralizó la gestión.
Del lado del perottismo hay una explicación: la lectura es que con quienes rompió puentes son parte fundamental del pacto entre Estado y delito. Y que justamente por eso están empeñados en quitarle gobernabilidad y, si es posible, “llevarse puesto” al mandatario provincial elegido por el pueblo santafesino.
El problema es que metieron a demasiada gente en la misma bolsa y que eso no resultó estratégico. ¿Son realmente todos lo mismo?
Varios de esos actores –que tienen peso y poder institucional– son quienes hoy se sentarán con Perotti.
La reunión, convocada el viernes pasado apenas minutos antes de que se hiciera pública la existencia de una investigación a Sain y los funcionarios que dejó para manejar a distancia el Ministerio de Seguridad por espionaje ilegal, implica la lectura de una realidad: el gobernador, que viene de una derrota electoral significativa, entiende ahora que necesita reconstruir el diálogo político y obtener consenso para bancar y generar las herramientas de una política de seguridad que sea realmente efectiva.
Del otro lado, se sentarán dirigentes que también cargan sobre el lomo responsabilidad por una crisis de seguridad pública sin precedentes y que no nació de un repollo. Entre ellos, el presidente de la Cámara de Diputados, Pablo Farías –que fue ministro de Gobierno de Miguel Lifschitz–, y Maximiliano Pullaro, antecesor de Sain en el Ministerio de Seguridad.
La crisis siempre da oportunidades. La de hoy es una y ojalá las mezquindades políticas no se impongan otra vez. Porque no hay margen que dejarla pasar.