Viernes 07 de Octubre de 2022
Las tres locomotoras que impulsan la economía mundial se encuentran en una situación inédita, los Estados Unidos enfrentan su segundo trimestre consecutivo de desaceleración del PBI con un -0.4 por ciento y -0,1 por ciento para el primero y el segundo periodo respectivamente. China, por su parte, acumuló un descenso del producto bruto interno del -2,6 por ciento sólo en el segundo trimestre y la Unión Europea apenas evoluciona en un 0,6 por ciento positivo para los mismos meses.
La pandemia trastocó en varios niveles a las cadenas globales de producción tanto en lo que respecta a la logística y el transporte global, que ocasionó problemas de desabastecimiento de una amplia gama de productos finales, hasta en la elaboración de microchips, insumo clave de esta era digital utilizado tanto por las automotrices como por las industrias ligadas a la computación y con la conectividad. En síntesis, no es una novedad que toda la economía global se vio sacudida por el cimbronazo sanitario. A ésta situación se le suman los coletazos de una guerra entre productores de alimentos y energía, elevando así los costos de los bienes y servicios mundiales.
En la fábrica del mundo la pandemia continúa provocando severas restricciones productivas, China no puede conjurar aún al Covid-19 y sus cuarentenas intermitentes laceran el despliegue de su capacidad productiva. A sus inconvenientes locales se agregan los foráneos, los problemas económicos y las restricciones que enfrenta e impone uno de sus principales clientes (Estados Unidos) afecta la capacidad exportadora del gigante asiático, factores internos y externos explican la realidad que atraviesa la República Popular.
Para Europa y la potencia americana, como para el resto del mundo, el aumento sostenido de los insumos básicos mayoritariamente alimenticios y energéticos conduce a procesos inflacionarios que obligan a tomar medidas: la elevación en la tasa de interés, que enfrían la economía y que empujan al ajuste del cinturón de los consumidores y productores de todas las latitudes.
En la zona Euro la carestía energética se siente con total violencia y los estados miembros comenzaron a tomar medidas simbólicas para concientizar a su población, como el corte en la iluminación de edificios públicos, pero también peticiones prácticas como de disminuir el consumo hogareño de fuentes calóricas, Suiza ha llegado a pedir a sus ciudadanos que se duchen dos personas. Pero la carestía no solo afecta a los domicilios particulares sino también al denso entramado empresarial europeo. La llegada del invierno promete agudizar estos trastornos.
El FMI asegura que nos encaminamos a un escenario global no experimentado desde hace 50 años, y que a pesar del apretón monetario que puedan realizar las economías, los trastornos en los valores comerciales seguirán su curso por los coletazos que el conflicto bélico europeo produce en los alimentos, en el gas y el petróleo. Es así que la entidad estima que la inflación de este año se sitúe en torno al 6,6% en las economías avanzadas y del 9,5% en las economías de mercados emergentes y en desarrollo. Manteniendo las condiciones globales actuales, el futuro es sombrío para el Fondo que augura un crecimiento mundial en claro retroceso, a aproximadamente 2,6% este año y 2% el año que viene, un ritmo por debajo del cual el crecimiento ha descendido sólo cinco veces desde 1970. En este escenario, tanto Estados Unidos como la zona del euro experimentaron un aumento del PBI de casi cero el próximo año, con efectos indirectos negativos para el resto del mundo.
Para sumar peores perspectivas al pronóstico, los países que integran la OPEP han anunciado un recorte en su producción de crudo para sostener o aumentar el precio del barril, el cual consideran, se encuentra demasiado bajo. A su vez, el cartel petrolero justificó la decisión en la “incertidumbre que rodea las perspectivas económicas y del mercado petrolero mundial”. Las consecuencias de una suba de este insumo básico para las sociedades modernas ya no requieren ser descriptas.
El hilo siempre se corta por lo más delgado
La recesión impacta de forma inmediata en las potencias del Norte pero las consecuencias de aquella afectará sin lugar a dudas a los países del sur global, los eslabones más débiles de la cadena. Conforme las economías centrales elevan las tasas de interés para combatir la inflación, las condiciones financieras se tornan más restrictivas, sobre todo para las economías periféricas como la Argentina que se encuentra atravesada por una crisis de deuda que no encuentra espejo en otra nación del planeta y que a su vez carece de espacio fiscal para amortiguar las demandas sociales que el proceso de recesión e inflación provocan en los sectores desfavorecidos. A su vez, la elevación local de las tasas de interés un aumento de las tasas de interés, impactará negativamente sobre el financiamiento de las empresas, principalmente de las Pymes, dado que es el segmento que más requiere este tipo de financiamiento.
Si la recesión se agudiza en las economías centrales se sumarán a los periféricos problemas con el comercio mundial de sus productos, los países de la región dependen plenamente del crecimiento de los mercados extranjeros para colocar sus productos, si ellos no crecen el comercio y la demanda de bienes producto de los esfuerzos periféricos se detienen. El comercio intra zona emergente también se ve trastocado por el freno del crecimiento global Argentina, Brasil y México son grandes productores automotrices, en el caso de los dos primeros comercian entre sí y en el caso del país latino de américa del norte sus producciones están destinadas, en gran medida, a los Estados Unidos. De acuerdo al último informe de la UIA correspondiente al mes de julio, las exportaciones Argentinas registraron una caída interanual como consecuencia de una baja en las exportaciones a Brasil.
Pero ello no es el fin de la problemática, ante la inestabilidad y el incremento de las tasas de referencia, el dólar se viste de refugio seguro para los excedentes monetarios, la promesa de que el desequilibrio mundial se sostenga traerá un mayor demanda de la divisa y empujará aún más la evolución de su precio. Ello no hace más que acelerar las presiones devaluatorias e inflacionarias en nuestro país y en el resto de Latinoamérica.