Lunes 07 de Marzo de 2022
Como acontecimiento, un asesinato es un evento de fuerza bruta. La carga informativa inicial suele mostrar su expresividad violenta, la identidad del afectado, el lugar del hecho, las armas empleadas, la modalidad de su comisión. Lo que se escapa inicialmente es la historia que lo motiva. Durante muchos años incidentes de lo más sangrientos en Rosario ganaban notoriedad y hasta perduraban en la memoria por sus rasgos exteriores. Hasta que algo puede ubicar a ese hecho disgregado en una secuencia coherente. O al menos explicable.
En el juicio contra Esteban Alvarado crímenes furiosos, concretados para trascender, fueron aludidos. Son episodios sanguinarios que abarcan nueve años, de 2010 a 2019, En una primera nota se aludió a los más notorios. En esta se refieren otros que también son parte de la misma hilación realizada por Carlos Argüelles, un mecánico asesinado en septiembre pasado que fue amigo y socio de Alvarado desde 2001, y que dejó su testimonio grabado ante una jueza en el Centro de Justicia Penal, que se volcó en la tercera jornada del juicio contra Esteban.
San La Muerte
Uno de los asesinatos más impactantes de 2012, año en el que la violencia en la ciudad empezaba a empinarse, fue el de un joven acribillado en su Peugeot 308 Cabriolet en barrio Azcuénaga. Fue el 15 de septiembre en Larrea y San Juan, donde acribillaron a Santiago “Gordo” Pérez con cuatro balazos calibre 9 milímetros. El auto, cuyo valor se estimaba en 40 mil dólares, exhibía una calco de San La Muerte en la tapa del baúl.
Nunca se avanzó nada con ese caso. La única alusión explicativa de lo que ocurrió apareció en la declaración diferida de Carlos Argüelles, el testigo colaborador que atestiguó contra su ex jefe meses antes de que lo asesinaran en septiembre pasado. “A Santiago Pérez lo vi por Pellegrini, estaba con un bebe recién nacido, o tenía meses. Aparentemente este chico tuvo una discusión con alguien cercano a él (Alvarado) y lo mandó a la muerte. Este chico no tuvo oportunidad de criar a su bebé por gente como Esteban”, declaró Argüelles.
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La crónica de La Capital del día posterior a ese crimen de hace diez años refería: “Aunque el asesinato de Santiago Pérez no tendría que ver directamente con la venta de drogas, los pesquisas aseguran que estaría ligado a una dura ofensa que tuvo la víctima hacia una mujer, hermana de uno de los nombres más pesados en el universo del narco-negocio en Rosario y que opera desde su búnker comercial de la zona oeste”.
El año 2012 fue la antesala de la explosión de la violencia en Rosario ya que el año posterior se doblaron las tasas de homicidios con 271 asesinatos. Pero ese año previo fue de explosiva letalidad con seguidillas de hechos callejeros tan sanguinarios como opacos como el de Pérez. En su declaración Argüelles no solo refería nombres de víctimas caídas en el mayor misterio. También daba contexto. “En 2012 él se jactaba de haber matado a más de cien personas en esta guerra narco a la que estamos sometidos. Si firmás con nosotros firmás con el diablo", dijo Argüelles.
Justo ese año un fiscal de San Isidro, Patricio Ferrari, impulsó la detención de Alvarado por liderar una banda que robaba autos en el conurbano norte y los traía a Rosario. El arresto de Alvarado fue el 5 de agosto de 2012. El fiscal Ferrari les dijo días después en Rosario a sus colegas María Eugenia Iribarren y Marcelo Vienna que las escuchas que disponía, decisivas para que lo condenaran a seis años de cárcel, transparentaban que la principal actividad de Esteban parecía ser el comercio de drogas.
En la audiencia donde se lo escuchó hace dos semanas Argüelles aludió a esa fecha en que a su antiguo jefe y amigo lo habían apresado. “Más o menos tres años antes de que lo allanaran le dije que dejara de matar porque esto sería ojo por ojo, diente por diente, y vos no nos te vas a poder defender. El dijo que nadie le faltaría el respeto”, aseguró. Continuó refiriéndose a Alvarado.
“Vi que se le había salido la cadena, se había separado de su mujer (Rosa Capuano), se subió al colectivo de traficar droga, no andaba de noche pero en la última etapa sí. Yo le decía que vendiera todo y que se fuera a Brasil. El me empujó y me dijo: «¿Quién te dijo que yo quiero vivir tranquilo». Ahí le dije: «Yo trabajo hasta enero y me voy». El me dice «¿que vas a hacer? Vas a chupar pija en otro lado».Y yo le dije que no, que no quería que maten a mis hijos. Y no llegué porque pasó lo de Lucio y acá estoy”.
Se refería a Lucio Maldonado, el prestamista informal secuestrado y asesinado en noviembre de 2019, caso por el cual Alvarado fue localizado y está acusado como autor ideológico de homicidio.
Contra pibes
Argüelles también alineó a Alvarado con la responsabilidad de un crimen estremecedor. "En los bunkers que había en su vida, a la gente se la mataba en la puerta, esa era la forma en que se cerraba un búnker. Los chicos de los bunkers son adictos, sin oportunidad, y los prendían fuego vivos. Ahí una madre perdió a dos hijos, uno apodado Carpincho y a su hermana la prendieron fuego dentro del bunker. Acá nadie muere sin que Esteban decida, él está al tanto de todo. El apodo que dio, Carpincho, es de un joven llamado Mario Sevillán. Tenía 25 años cuando le prendieron fuego en un local de venta de droga en La Florida el 5 de noviembre de 2013. Un familiar contó en esa fecha a este diario que era adicto y soldadito desde los 17 años.
El de Elías Bravo fue uno de los casos inaugurales de sicarios vaciando cargadores contra una persona. Era un chico de 17 años con historial por robos, acribillado de 30 balazos la noche del 14 de octubre de 2011 frente a un bunker de drogas de Felipe Moré y French, en barrio Ludueña. En las audiencias recientes reapareció este homicidio al ser mencionado como obra de Darío “Oreja” Fernández, el mismo sicario apuntado por los testigos como supuesto autor del crimen de Luis Medina, que trabajaba para Alvarado. Así lo refirió Argüelles.
En su formalizado testimonio Argüelles sostuvo que Alvarado tenía un código para, sin expresiones imperativas, ordenar al Oreja una ejecución. "Cuando lo visitaba él no necesitaba decir que vayas a matar a tal persona, él decía por ejemplo «¿cómo anda Carlitos?» y hacía una seña”. Por eso sé que cuando él te hace una seña es porque te vas con San Pedro. Todo lo que toca Esteban lo hace volar por los aires, autos, cigarrillos, droga, hizo un desastre en esta ciudad”, refirió.
Afirmó que siempre tuvo en la mira a Andrés “Pillín” Bracamonte para matarlo. Nueve días antes de que asesinaran Maximiliano “Quemadito” Rodríguez, lo que ocurrió el 5 de febrero de 2012, fue atacado a balazos. Según Argüelles, Esteban le dijo que había sido uno de sus sicarios y que no dio en el blanco.
Mencionó asimismo el homicidio de Ezequiel Ramírez, un hombre ultimado de una veintena de balazos en su casa de Ybarlucea delante de su mujer y su hijo de 9 años, como una obra de su antiguo jefe. “Yo tenía una linda amistad con la madre de Ezequiel porque organizó el cumpleaños de 15 de mi hija. Le rompieron la puerta simulando ser policías y le pegaron 28 tiros. Con Esteban se conocían nomás”, afirmó. Este ataque fue en julio de 2019. Ramírez era de La Cerámica y estaba conectado al negocio narco.
Ramírez estaba señalado por el crimen de Roberto Godoy, de 37 años, ejecutado en la puerta de su casa de Olivé al 2400 el 20 de diciembre de 2019.
Otro que se hallaba frente a su mujer e hijo cuando le acribillaron desde una moto fue Juan Carlos “Chaperito” Bustos, ultimado de cinco balazos en su casa de Cerrito 6778 en marzo de 2010. Era el hijo de Juan “Chapero” Bustos, líder durante años de la barra de Rosario Central, a quien desplazó Pillín Bracamonte. Argüelles lo señaló como un suceso planificado por Esteban.
Juan Carlos Schneider cayó muerto en su casa de Magaldi al 9600 en julio de 2018 también, dijo Argüelles, por directiva de Alvarado. Era hermano de un sospechoso de haber participado en Las Flores en el crimen de Isabel “Chabela” Cantero, prima de Ariel “El Viejo” Cantero, el padre de Guille y Pájaro Cantero.
Cómo sucedieron las cosas
”No vengo a hablar para desvincularme, todo lo contrario, relataré exactamente cómo sucedieron las cosas”, dijo Argüelles al hacer formal su testimonio un año atrás. Se reconocía como partícipe en hechos del grupo de Alvarado. Al hablar de hechos disgregados en el tiempo y en las zonas le empezó a dar una unidad a hechos de sangre inconexos pero que sugerían estar en una trama narco.
Algunos son anteriores a 2013 cuando Alvarado gozaba de un anonimato construido por amparo policial y eran pocos los que lo ligaban al campo de las drogas. Argüelles reveló conocer a Alvarado en un taller de la calle Miller en 2001. Consignó al describirlo rasgos de una personalidad brillante y sádica. Sostuvo por ejemplo que a los cuidacoches que extendían la mano para pedirle una moneda les volcaba gotitas del ácido que se usa para remover pintura que provocan, dijo, quemadura de segundo o tercer grado.
“Por más que le den diez perpetuas mientras él pueda manejar gente seguirá matando”, dijo. “No le importa matar gente porque ahora ya no tiene nada para perder” afirmó Argüelles ante la jueza Melania Carrara el 20 de agosto de 2020. Trece meses después lo enterraron a él.