Martes 30 de Noviembre de 2021
En medio del escándalo que desató la denuncia por espionaje ilegal contra Marcelo Sain, y mientras el gobernador Omar Perotti le soltó la mano a su polémico ex funcionario, el ex ministro recibió señales de apoyo de un viejo aliado que habita un campamento rival.
Se trata del concejal rosarino Roy López Molina, que salió a jugar fuerte en redes sociales en favor de Sain, destituido por la Legislatura a comienzos de noviembre de su cargo de director del Organismo de Investigaciones. “En Santa Fe, el nuevo objetivo del elenco estable es la construcción de un relato para garantizar que nunca más nadie se atreva a perseguir a las poderosas mafias que explican la violencia: como no alcanzó con la demonización de Sain, ahora pretenden crear la idea de espionaje”, escribió.
Y agregó: “¿Saben por qué no fue suficiente el ataque sistemático a la persona del ex Ministro de Seguridad y necesitan instalar que existía un sistema para espiar ilegalmente? Porque, a pesar de todo, el poder real de las mafias estatales nunca quedó tan expuesto y cuestionado como ahora”.
En su escrito, López Molina dispara contra sectores judiciales y políticos, sobre todo a los opositores.
Entre sus rivales internos en el PRO califican la postura de López Molina como “difícil de explicar”. “Salvo que haya otros factores, Roy es de los que jamás retroceden en sus posiciones, no sabe decir ‘me equivoqué’”, dijo un dirigente del partido.
El respaldo del vicepresidente del Concejo rosarino al ex ministro, eyectado de su cargo en marzo después una saga de homicidios y una larga lista de polémicas, viene de hace tiempo. En noviembre del año pasado planteó que las leyes de incompatibilidades y regulación de gastos reservados –llamadas por la Casa Gris “anti Sain”– eran un “intento grosero” para condicionar a Sain y forzar su renuncia.
Sain agradeció la gentileza y le respondió en Twitter: “Me consta que siempre bancaste la institucionalidad democrática. Y seguimos en la lucha contra la mafia. Abrazo gigante Roy”.
Apuestas
En los últimos dos años, López Molina fue un engranaje clave del esquema de gobernabilidad que montaron el intendente Pablo Javkin y la presidenta del Concejo María Eugenia Schmuck en el Palacio Vasallo pero perdió en sus principales apuestas políticas.
Junto a José Corral intentaron montar la franquicia del larretismo santafesino, pero el jefe de gobierno porteño se inclinó por Federico Angelini y Amalia Granata. Después compitieron en la congestionada Paso de Juntos por el Cambio y la boleta que compartieron con el ex intendente de Santa Fe salió cuarta.
Derrotado en la interna y de vuelta en el llano a partir de diciembre, cuando termina su mandato para concejal, y representante de un sector minoritario en el partido fundado por Mauricio Macri, López Molina siguió fuerte con el discurso antimafias y pidió “cuidar a los fiscales” que llevan adelante la causa por juego clandestino, otro trámite judicial de alto voltaje político.
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En estos días, la posición del edil sobre un escándalo de ramificaciones políticas e institucionales todavía inciertas contrasta no solo con el ánimo dominante en la oposición –donde afilan las lanzas para pedir explicaciones mañana a Perotti, en la reunión convocada inicialmente para recibir propuestas sobre seguridad–, sino también con el perfil bajo que adoptaron los líderes de las principales tribus del PJ santafesino.
Sobre todo entre quienes las habituales bravuconadas de Sain sometieron a su organicidad a pruebas exigentes, venían reclamando mayor protagonismo a la primera línea del Ejecutivo. “Cansa la falta de reciprocidad”, deslizaron el fin de semana.
En las últimas horas, eso empezó a cambiar. El sumario administrativo que ordenó Perotti con un decreto –justo el día anterior de la reunión con legisladores y los intendentes Pablo Javkin y Emilio Jatón en la Casa de Gobierno– es un indicio de que el gobernador está dispuesto a cortar la soga de Sain antes de caer él también al vacío.