Domingo 16 de Abril de 2023
El escalofriante 7,7% de inflación de marzo que anunció el Indec esta semana es sólo una de las cifras que miran los principales dirigentes políticos, ya inmersos en una zona de definiciones electorales atravesada por la incertidumbre.
La aceleración de los precios torna casi en una quimera cualquier expectativa del Frente de Todos de continuar en el poder. Si bien las elecciones no se definen hasta que se cuentan los votos, en política sucede como en el fútbol: cuando se empieza a hablar de chances matemáticas es porque las chances reales son cada vez más lejanas.
Mientras Alberto Fernández permanece aislado y parece concentrarse en negociar los términos de su capitulación, la situación se vuelve desesperante para Sergio Massa y Cristina Kirchner.
El ministro de Economía pasa lo gorra en Estados Unidos y depende del salvavidas financiero del gobierno de Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional para que el gobierno no termine de naufragar. Sin más conejos para sacar de la galera, Massa ve cómo la inflación y la sequía deshidratan sus ambiciones presidenciales. Hoy parece mejor negocio guardarse antes que ser la cara de una derrota que podría ser catastrófica para el peronismo.
Cristina, en tanto, tiene frente a sí un menú donde todas las opciones son malas. Al contrario de la idea del “circo sin público” que apareció en un estudio cualitativo y con la que machaca María Eugenia Vidal, el público kirchnerista monta su escenario itinerante pero por ahora Cristina se niega a su the last dance.
La dos veces presidenta no quiere exponerse a un fracaso que aceleraría el cuestionamiento interno a su liderazgo. Además, no cuenta con un nombre que pesque votos en el centro, más allá de los límites de la propia comarca, ni dispone de un candidato que asegure fidelizar su núcleo duro, que va reduciéndose entre las fugas hacia la abstención o Javier Milei.
El líder de La Libertad Avanza es el beneficiario directo de la frustración acumulada en la sociedad por los sucesivos fracasos económicos. Sobre todo, entre los jóvenes que conviven desde que tienen uso de razón con empleos precarios y una inflación de más de dos dígitos y que deben pedalear —en algunos casos, literalmente— para sobrevivir.
Es en ese segmento donde prenden rápido las dos ideas base de Milei: odio hacia una casta de contornos difusos y la dolarización como camino de regreso a un paraíso perdido sin precios descontrolados.
Si bien nadie se atreve a ponerle un techo a Milei, el escenario parece más servido para Juntos por el Cambio, donde Horacio Rodríguez Larreta anticipó una disputa con Macri que era inevitable.
“Horacio se emancipó”, dicen en el PRO sobre la pulseada entre ambos, que tiene en la superficie la discusión sobre la fecha y el sistema de votación en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires pero se vincula con intereses más profundos. Consciente de que el fundador del partido jugaría más temprano que tarde con Patricia Bullrich y que tendría a casi toda su fuerza en contra, Larreta prefirió recostarse sobre la estructura radical y tratar de construir su jefatura ahora y no en plena campaña. O, peor, en el gobierno.
Con Macri y Bullrich más cercanos ideológicamente a Milei, Larreta hizo un movimiento arriesgado que podría derivar en una ruptura de Juntos y la mayor reconfiguración del sistema político argentino desde 2003.
En Santa Fe, con diez pliegos aprobados sobre doce en la Asamblea Legislativa, Omar Perotti puede trazar un balance positivo del procedimiento de elección de autoridades del Ministerio Público de la Acusación, donde mostró muñeca política para destrabar un trámite que parecía encaminarse hacia un callejón sin salida.
El mismo día, el gobernador celebró que el Senado nacional aprobara el nombramiento de tres jueces federales para la provincia y el demorado proyecto de fortalecimiento de la Justicia federal en Santa Fe, una larga deuda con el distrito pero que debido a los chiclosos tiempos del Estado —que van desde los concursos en el Consejo de la Magistratura hasta la compra de computadoras— tardará como mínimo tres años en saldarse.
Para redondear una de las mejores semanas políticas en mucho tiempo, al día siguiente del intenso jueves legislativo Perotti dio un espaldarazo a Roberto Mirabella, su principal carta para las elecciones. “Roberto tiene condiciones y la vocación para encarar el desafío”, aseguró el gobernador.
“Más que en la rosca, estamos enfocados en la gestión. En cada área tenemos muchos resultados para mostrar. Es cierto que no los conseguimos en seguridad, pero dejamos una economía ordenada, con obras y otros avances como el boleto educativo gratuito. Cuando llegue el momento de la campaña esa estructura que está trabajando va a hacer la diferencia”, confían en la mesa chica de Hacemos Santa Fe.
La relación entre el perottismo y Marcelo Lewandowski sigue fría. En la Casa Gris ven al senador en modo llanero solitario y algo desinflado, mientras el ex periodista dijo esta semana en Aire de Santa Fe que le “atienden más el teléfono en Nación que en Provincia”.
Cansados de esperar que Lewandowski anuncie dónde jugará, Roberto Sukerman y Juan Monteverde anunciaron el acuerdo entre La Corriente y Ciudad Futura para competir en las Paso por la intendencia de Rosario. Una apuesta audaz, pero a la vez casi forzada por el armado del frente de frentes.
Al igual que sus primos ibéricos de Podemos, los dirigentes de Ciudad Futura se toparon con un límite en el que deben sellar alianzas —el PSOE en el caso de la formación de Pablo Iglesias y el peronismo rosarino en el caso del partido liderado por Monteverde y Caren Tepp— para llegar al gobierno.
“Se apuraron, quisieron cerrar la tranquera rápido. Falta el kirchnerismo, el perottismo y el espacio de Massa”, dicen en el entorno del gobernador, que casi seguro pondrá a jugar en esa categoría a Alejandro Grandinetti.
“No estamos haciendo bien las cuentas”, advierte otra referencia del perottismo, preocupada ante la posibilidad de que el peronismo divida los votos en las Paso y deje la ciudad servida a Monteverde.
El interrogante es si Rosario puede convertirse en una isla y dar lugar a una experiencia en la que el peronismo tendría un lugar central cuando hace cinco décadas que el PJ no gobierna la ciudad y justo cuando la ola parece ir en el sentido contrario.
Esas son las señales que entusiasman a los generales del frente de frentes para ir por todo. Antes de la presentación de la alianza, el 25 de abril en Cayastá, Maximiliano Pullaro presentará formalmente su candidatura a gobernador en Esperanza, con lo que cerca suyo denominan “un formato dinámico”.
Con Clara García como candidata del PS, Carolina Losada es todavía una incógnita. En la guerra de nervios y versiones cruzadas típicas de los cierres electorales, en el frente opositor se dice que la indefinición —al menos pública— de la senadora inquieta a sus socios políticos, que temen un renunciamiento a último momento a lo María Eugenia Bielsa en 2015.
Por lo pronto, este miércoles dirigentes de los diez partidos definirán el nombre de la nueva criatura política. Después de varios vetos cruzados, parece estar cerca un consenso para bautizarla Unidos por Santa Fe. “Los acuerdos son que el nombre no expulse a nadie, que no colisione con la competitividad del espacio y que no permita la ventajita de nadie. La idea es que como Santa Fe está en una situación extraordinaria se arma una solución extraordinaria, que no tenga referencia a una experiencia anterior”, señala un referente del espacio.
A menos de un mes de la presentación de listas en Santa Fe y a dos meses del cierre para cargos nacionales, debajo de la hojarasca discursiva la discusión es cuantitativa: cuánto conocimiento social, votos pasados y esperados y plata tiene cada uno para sentarse en la mesa de negociación y tallar en el armado.