El sexo del 1800: límites moralistas y libertad condicionada
La injerencia de la religión provocó una formación basada en la moral que atravesó los últimos siglos, clasificando al sexo como productivista y ligado al entorpecimiento del trabajo. Además, las políticas de regulación higienistas también atentaban contra cualquier libertad y elección individual

Jueves 12 de Enero de 2023

Las charlas en las mesas familiares del domingo, pueden estar atravesadas por una infinidad de temas. Se habla de todos los tópicos actuales que atraviesan al país: de religión, de política, de fútbol, de la abuela que aprendió a usar Youtube, y se cree todas las fake news que hay dando vuelta, el tío facho y la tía conservadora, los terrenos, la herencia, la “juventud de ahora”. Frase que va acompañada por un “en mi época esto era distinto”. Todo el mundo ha dicho esa frase, tengas 30 o 60 años. Alguna vez hemos expresado “antes era así”... Aunque en las últimas décadas empezaron a cambiar las formas y contenidos, uno de los atractivos que se instalaron en diversas mesas es la sexualidad. Si, ahora se habla de sexo en la mesa del domingo, más precisamente de la sexualidad de los demás, y en clave de chisme. Ya sean esas víctimas personajes famosos y públicos o un hermano, primo, compañero de trabajo, o algún vecino que tuvo la libertad de construir su identidad sexual pero la moral, siempre dispuesta a la condena.

No es novedad que hace algunos años que se habla de manera más descontracturada en referencia a la sexualidad, ojo no quiere decir que todo el mundo lo hace, sino que muchos jóvenes, sí, tienen menos tabúes a la hora de hablarlo. Entonces, esa conversación se traslada a muchas mesas familiares, lo cual es super positivo. Tengamos en cuenta que si hacemos una encuesta a los jóvenes sobre su educación sexual, seguramente la gran mayoría va a decir que no tuvo. De hecho hay que destacar que Santa Fe y otras pocas provincias son de las que no han adherido a la ley federal de Educación Sexual Integral (ESI).

vestidos de la era victoriana polison.jpg

Estilos y modelos de los vestidos de la época victoriana.

Suite de lujo en un burdel del museo Red Light Secrets en el barrio Rojo de Ámsterdam Foto Evert Elzinga AP 39629280 (1).jpg

Suite de lujo en un burdel del museo "Red Light Secrets" en el barrio Rojo de Ámsterdam.

En mi época no era así…”

¿Cómo era el sexo en el pasado? Pero cuando hablamos del pasado no nos referimos a 1960 o 1950, sino mucho más atrás ¿Se pusieron a pensar alguna vez cómo era la sexualidad durante la semana de la Revolución de Mayo? ¿Cómo jugaban, en el erotismo, esos largos vestidos con volados, broderie, y los famosos corséts?

La realidad es que hay muy poca información e investigaciones sobre el sexo o sexualidad en el siglo XIX, menos específica de Argentina, que estaba dando los primeros pasos civilizatorios y de organización estatal. Entre las revistas de médicos y cirujanos de Argentina, las urracas y fanzines de los grupos obreros, y algunas publicaciones de otros países, fue posible reconstruir una trama de preguntas.

Un artículo que nos llamó muchísimo la atención y queremos compartirlo con ustedes se titula: “Sexualidad, producción y trabajo en el discurso higienista y eugenésico en Chile y Argentina, 1860-1930” de Manuel Durán, doctor en Estudios Americanos.

¡Bingo!! La síntesis comienza así: “El discurso médico consideraba la sexualidad como una ‘energía’ que debía encauzarse productivamente para evitar el desborde patológico y moral, estableciendo una ‘ciencia sexual’ en los ámbitos de producción laboral y educacional…”

Entre 1870 y 1900, tanto Argentina como Chile adoptaron las ideas “psíquico-fisiológicas” de la Escuela de Salpêtriére de París, estableciendo políticas de regulación higienistas. Hacia fines del siglo XIX, la medicina psiquiátrica y legal francesa influenciaron e inculcaron a las elites la preocupación por las responsabilidades de alienados y ‘enfermos sociales’, considerándolos como agentes ‘degenerativos’”. La teoría degenerativa consideraba que había ciertos sujetos o sectores que pervertían a los agentes raciales y morales de la nación, y (obviamente) los grupos de mayor riesgo era la clase obrera. Por eso los higienistas contuvieron a estos sectores con la teoría que se denominó “cuestión social”.

Esta teoría desarrollada en Francia por médicos y empresarios, planteaba que una regulación del trabajo preservaría “la salud de los infantes y de todos los obreros de la fábrica, así como su desarrollo moral”. Fijense algo, que el sentido de salud se refiere a la cuestión física y valórica, considerando la enfermedad como contaminación y “vicio”. O sea, la fórmula era: sexo/placer = menos producción.

maquina consoladora del 1800 en hopanda IMG_20180409_151101585.jpg

Máquina consoladora del 1800 perteneciente a la reina de Holanda. Artefacto expuesto en el Museo del Sexo de Toledo, España.

El deseo femenino

Pero el texto se vuelve más interesante, porque habla que el sistema higienista liberal estableció modelos de género binarios (masculino/femenino), denominado “doctrina de las esferas separadas”, en donde naturalizaba las diferencias de género como base para la organización social y patriarcal en el sistema capitalista ¿que tiene que ver todo esto? Bueno, en este contexto médicos y empresarios establecieron regulaciones sobre la clase obrera femenina e infantil (si si, ya sé, debería decir niñxs). En donde consideraban que el trabajo en la fábrica era contrario a la maternidad y que las exponía a enfermedades y vicios.

A su vez establecieron una “ética de trabajo” en los talleres de costura, en donde regularon desde el vestuario de las trabajadores hasta las posturas en que debían realizar sus labores, porque… Lean con atención. Consideraban que las máquinas podrían “estimularlas sensualmente”.

El médico francés, Gastón Guidourt, hizo una publicación que fue replicada en la Revista Médica Quirúrgica de Buenos Aires en 1866, en la cual exponía los riesgos de la enfermedad sensual: “Hace un mes dos mujeres (...) que trabajaban en talleres diferentes, se presentaron a consultarme en un mismo día. La enfermedad ‘sensual’ tuvo inmediatos efectos en la paciente, de una contextura acorde al trabajo y la procreación, pasó a un estado de debilidad y posible infertilidad. Además el malestar era acompañado de una gran excitación impidiéndole trabajar, lo que implicaba el fenómeno médico en el ámbito económico”.

A todo esto, el médico recomendaba que las pacientes realicen labores más acorde a la “frágil naturaleza femenina”, o sea les decía que vayan a ocuparse de la maternidad y el hogar, porque creían que el ámbito doméstico protegería a las mujeres de la violencia de los espacios públicos, sin pensar en que la miseria podría empujarlas a prostituirse y al sífilis.

Aunque en esa época, era aceptado que las mujeres trabajaran para auxiliar económicamente a sus familias, pero siempre con una crítica por el abandono que hacían del hogar. A su vez, “resultó muy recurrente identificar a las muchachas ‘fabriqueras’ con amores discontinuos, haciendoles fama de ‘afiladoras’, de ‘ligeras’, de provocar con gestos y actitudes al otro sexo, que era ‘loquitas’”. Hasta supuestamente se establecieron categorías morales entre las mujeres que se incorporan en el ámbito laboral, dividiéndolas, por un lado en las probas, o sea, las rectas e intachables, y por el otro, en las “ligeras” y de moral liviana.

Nadie pasa de esta esquina, aca mandan las divinas…

esqueletos museo del sexo en NY - pnggg.jpg

Esqueletos amantes. Exposición a la calle del Museo del Sexo de Nueva York.

¿Y los hombres qué onda?

En la otra vereda, el discurso higienista también estableció un modelo popular masculino para cuidar a la fuerza y el trabajo, los cuales eran valores que podrían ser vulnerables a ciertos vicios como el alcoholismo, onanismo y “placeres venéreos”. Al igual que pasó con las trabajadoras textiles, también se estableció una ética de trabajo que justificaba la intervención violenta de los sujetos, las reclusiones forzosas y la fiscalización de sus espacios privados.

Un artículo titulado “Un caso de erotismo”, publicado en la Revista Médica Quirúrgica en 1884, habla sobre la situación de un inmigrante español de 33 años:

Sano y robusto, dedicado al trabajo, no abusaba de bebidas espirituosas, ni excedía su poder sexual, usándolo regularmente (...) poco después de su llegada conoció a una familia española, en cuyo seno se contaba a una joven que había de influir poderosamente en su provenir”.

Llamado J.N. en el artículo, era básicamente un joven que se enamoró, nada del otro mundo. Pero desatendió su vida sexual y laboral, o sea cómo se le va a ocurrir calentarse y no ir a trabajar. ¡Es una cosa de locos!

Qué dice la revista sobre cuál fue el tratamiento para J.N.: “Sucedió entonces lo que se esperaba: la policía lo tomó, remitiéndolo al Hospicio de las Mercedes en Buenos Aires. Siendo sometido a un tratamiento de duchas frías y trabajos en la huerta. El hospicio tenía como objetivo la rehabilitación física y moral en un sistema de trabajo rural.”

Los agentes higienistas dejaron de lado el derecho a la libertad y la reserva en pos del supuesto “bien superior social”. Lo peor es que J.N., cuando salió del hospicio, dijo que recordaba algo de su estado pasado y ante el temor que pudiera volver a caer en la maldita tentación dijo: “se teme de que llegue ya a fallar regresando a mi pueblo; y cómo me podrá suceder esto; cuando tengo siempre presente ocho meses de manicomio, mis ahorros tirados y un oscuro porvenir…”

El pobre, se excitó y le tiraron agua fría como a los perros. Ojo, igual estaba bien lo que hicieron, porque nuestro amigo J.N. no se sacaba de la cabeza a esa chica y no quería estar con ninguna otra mujer, entonces eso iba en contra de la ideología socio-sexual de la productividad, que estaba dirigida a ciertos sujetos en edad “re-productiva”. O sea, la sexualidad era concebida en términos “productivistas”, y además se estableció un sistema policial sanitario “que subyugo los valores de libertad y propiedad al ‘bien superior de la nación’”.

De más está aclarar que este artículo no representa la totalidad de la sexualidad argentina del 1800. ¿Habrá habido orgías en el Cabildo? ¿Y en la casita de Tucumán? Son preguntas que nunca tendrán respuesta (por ahora).

Lo que si nos demostró esta investigación es que (obviamente) los tiempos cambiaron con respecto a la sexualidad, aunque todavía quedan algunos que piensan que el sexo es solo con fines de reproducción y no de placer. De todas formas nos parece super interesante poder contarles y comentarles las particularidades y curiosidades de cómo la ciencia y la sociedad tomaban al sexo como reproductista y como un entorpecimiento en los labores, obviamente, de la clase obrera.

Queda muchísimo por seguir investigando. En estos ultimos días encontré algo sobre el incesto en la época, y obviamente al momento de cerrar la nota también encontramos nuevas cosas para leer. Pero hasta acá llegó la primera parte. Se viene una segunda parte, todavía hay mucho por contar y además queremos conocer las perversiones de esa época.

Recomendaciones para ampliar sobre la temática:

Educación y sexualidad, una propuesta para pensar sus vínculos

(*) Nicolás Eliceche es periodista porno. Trabaja en radios y portales webs de Rosario y otras ciudades. Escribe sobre sexualidades rompiendo los estereotipos de 'normalidad'…