Viernes 21 de Abril de 2023
El esperado desistimiento del presidente Alberto Fernández de ir por la reelección genera un mínimo respiro en el Frente de Todos y abre el juego en un peronismo que se prepara para metabolizar una derrota casi segura.
Ungido por un tuit de Cristina Kirchner en un lejano sábado de mayo de 2019, Fernández eligió la misma red social para bajarse, en medio de otro tembladeral económico que tiene al FMI en el centro de la escena. Un turbulento recorrido de cuatro años en el que pasó de presidente a prescindente.
Fernández formalizó lo que las encuestas, los datos de inflación y las señales políticas de propios y ajenos decían a los gritos: que se encaminaba a un resultado humillante si intentaba ir por la reelección.
En el cruel juego de la política, Alberto quedó como la cara visible de un dispositivo político desarrollado en tiempo récord en 2019, sumamente exitoso para terminar con el experimento de Macri, pero que se reveló inútil para tomar cualquier decisión importante.
El ex jefe de gabinete de Néstor y Cristina hasta la crisis de la resolución 125 fue víctima de su propio sistema de (no) liderazgo. Alberto no quiso, no supo o no pudo construir poder propio, pero tampoco administrar eficazmente el capital político de los otros socios de la coalición. Así, terminó neutralizando y licuando a todos.
A lo Alberto, en su video de 7 minutos y 43 segundos el presidente nunca explicita la renuncia y deja algunos miguelitos discursivos hacia Cristina. Por ejemplo, cuando habla de “democratizar” el PJ.
El momento que eligió no fue casual. Lo subió a las redes el mismo día en que en la cumbre del PJ que preside el cristinismo iba a continuar con su ofensiva para que abandonara la quimera de la reelección, que demoraba y complicaba los planes de todos.
Todo esto, en medio de una aceleración de los precios y del dólar que pone al peronismo frente al abismo de quedar tercero en las elecciones.
“Descomprime” es la palabra que más utilizan por estas horas los dirigentes peronistas para calificar las derivaciones de la jugada de Fernández, dedicado ahora exclusivamente a evitarle al peronismo su 1989 o 2001.
“Hay que ver si el operativo clamor tuerce la voluntad de Cristina. Si ella juega, no hay más discusión. Pero si se mantiene firme, vamos hacia un escenario muy abierto dentro del peronismo”, dice un referente del PJ santafesino, donde también derrama la incertidumbre que emana del vértice del Frente de Todos.
Pese a la flexibilidad táctica que Cristina ha demostrado en sucesivas oportunidades, parece difícil que esta vez se desdiga de lo que anunció dos veces, tanto a sus feligreses como a sus adversarios. Menos, para exponerse en una elección que en varios campamentos del peronismo ven perdida, más allá de quien encabece la boleta.
En este marco, se abre una danza de nombres en la que aparecen varios dirigentes a los que no les sobra nada —como Sergio Massa, Daniel Scioli, Eduardo Wado de Pedro o Agustín Rossi—, en términos de perfil, conocimiento social e imagen. Pero, sobre todo, porque cualquiera de ellos será la cara de un gobierno que prometió sacar al país de la recesión y redistribuir el ingreso y que cuatro años después –pandemia, guerra y sequía en el medio— termina con una crisis que pulveriza los ingresos de las mayorías que cobran en pesos.
A 40 años del retorno de la democracia, se cierra el largo ciclo abierto tras la implosión del gobierno de la Alianza con un profundo malestar de la sociedad con la política por los sucesivos fracasos económicos.
En este marco, resulta sintomático que Cristina Kirchner, Mauricio Macri y Alberto Fernández no intenten ir por un nuevo mandato, estando habilitados formalmente para hacerlo. Como escribió en su cuenta de Twitter el politólogo Andrés Malamud: “Los tres últimos presidentes argentinos renuncian a candidatearse otra vez. Como autocrítica es muy expresiva”.