Despegar con futuro o seguir en decadencia
El comportamiento de la economía, tras un más que probable acuerdo con el FMI, será determinante para las aspiraciones del peronismo en las elecciones de 2023. Juntos por el Cambio asoma hoy con grandes chances de volver al gobierno

Domingo 27 de Febrero de 2022

Luego de casi dos años desde el inicio de la pandemia pero con la normalización actual de todas las actividades y a las puertas de ingresar a una etapa crónica del virus, que llegó para quedarse, el futuro político y económico de la Argentina entra en etapa de definiciones.

Para poder pensar hacia adelante con un cierto grado de certeza, el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que postergaría desembolsos impagables en los próximos dos años sería crucial no sólo para la economía sino para las chances electorales del peronismo, agrupado en un frente con fisuras. Es más que probable que la renegociación con el FMI se apruebe también con el apoyo de la oposición macrista –halcones y palomas- que no quiere quedar pegada a un escenario de default y consecuente crisis impredecible.

Salvo en países como Italia, donde la política y la economía no siempre van de la mano y las crisis gubernamentales no afectan necesariamente a su Producto Bruto Interno (PBI), al consumo, la inversión o el empleo, en la Argentina están indisolublemente ligadas. El primer síntoma es la devaluación del peso, la inflación, recesión espantosa y pérdida de puestos de trabajo. Situaciones que se han visto repetidas en las últimas décadas y que la interrupción de los pagos con el FMI podría recrear el mismo escenario. El oficialismo “albertista” no lo quiere, la oposición tampoco y los díscolos del kirchnerismo más puro amagan con oponerse visceralmente para contener ideológicamente a la tropa porque saben que finalmente habrá acuerdo y será aprobado.

Con un crecimiento económico importante, aunque no tan alto como casi el 10 por ciento del PBI del año pasado, el 2022 y parte del 2023 serán decisivos para la suerte del peronismo en la Casa Rosada. Si la economía se mantiene sólida y los ingresos al menos empatan a la inflación, todavía puede soñar con permanecer en el poder. El bolsillo de la gente es lo más importante a la hora de votar y todo el resto pasa a un segundo plano, se pierde en la maraña informativa y no causa un gran efecto en el electorado. A este cuadro se le agrega la escalada militar de Rusia en Ucrania que ya está generando un aumento en el precio de los commodities, como la soja, principal producto de exportación argentino.

Alberto Fernández ganó en el 2019 con un original armado político de Cristina Kirchner que no hubiese tenido éxito sin el apoyo que le dio la mala gestión económica y política de Mauricio Macri. Los procesamientos y algunas condenas por corrupción de los funcionarios kirchneristas, el enriquecimiento meteórico de empresarios amigos, la causa de los “cuadernos” o los bolsos con dólares en el convento de unas monjitas distraídas no fueron suficientes para que millones de argentinos votaran al peronismo en la búsqueda de mejoras sociales.

Un escenario parecido pero inverso podría desarrollarse si el gobierno no logra mantener el crecimiento y el empleo. No influirán en el electorado el mal recuerdo del gobierno macrista, la revelación de que fueron espiados tanto propios como extraños, en una cabal demostración de “voyeurismo político”, o las sorpresas que contendrán los más de cien mil audios que “aparecieron” en la Agencia Federal de Inteligencia (AFI). ¿Alguien puede pensar seriamente que los audios irrumpen en el escenario político de una manera casual? ¿Alguien puede creer que la AFI los encuentra en una computadora o en un cajón olvidado por mero azar? Los espías tienen vuelo propio y trabajan para diferentes causas y tiempos políticos. Hoy, esas escuchas suenan más a una interna de Juntos por el Cambio que a una revancha del peronismo, aunque también las utiliza para obtener viento a favor.

Sin embargo, nada de eso impedirá que Juntos por el Cambio, después de una dura batalla interna, imponga un presidente si el declive del “albertismo” le brinda un poco de ayuda política. Si esto ocurre, y no es una fantasía a menos de dos años de las elecciones presidenciales, sería importante saber qué sector de Juntos por el Cambio llegaría al gobierno. Si es el ala dura de Patricia Bullrich se anticipa gran inestabilidad social porque la exministra de Seguridad y hoy presidenta de Propuesta Republicana (PRO) ya anunció que esta vez irían desde el comienzo con reformas estructurales, léase previsional y laboral, entre otras. La resistencia y su consecuente conflicto estarían cantados.

Si lograse imponerse el ala más moderada del PRO con Horacio Rodríguez Larreta, el panorama podría tener un tránsito más calmo porque seguramente intentaría buscar consenso entre todas las fuerzas políticas para imponer un modelo de gobierno no fundamentalista como el de Bullrich.

El principal logro político que intentaría plasmar Larreta sería un gran acuerdo multipartidario sobre ejes comunes de políticas de Estado que se mantengan en el tiempo sin cambios, sin importar cuál sea el partido gobernante. Si con Larreta o cualquier otro personaje sentado en el sillón de Rivadavia se lograse esa panacea, la Argentina tendría oportunidades de despegar y regresar a lo que fue un siglo atrás. Pero claro, es difícil saber si toda la dirigencia política nacional estará a la altura de los acontecimientos, que ya no dan para más en un país que cada cuatro años pega cambios bruscos en diferentes direcciones y no puede salir de su decadencia de décadas.

Mientras tanto, en la provincia de Santa Fe hay un candidato que ya asoma con grandes posibilidades. El intendente Pablo Javkin se debate entre repetir un mandato más en la Intendencia o saltar a la Gobernación. Hoy tiene posibilidades si toda la oposición política al peronismo se conjuga en un frente de frentes variopinto ideológicamente pero con un solo objetivo: sacar al PJ de la Casa Gris. Pero si Javkin intenta prorrogar su mandato en Rosario, la escena política podría cambiar y sus chances no ser las mismas en 2027.

La conformación de ese frente que incluya a radicales, socialistas y macristas está en pleno desarrollo. Desde el socialismo, por ejemplo, ya no se habla más de que el límite para un acuerdo electoral siempre ha sido el PRO y, por el contrario, se está preparando un escenario para justificarlo ante la opinión pública y ante los militantes, que deberían digerir un cambio de posición monumental.

El radicalismo aparece con menos problemas porque gran parte de su dirigencia santafesina ya se ha pasado a las filas de Juntos por el Cambio y se encolumna bajo la gran electora de las últimas elecciones: Carolina Losada.

¿Y que hará el peronismo para intentar retener la Gobernación? Si las diferencias internas se amortiguan como en estos últimos meses, la gestión de Omar Perotti tiene logros que exhibir para una campaña electoral que será dura, pero deberá consensuar un candidato que sume votos porque en esta provincia no hay reelección.

Desde la Nación o la provincia se vienen tiempos complejos porque todos ya están mirando hacia las elecciones de 2023 en una nueva lucha por obtener el poder. El asunto es saber qué harán con él.