Miércoles 02 de Marzo de 2022
Rondando el siglo V antes de la era cristiana, el general chino Sun Tzu escribió uno de los primeros tratados sobre el arte de la guerra. En sus primeras estrofas, la obra nos advierte: “La guerra es de vital importancia para el Estado; es el dominio de la vida o de la muerte; el camino a la supervivencia o al vacío: es forzoso manejarla bien. No reflexionar seriamente sobre todo lo que le concierne es dar prueba de una culpable indiferencia en lo que respecta a la conservación o pérdida de lo que nos es más querido; y ello no debe sucedernos”.
Para no dejar que ello ocurra, haremos caso a este clásico de la literatura castrense y leeremos el actual conflicto ruso-ucraniano buscando las claves para desandar los medios sobre los cuales se desarrolla el conflicto.
Si bien la finalidad de la guerra no se modifica, la manera de llevarla adelante sí. Ésta evoluciona a la par de los cambios políticos, sociales, económicos y tecnológicos de las sociedades, y quienes sean los primeros en reconocer, entender e implementar los cambios ganarán una ventaja decisiva por sobre quienes elijan leer el conflicto en términos clásicos. Por ello, pretendemos aquí hacer un recuento de los tipos de guerra que se desarrollan en el este de Europa.
Varios autores concuerdan en que, hasta el momento, los conflictos bélicos modernos han pasado por cuatro generaciones diferentes, siendo la primera la más antigua y la cuarta la que nos atraviesa hoy en día.
Primera generación: abarca desde la paz de Westfalia hasta mediados del siglo XIX y refleja las tácticas de la era del fusil de ánima lisa, las posiciones de línea y columna. Estos modos de llevar adelante el enfrentamiento son un espejo de los factores tecnológicos (por el hecho de que la línea maximizaba el poder de fuego), como también de las condiciones socioculturales de la época (las columnas de los ejércitos permitían un mayor control sobre tropas de bajo adiestramiento y nivel educativo)
Con el progreso de la producción industrial, las tácticas de línea y columna comienzan a desmoronarse en pos de las nuevas tecnologías de combate, entre otras los fusiles con retrocarga, al principio, y más tarde las ametralladoras. Estos adelantos instrumentales vuelven a las tácticas clásicas de combate en principio obsoletas y luego suicidas.
Segunda generación: es una respuesta a los desarrollos tecnológicos de la revolución industrial, como pueden ser el alambre de púas, la ametralladora, el fuego de artillería, el ferrocarril y el telégrafo. La gran diferencia con la primera generación radica en que el fuego de apoyo masivo reemplaza al enfrentamiento de masas de hombres.
Tercera generación: es una adaptación al incremento del poder de fuego; el enfrentamiento directo perece frente a las maniobras, a los golpes rápidos. Más que el enfrentamiento de fuerte contra fuerte, las tácticas de tercera generación son las no lineales, las que requieren una mayor flexibilidad. Aquí nace la guerra de maniobra o guerra relámpago (blitzkrieg).
Cuarta generación: es la manera actual en la que se desarrollan los conflictos, veremos que en ella se yuxtaponen enfrentamientos armados con ataques cibernéticos y campañas propagandísticas. En la era global, la guerra es global y se pelea en todos los frentes. Sabemos que cada cambio generacional está acompañado por cambios en las dimensiones del terreno donde se ejerce la fuerza, primero en espacios abiertos y luego en ciudades. En la cuarta, esta expansión incluye la totalidad de la sociedad del Estado adversario. La lucha se complejiza abarcando todo el espectro de la actividad humana. Los antagonistas se enfrentan en los ámbitos políticos, económicos, sociales, militares y comunicacionales empleando un híbrido de redes sociales y medios de comunicación masivos.
En fin, el territorio se multiplica y al clásico campo de batalla topográfico se le agregan el terreno virtual y la propia percepción de las poblaciones sobre los acontecimientos y sus realidades.
El exagerado poder de destrucción de los ejércitos actuales vuelve obsoletas las grandes concentraciones de soldados y material bélico, por lo tanto, las unidades se vuelven más pequeñas y ágiles buscando puntos clave para inmovilizar al enemigo (aeropuertos, centros de generación de energía, conexiones a redes de comunicación). Las maniobras del ejército Kremlin confirman estas afirmaciones, las batallas que tienen lugar en estos momentos en Ucrania se desenvuelven alrededor de estos puntos estratégicos.
Como se busca el colapso interno del enemigo más que su destrucción física, los blancos incluyen el apoyo de la población al gobierno y al esfuerzo de guerra o de resistencia. La revolución en la información permite que el conflicto se traslade a la comunicación y la geografía del conflicto sea el terreno discursivo, y es por ello que los medios de comunicación constituyen un medio esencial para influir en la opinión pública. Desde un tiempo a esta parte, la propaganda pasa a constituir un arma estratégica y operacional dominante.
Si vemos al conflicto europeo actual a la luz de lo hasta aquí reseñado, podremos esclarecer los acontecimientos y, sobre todo, visibilizar las correas de transmisión del conflicto. Veremos que este no se reduce a dos naciones en disputa sino a dos espacios hemisféricos, que aplican distintas formas de hacer la guerra.
Rusia apela a un híbrido entre el enfrentamiento armado en el terreno, utilizando su potencia de fuego, y un enfrentamiento en el plano virtual, mediante una batería de ataques cibernéticos al gobierno de Kiev. Pero hay más, los oponentes se enfrentan en el campo discursivo exponiendo y expandiendo sus derechos, reclamos y verdades sobre el conflicto. Esto se puede verificar en unas cuantas frases que Putin suelta en sus discursos, como la siguiente: “Una vez más hago un llamado a los militares de las fuerzas armadas de Ucrania: ¡no permitan que los neonazis y banderovtsi (ultranacionalistas ucranianos seguidores de la ideología de Stepan Bandera) usen a sus hijos, sus esposas y sus ancianos como escudos humanos! Tomen el poder en sus manos, así será más fácil negociar con nosotros que con esa pandilla de drogadictos y neonazis que se establecieron en Kiev y tomaron de rehén a todo el pueblo ucraniano”.
Estos discursos van dirigidos al plano de las ideas, atacan las convicciones del enemigo, el apoyo al gobierno y al esfuerzo de resistencia.
Pero cuando dijimos que la guerra es hemisférica lo decimos porque Occidente participa activamente del conflicto. Mientras Kiev aporta el esfuerzo bélico convencional, el resto de Occidente lucha en los otros planos característicos de la guerra de cuarta generación, apela a romper la cohesión interna de Rusia, atacando los planos sociales y económicos de la nación, esto es fácilmente visible analizando un puñado de titulares como los que tuvieron lugar en las últimas horas:
“Estados Unidos, Reino Unido, Europa y Canadá decidieron hoy bloquear el acceso de Rusia al sistema internacional de pagos Swift como parte de otra ronda de sanciones contra Moscú”.
“EEUU bloquea al Banco Central de Rusia”.
“Se congela la certificación del gasoducto Nord Stream 2”.
“YouTube anunció el bloqueo de los canales rusos RT y Sputnik en toda Europa”.
“Rusia ya no será sede del mundial masculino de vóley”.
“Adidas dejará de patrocinar a la selección rusa de fútbol”.
“Warner Bros canceló el estreno de la película de Batman en Rusia por la invasión a Ucrania”
Como vemos, Ucrania no está sola en la guerra, occidente es un contendiente muy comprometido en esta fusta del orden posglobal. En estos casos, vale recordar la célebre frase de lord Ponsonby: “Cuando se declara la guerra, la primera víctima es la verdad”.