Crónica de un devastador incendio de hace 100 años con detalles de triste actualidad
El 31 de diciembre de 1921 un descuido de un grupo de obreros desató un infierno en la estación de trenes Central Córdoba

Viernes 31 de Diciembre de 2021

Los bomberos llegaron demorados porque el teléfono de la estación estaba roto, debieron lidiar con la escasez de herramientas y equipos para el salvataje y, como si fuera poco, lucharon contra el fuego, la falta de presión de agua y la imprevisión de no tener bombas cercanas. Según el Diario La Capital, quedaron en pie sólo las paredes del bello edificio ferroviario de estilo inglés del bulevar Rosarino y la calle 25 de diciembre (hoy 27 de Febrero y Juan Manuel de Rosas). Pese a las tristes similitudes con la actualidad y para que nadie se confunda, esta es una noticia de hace 100 años. Un 31 de diciembre de 1921 se incendió la estación de trenes Central Córdoba. No hubo muertos, sí heridos y las pérdidas fueron totales. A seguir una crónica de los acontecimientos extraída de la Colección Histórica del Diario La Capital.

En 1890 comenzó a funcionar la empresa de capitales ingleses Ferrocarril Córdoba y Rosario (FCCyR) y un año después se liberó al servicio la línea Frontera-San Francisco/Rosario. De 1891, según reza una placa en la misma estación, es la inauguración de la terminal Rosario del FCCyR. En 1906 se crea el Ferrocarril Rosario y Buenos Aires (FCRBA) que en 1915 se fusionará con el FCCyR bajo el amparo de la empresa Ferrocarril Central Córdoba que había sido fundada en 1887. De allí la tradicional denominación de la estación y su indeleble impronta en los barrios Tablada y La Sexta de Rosario.

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Postal de 1910 de la Station of the Córdoba and Rosario Railway o Estación FCCyR del Rosario de Santa-Fé / Colección Alberto P. Esteve.

Para diciembre de 1921, La Capital sale a la calle todos los días a la mañana con un diario de entre 12 y 16 páginas. El ejemplar suelto vale 0,10 centavos (moneda nacional) y uno atrasado 0,20. El mes de suscripción para los rosarinos vale 2,50 pesos m/n y a partir de tres meses hay suscripciones para el interior del país y para el exterior. Las informaciones sobre el incendio de la estación Central Córdoba se inscriben en la edición del domingo 1º de enero de 1922 cuando La Capital presenta una tirada especial de 44 páginas. En esa misma edición hace las salutaciones de fin de año, avisa que el de la fecha será un día de “merecido descanso” para su personal y que retomará el contacto con sus lectores el martes 3 de enero.

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La estación Central Córdoba en una imagen fechada en 1920, antes del incendio, con su anterior fisonomía / Imagen de época (s/d).

Desesperación y destrucción

Ese 31 de diciembre de 1921 la alarma cundió a las 11:35 del mediodía. Según relatan las “Noticias de Policía” del Diario La Capital del 1º de enero de 1922 fue un carrero, de los varios que había siempre apostados frente al edificio ferroviario, quien alertó sobre una densa columna de humo que salía de una ventana del tercer piso.

En ese momento, el jefe de la estación Manuel J. Estévez salía de sus quehaceres y subía al tranvía, pero al escuchar la voz de alarma descendió desesperado del transporte.

Se hallaba en el edificio el “señor Ortega” (de quien el diario no ofrece más datos filiatorios), encargado de dar aviso a los bomberos mientras las llamas habían tomado la oficina anterior a la suya, ocupada por su secretario.

El pedido de socorro se demoró debido a que la línea telefónica estaba ligada (término que se utilizaba para un teléfono que no tenía tono pues había quedado en comunicación abierta con otro aparato). La llamada “no pudo hacerse con la rapidez debida” y determinó la “sensible demora” con la que los bomberos arribaron al lugar.

Fue así que los expertos no contaron con la “importancia” de los primeros minutos para desarrollar una “eficaz labor”. No colaboró el fuerte viento que soplaba del sector Este.

El fuego comenzó del lado izquierdo del edificio, que da a calle Buenos Aires, en una oficina del tercer piso donde se encontraba instalado “el archivo de la seccional y una cantidad enorme de libros de toda especie, más los legajos personales de todos los empleados”.

Según el relato del cronista de La Capital, “las llamas adquirieron gran incremento” y “en pocos segundos” el tercer y el segundo piso quedaron a merced del fuego. La “vieja escalera de madera de tres descansos” hizo de involuntaria conductora del fuego hacia abajo del edificio. Cuando los bomberos llegaron, el ala oeste de la estación estaba completamente tomada por el incendio.

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Las "Noticias de Policía" de La Capital del 1º de enero de 1922 se refieren al "siniestro de grandes proporciones" en la zona sur / Archivo Histórico Diario La Capital.

Sin presión de agua

El “meritorio cuerpo” de Bomberos arribó al lugar con sus “elementos” a las órdenes de sus jefes, el comandante Fidel Otero, y su segundo (?) Malaespina. Otero “apreció la magnitud del siniestro” y de inmediato “adoptó las disposiciones que la gravedad del caso imponía”.

Colaboraron agentes de la Policía de la Comisaría 6ª al mando del subcomisario o comisario interino Félix López y de la subcomisaría de la estación, así como numerosos empleados y vigilantes. Estaba en el lugar también personal de la Asistencia Pública.

Se desplegaron diez mangueras “pero se tropezó con el obstáculo insuperable de la falta de presión de agua”, una circunstancia que retardó el ataque al fuego e hizo que la experiencia y autoridad del jefe Otero quedara en evidencia. Primero ordenó utilizar una bomba instalada al costado de la estación y luego reunir los tanques de los trenes de carga que, “en virtud de las largas distancias” recorridas, llevan varios miles de litros de agua. También se retiraron preventivamente varios vagones cargados con mercaderías que se hallaban en la segunda vía. También se utilizaron las escaleras de los Bomberos para “el salvataje de todo cuanto se pudo salvar de las llamas”.

El combate al fuego y “tan grandes esfuerzos” no dieron el “resultado apetecido” debido a los factores circunstanciales antes mencionados, al viento y a la naturaleza del material accesible al avance de las llamas.

Así, el incendio se propagó al otro cuerpo de la estación, “apoderándose de la boletería, la confitería y otras oficinas inmediatas”. Había pasado sólo media hora de la voz de alerta y “la estación del Central Córdoba era una vasta hoguera”.

Sólo paredes en pie

La “peligrosa y ardua” labor se realizó con una “disciplina admirable y un espíritu de lucha digno del mayor elogio”. Se necesitó una hora “de intensa labor” para circunscribir el fuego “evitándose que adquiriera mayor importancia”.

Si bien no hubo que lamentar víctimas fatales, sí debieron ser atendidos por la Asistencia Pública seis soldados descompuestos “por efecto del formidable calor”, el bombero Lázaro González que resultó herido y contuso cuando se derrumbó el techo de la boletería de la estación, y su colega Pedro Sarval, el paciente más grave, con síntomas de asfixia, “pero se le pudo salvar a tiempo”.

Al realizarse el recuento de los daños, se destacó, aunque no pudo corroborarse, el salvataje del incendio de “catorce mil pesos” que se encontraban en las “cajas de fierro de las distintas oficinas”.

Cuando la desesperación se calmó la postal era devastadora. La Capital lo expresa sin rodeos: “El edificio de la estación ha quedado destruido, permaneciendo en pie las paredes”.

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Autoridades y vecinos observan los daños del incendio en una imagen publicada el 14 de enero de 1922 en la revista Caras y Caretas, y coloreada recientemente / Facebook/Carlos Márquez.

Servicio ininterrumpido

Inmediatamente llegó a Rosario una orden de la Metrópoli para que, “bajo ningún concepto” se interrumpiera el servicio de trenes. Para ello se montaron en unos galpones cercanos a la calle Maipú “las oficinas de control, con aparatos telefónicos y telegráficos”. Del lado este de la estación se organizó una boletería provisoria.

El movimiento de trenes siguió su marcha normal y “el aspecto imponente y ruinoso del edificio” terminó deparando una gran sorpresa para los maquinistas y guardas ferroviarios como para los pasajeros del convoy que a las 19:25 “como de costumbre” arribó a Rosario desde Córdoba.

La noticia del incendio circuló rápidamente por la ciudad. El “señor jefe político, don Juan Cepeda” se apersonó en el lugar del siniestro junto a otras autoridades municipales. También se pudo ver a numeroso público que “estacionóse durante toda la tarde frente al edificio incendiado”. Para el mantenimiento del orden se dispusieron varias parejas del escuadrón de seguridad.

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En su edición del 4 de enero de 1922, La Capital retoma los "ecos del incendio" y las actuaciones policiales / Archivo Histórico Diario La Capital.

Repercusiones y reconstrucción

El sumario del hecho estuvo a cargo del comisario López de la Seccional 6ª y tras la toma de declaración a jefes y personal de la estación se decidió la “detención preventiva” de cinco hojalateros y albañiles que reparaban un techo del tercer piso. De todos modos, las hipótesis sobre la causa del siniestro descartaron rápidamente “una mano criminal” y decantaron en un trágico “descuido” con un brasero encendido de dichos trabajadores.

En su edición del martes 3 de enero, La Capital asume un editorial llamado "Nuestras estaciones. Lo que reclama el progreso" y tomando como ejemplo la terminal incendiada acusa a las empresas ferroviarias de tener estaciones "viejas e incómodas", que "nunca fueron otra cosa que embarcaderos improvisados". El diario va más allá y exige lo que, cree, la localidad merece, ya que las estaciones locales "no corresponden a la importancia ni a las propias necesidades del tráfico de una ciudad del rango de Rosario".

El miércoles 4 de enero, el diario también posa su crítica sobre el gobierno provincial, ya que este debiera "preocuparse seriamente" en reformar, modernizar y mejorar "Los cuerpos de bomberos", como se titula el texto, de distintas ciudades santafesinas. Y en referencia al incendio en Rosario, expresa que "los servidores del cuerpo de bomberos han trabajado en forma admirable, supliendo con el esfuerzo personal la falta de buenos elementos". Y concluye: "Se ha puesto de manifiesto en forma palmaria la necesidad de modernizar el material que dicha unidad emplea en sus servicios".

El incendio significó una “dificultad enorme” para la prestación de los servicios de la empresa de ferrocarriles, sobre todo por la “destrucción de documentos”. El diario comenta que las dependencias siniestradas se hallaban “aseguradas en varias compañías” y quizás por eso la reconstrucción comenzó de inmediato.

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La reconstrucción de la estación empezó inmediatamente al incidente y para 1922 los trabajos estaban a pleno / FCCC - Colección ARAR.

La inauguración de las obras de reparación de la estación Central Córdoba se realizaron en 1926, fecha para la cual el edificio mostrará una nueva fisonomía, ahora de estilo afrancesado, con una cúpula y un reloj que coronan el cuerpo central de la estación. Es así como se la ve actualmente.

Tras la nacionalización de los trenes en 1948, el ferrocarril Central Córdoba quedó en el ámbito del Ferrocarril General Manuel Belgrano, se discontinuó el servicios de pasajeros y luego pasó a ser parte del Belgrano Cargas. Desde 2005, la estación Central Córdoba pertenece al entorno del parque Hipólito Yrigoyen, asentado en parte sobre terrenos ferroviarios. En 2016, el gobierno nacional ordenó una restauración general del edificio.

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En 2016, la estación Central Córdoba, ícono de la zona sur de Rosario, fue intervenida ediliciamente / Diario La Capital / Celina Mutti Lovera.

Foto de portada: Autoridades y vecinos observan los daños de un incendio que "solo dejó en pie las paredes laterales" en una imagen publicada el 14 de enero de 1922 / Revista Caras y Caretas.