Domingo 28 de Agosto de 2022
Justo cuando el Frente de Todos y Juntos por el Cambio crujían más que nunca, la figura de Cristina Fernández de Kirchner volvió a pegar las piezas de un sistema político que igual está resquebrajado.
Asediada por una investigación judicial que, cree la vicepresidenta, ya tiene escrita la condena, la líder del peronismo logró alinear detrás suyo tanto a sus incondicionales como a quienes no supieron ni pudieron desbancarla y construir un liderazgo alternativo.
Implacable, Cristina le exige a gobernadores, intendentes y caciques territoriales que paguen con lealtad lo que ella les da en votos para retener sus distritos. Por ahora lo consiguió, pero se verá hasta dónde están dispuestos a inmolarse esos viejos zorros de la política que, al igual que ella, también hacen cálculos en función de su supervivencia.
El fantasma de la proscripción sacó a la calle a un peronismo que venía de capa caída con una gestión que no le encuentra la vuelta a los problemas y que hasta la propia presidenta del Senado le escamotea el título de cuarto gobierno kirchnerista.
El desafío para CFK y La Cámpora es cómo mantener activa a la militancia y a la vez no desgastarla en lo que será una larga y áspera confrontación los adversarios con los que el kirchnerismo se siente más cómodo: la oposición, el Poder Judicial, los medios y los empresarios.
Si Horacio Rodríguez Larreta insiste con militarizar Recoleta, como ayer, a Cristina y los suyos esa tarea le será mucho más fácil. Desperfilado, el jefe de gobierno porteño da señales de dureza a un sector del electorado que no confía en él y ya eligió sus candidatos de la góndola de Juntos: Mauricio Macri o Patricia Bullrich.
Más allá de los errores no forzados del alcalde porteño, cada día que pasa Cristina parece dar más gestos de que el año que viene se pondrá el traje de candidata. En el peronismo leen que intentará ir por la presidencia y, si no le alcanza, se replegará en el bastión bonaerense.
En el universo justicialista también están atentos a alguna jugada de la vice en el Congreso para suspender o directamente eliminar las Paso, un escenario que hoy luce improbable pero que de concretarse le daría a ella y a La Cámpora la lapicera para el armado de las listas, y complicaría no sólo a la oposición sino a otras tribus justicialistas que no tienen la bendición del Instituto Patria.
Pero para que haya 2023 Cristina y el conjunto del peronismo necesitan que el ajuste con silenciador que ejecuta Massa, y que pasó desapercibido por las tribulaciones judiciales de la dos veces presidenta, estabilicen la economía, aplaquen una inflación que se encamina hacia los tres dígitos y que un fogonazo cambiario podría descontrolar.
En pleno “veranito financiero” que se vive en la city, el ministro de Economía prepara el viaje que emprenderá la primera semana de septiembre a Estados Unidos, en el que se pondrá a prueba la solidez -o, mejor, la liquidez- de sus contactos internacionales. Seguramente Massa espera tener mejor suerte que con el agro, que pulsea por un mecanismo más simple y que le garantice un dólar más alto para terminar de liquidar la cosecha.
Recostado en el lado más pequeño del triángulo del gobierno, Alberto Ferández intentó defender a Cristina en la misma tribuna donde jugaba de local cuando era un panelista opositor, pero la gaffe sobre el fiscal Nisman lo tapó todo. “Alberto no entendió que ser presidente no es un trabajo más y que ya no es un operador”, lamenta un dirigente justicialista.
El culto de la improvisación y el manejo desprolijo de la relación con los periodistas -un problema que, cuenta un albertista, se remonta a los orígenes de su administración- suma a la profesionalización de la comunicación presidencial a la larga lista de tareas pendientes para después de diciembre del año que viene. Qué dice el jefe de Estado y a quiénes, dónde, cuándo, cómo, por qué y para qué.
En tanto, la situación judicial de Cristina calmó por el momento la interna en Juntos. Tras el desconcierto inicial que provocó el peronismo market friendly de Massa, la alianza entre el PRO, la UCR y la Coalición Cívica vuelve a su zona de confort para levantar la bandera del republicanismo y confrontar con la jefa del kirchnerismo. También envalentona a Macri, que sueña con un mano a mano con CFK. Sería la final de la Copa Statu Quo.
“No tenemos que caer en la trampa y en la tentación de entrar en la escalada que nos quiere meter el kirchnerismo”, dice un dirigente de Juntos, que evita por el momento la confrontación callejera pero presentó en el Congreso un pedido de juicio político contra Fernández.
¿Por qué la oposición impulsa un impeachment que tiene nulas chances de prosperar? En un paper sobre Argentina y Brasil, los politólogos Aníbal Pérez-Liñán y Mariana Llanos plantean dos respuestas. Por un lado, la oposición busca exponer las fechorías del presidente, reales o presuntas, y debilitarlo ante la opinión pública. Por el otro, trata de representar la bronca de su electorado en un contexto de un contexto de escándalos de corrupción o pobre performance económica.
En este marco, Facundo Manes apostó por diferenciarse y explorar otro camino. Como se vio al comienzo de la pandemia, un sector no menor de la sociedad premia a las figuras políticas que no echan leña a la grieta. Y es tan cierto que es un tiempo de minorías intensas que alimentan la polarización como que las elecciones se ganan con los votos decisivos de los moderados y los independientes.
El neurólogo y diputado bonaerense recibió un guiño de Mónica Fein y Clara Garcia, que se reunieron esta semana con Juan Schiaretti. El PS le pide al gobernador cordobés, la eterna promesa del peronismo no kirchnerista, que sea protagonista de un armado nacional que, leen, esta vez podría no terminar en el callejón sin salida del medio.
Una derivación inquietante de este proceso es que dinamita cualquier puente entre el peronismo y la oposición, cuando falta una eternidad para las elecciones y gane quien gane el año que viene deberá reunir apoyos fuera de su coalición para encontrar soluciones a los problemas que siguen apilándose.
Tensiones
Lo cierto es que el derrotero de Cristina por los tribunales también abrió una situación novedosa en el peronismo santafesino. Después de muchos años de jugar en esquemas diferentes, dirigentes de distintos espacios que se expandieron con la referencia de Néstor y Cristina volvieron a estar todos juntos. Por ahora nadie quiere hablar de un acuerdo electoral, pero reconocen que la velocidad de la dinámica política y el revival kirchnerista abre escenarios impensados poco tiempo atrás.
Incluso Omar Perotti, reticente a ese tipo de posicionamientos nacionales, salió en redes sociales a apoyar a la titular del Senado.
Sin embargo, lo que Cristina une las paritarias lo dividen. Dirigentes de distintos espacios salieron a pegarle al gobernador por su dura postura frente a las medidas de fuerza de docentes y estatales.
“Él lee que llegado el momento el voto kirchnerista lo va a tener igual y manda un mensaje hacia la clase media enojada por cómo desorganizan los paros la vida de las familias”, interpretan desde el PJ.
Mientras tanto, en la oposición avanza el armado del frente de frentes. Un camino no exento de tensiones: a regañadientes, los radicales aceptaron sentarse el próximo miércoles a la mesa provincial de Juntos por el Cambio. Una instancia que, entienden en la UCR, es una señal errónea hacia el PS y Pablo Javkin, a quienes llamarán después del encuentro para recalcarles que quieren armar un nuevo frente.
El PRO se mantiene firme en su postura: quiere tiempo para pulir el programa y, sobre todo, exige que el acuerdo provincial esté vinculado al nacional. “Santa Fe no puede ser una isla”, sostienen.
Foto: Celina Mutti Lovera / La Capital
Mientras la política arma en la mesa de arena esquemas electorales para 2023, se espesa el caldo de cultivo que alimenta, entre otros problemas que la política no sabe cómo resolver, al narcotráfico.
Unos días antes del megaoperativo “Rosario-Dubai” que secuestró 1.600 kilos de cocaína en Empalme Graneros lista para ser enviada hacia el emirato árabe, fuerzas federales y provinciales realizaron 57 allanamientos en barrio Ludueña para golpear a las bandas que se disputan a sangre y fuego el negocio del narcomenudeo.
En línea con lo que planteó el fiscal Pablo Socca, que dijo que después de las detenciones ya había treinta jóvenes llevando su currículum para convertirse en soldaditos, desde el área social de la municipalidad reconocen la penetración territorial del narco. “Ya no alcanza con volcar recursos. Además de reconstruir una matriz productiva hay que trabajar sobre el capital simbólico, los pibes no sólo buscan un ingreso sino también reconocimiento”, analizan.