¿Cómo funciona en Rosario el negocio de los kayaks?
En Rosario los precios van desde $70 mil a más de $200 mil. Las escuelas de kayakismo son un boom y la demanda se mantiene. Eso sí, las ventas mermaron tras el gran crecimiento que tuvieron en épocas de pandemia

Lunes 13 de Febrero de 2023

Es indudable, el kayakismo en Rosario no para de ganar adeptos y cada vez más personas se vuelcan al río como hobby o deporte. Las escuelas de kayak trabajan a ritmo sostenido y nuevas guarderías surgieron para acompañar el crecimiento del parque náutico rosarino que se consolida como el segundo más grande del país, después del Delta Bonaerense, que incluye a las localidades de San Fernando, Olivos, San Isidro y Tigre.

Fabricantes coinciden en que la demanda volvió a niveles “normales” luego de experimentar un boom en pandemia, momento en el cual las restricciones para viajar hicieron que muchas personas eligieran al kayak como su compañero para salidas recreativas. Sin embargo, se trata de una actividad que desde hace años viene creciendo y en la que no frenan los pedidos y consultas de nuevas embarcaciones.

Aun con viento de cola, el negocio no está exento de los problemas que aquejan a gran cantidad de pymes y fabricantes que deben enfrentar un alto contexto inflacionario, sumado a la especulación de proveedores y variaciones del dólar blue para aquellos materiales que, desde hace años dejaron de fabricarse en el país, y hoy deben ser importados. Pese a estos contratiempos, las marcas parecen arreglárselas bien para seguir vendiendo sin resignar oferta, diseño y, principalmente, calidad.

A buen ritmo

“Hubo una baja con respecto a la pandemia, pero el interés sigue en aumento y más gente elige el kayak como un deporte, como forma de esparcimiento y como la posibilidad de un encuentro entre amigos”, señaló a Negocios Miriam Salvucci, al frente de Náutica Baum. La emprendedora contó que suelen guardar stock de algunos modelos, aunque en líneas generales trabajan a pedido del cliente y con una demora de entre diez y quince días en la entrega, mientras que en pandemia esta era de 35 a 40 días.

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Miriam Salvucci de Náutica Baum.

Sebastián Muñoz, dueño de Matrix Kayaks y Palas, señaló que hoy están vendiendo entre cuatro y cinco botes por mes, cuando en las mejores épocas llegaron a 12 o 13. “Los modelos de kayak simple para travesía siguen siendo los más elegidos, tengo dos que valen 200 mil y 215 mil”, explicó el fabricante. De travesía se le llama a aquellos diseñados para navegar en el mar, pantanos y ríos y pensandos para trayectos más extensos. Son más largos y estrechos que los llamados kayaks de recreo, lo que los hace más veloces y eficientes.

Por su parte, Hugo Sírtori, quien se dedica hace 28 años al rubro y está al frente de la marca Kayaks Meridien, indicó que, más allá del costo que implica su compra, es una opción muy económica para personas que van a menudo a la isla y gustan de acampar, teniendo en cuenta que los cruces en lancha rondan los $1.500.

“Yo no hago stock para vender, sino que mis clientes son mis mejores vendedores desde hace años. En mi caso trabajo solo y no siento que me haya bajado la venta, vendo un kayak por semana y con un tiempo estimado de entrega de cuatro meses y medio, además considero que tengo calidad a precio acorde y con modelos que van de kayaks simples hasta uno de travesía full equipado con timón”, sostuvo el emprendedor.

Si de trayectoria hablamos, otro nombre que destaca es Weir Kayaks, una de las empresas familiares pioneras en el sector. Con 33 años de experiencia en la fabricación, Gerardo Weir, alias “el colorado”, explicó a Negocios que hoy la demanda está en un buen nivel. La marca cuenta con 18 modelos de simples, tres modelos de dobles e incluso triples y gustan de incursionar en la producción con materiales no convencionales como, por ejemplo, palas de carbono. Los precios oscilan entre los $130 mil y los $250 mil, mientras que un remo puede costar $12 mil.

También es innegable la relación que existe entre el fabricante de kayaks y las escuelas que enseñan este deporte, no solo desde el costado económico sino desde lo humano. En este sentido, Pablo Picard habla teniendo en cuenta ambas aristas, ya que posee su academia en la guardería Cocodrilo y hace un tiempo que se lanzó con su propia marca: Picard Kayaks, con la cual equipó la flota de su “escuelita”.

“Se construye una situación de confianza entre la persona que toma clases y el maestro. Uno tiene dos maneras de acercarse a la actividad, o compra un kayak y viene a la escuela o empieza tomando clases y después se anima a ir por un modelo propio. El hecho de que muchos sean mis alumnos me permite otro vínculo, también ofreciéndoles un lugar para que puedan guardar su embarcación en Cocodrilo”, señaló Picard, quien esta temporada vendió alrededor de 15 botes, con una demora de quince días y con un precio promedio de $145 mil.

No parar de remarla

En el caso de Baum, los precios de los kayaks se destacan por ser económicos en comparación con la competencia, aunque la marca también sufre los embates de la economía. Un single (kayak individual) sencillo arranca en los $70 mil e incluye remo y salvavidas, mientras que uno doble está $160 mil cuando el año pasado costaba la mitad, según Salvucci.

“Esta temporada estamos un 30% por debajo en ventas y eso que nuestros precios son accesibles por política de la empresa, pero la realidad económica afecta al negocio. Esto se ve reflejado en que antes la gente elegía pagar con efectivo y ahora no puede entonces aprovecha los días que tenemos promociones con tarjeta”, señaló.

Para el dueño de Matrix, hay un aumento constante en los materiales, muchos de los cuales se manejan con la referencia del dólar blue. Un ejemplo es la fibra de vidrio que se trae de países como China y Brasil y que, al combinarse con la resina de poliéster, forma un material compuesto que es rígido, resistente y de poco peso. Es así, que un kayak de este material pesa en promedio 12 kilos.

Muñoz agregó que la única forma de congelar el precio es pagar el 100% del costo al momento de hacer el encargo, aunque algunos kayakistas optan por abonar un 70% a sabiendas de que el 30% restante será ajustable a los aumentos que se registren. Sírtori sumó el problema de escasez en materiales como tornillos y chapa que se da en momentos donde sube repentinamente el dólar y los proveedores a veces optan por especular y no vender.

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Gerardo Weir usando sus propios kayaks en el río Paraná.

En el caso de una pyme como Weir, Gerardo aseguró que lo más difícil para un país como la Argentina, es pensar en un proyecto a largo plazo. “Es difícil conseguir materia prima y los precios van variando un poquito todos los meses. Hay marcas de kayaks que directamente están dolarizadas a valor blue, nosotros no, pero a la hora de pensar en planificar los plazos son cortos, de acá a tres meses, seis meses, no mucho más porque además cambia el Gobierno y no sabés cómo te va a afectar”, reflexionó.

A su vez, consideró que el menor poder adquisitivo de las personas afecta la posibilidad de innovar con modelos y materiales, aunque siempre hay formas de ingeniárselas para acompañar el desarrollo del sector. “Nosotros hacemos diseño, modelismo, construcción de matrices y del producto en sí, pero si el poder de compra fuera mejor, la calidad avanzaría a pasos agigantados, incluso podríamos estar usando resinas de la industria aeroespacial”, señaló entre risas.