Lunes 14 de Marzo de 2022
La semana pasada se viralizó el caso de un rosarino que pidió una pizza a domicilio y se la entregaron con algunas porciones menos. El hombre llamó a la pizzería y le dijeron que se las había comido el cadete. Todo terminó bien porque después le mandaron otro pedido de regalo por las molestias ocasionadas. Pero la masificación del caso generó comentarios de otros clientes que habían sufrido el mismo inconveniente.
Por ejemplo a Pablo Procopio, periodista de La Capital, le pasó un episodio similar: pidió una tira de asado con ensalada por una app, y una vez en camino la aplicación le informó que el pedido había sido suspendido. Allí llamó al local para quejarse, donde le prepararon su comida nuevamente, aunque esta vez la pasó a buscar él en persona.
Ya en el lugar le contaron que es un episodio repetido que los repartidores se coman los pedidos. Si bien cuando el usuario hace el reclamo la app siempre se lo reconoce, porque al local le avisan que el envío se anula y al consumidor le devuelven el dinero, los dueños de bares y restaurantes dicen que no pueden hacer nada para evitarlo.
Es una práctica frecuente, que además según los propietarios, está en crecimiento aunque es difícil de cuantificar. Calculan que uno de cada 30 pedidos tiene problemas, un 3 por ciento. Pasa tan seguido, que hay charlas entre las entidades que agrupan a los gastronómicos y la principal aplicación para empezar un relevamiento y ver así la escala del tema. Todo eso en torno a evaluar medidas en conjunto para minimizar el impacto.
En el caso de los pedidos que se pagan en efectivo, nadie tiene mayor inconveniente porque el local cobra lo vendido. Esto tampoco le genera ningún perjuicio al cliente, más allá de la demora propia de tener que encargar su pedido de nuevo, porque no hay que pedir compensación económica o reintegro.
Cuando los clientes abonan con tarjeta previamente, luego se le reconoce por parte de la aplicación y hay una devolución. Además, la plataforma le paga al comerciante el costo de la mercadería, que es entre un 40 y 50 por ciento. El proceso es algo engorroso, porque hay que tramitarlo por una nota de crédito por medio de un chat, pero eventualmente llega.
Las conversaciones con la empresa tienden a poder magnificar la escala del problema, y el planteo de los gastronómicos apunta a tomar medidas más severas en relación a los cadetes, ya que es una práctica que evidencia irresponsabilidad y falta de criterio de los trabajadores. En ningún caso el comercio tiene responsabilidad en la omisión de entrega de pedidos, o con elementos faltantes.
La bebida, los postres y las empanadas son las cosas más simples que suelen faltar. "Cada tanto pasa que compran un plato de pastas y una torta, y la torta no llega. O que compran una pizza con una cerveza o gaseosa, y no le entregan la bebida, cuando por las cámaras vemos que se la dimos en la mano al cadete", reseñó otro comerciante de unos de los principales corredores gastronómicos.
"Se comen empanadas, manejan muy rápido y la comida llega chorreada o torcida. Y los clientes siempre piensan que la responsabilidad es del comercio, no del cadete", contó otro comerciante de una importante pizzería. Incluso un tercero plantea que imaginó un sistema de planillas en las que les haga firmar a los repartidores qué productos se llevan, para que quede constancia de la entrega.
Producto de esto, varios comercios ya implementaron una faja de seguridad para las cajas, como un refuerzo claro de que el pedido sale cerrado del local. "Eso le da menos margen a los cadetes, que ante un recipiente abierto, se pueden tentar", apuntó uno de ellos, de un local especializado en minutas.
Desde una reconocida cadena de empanadas reconocen que tuvieron casos últimamente, en los que por ejemplo envían una docena y el cliente llama quejándose porque llegaron solo diez, por lo que comenzaron a poner esa cinta de seguridad. "Desde que lo pusimos, no tuvimos tantas quejas. Si aparece roto, el cliente ya sabe que le abrieron la caja", detallaron.
Tercerizados
A grandes rasgos, el 70 por ciento del mercado es con repartidores de las app y el 30 por ciento con personal propio de los locales. "Al no ser empleados tuyos, tienen otras libertades. Tenés la herramienta de denunciarlos, pero no sabés bien qué pasa después. Y con el cliente quedás pésimo, si les llega una caja manoseada no te vuelven a comprar", agrega.
Hay marcas que apuestan todo al propio reparto con descuentos, y otros que, a pesar de que es más caro, trabajan con los de las aplicaciones y no quieren saber nada con propios por temor a los juicios laborales, en un rubro que trabaja en la calle y es el más propenso a tener accidentes, lo que también duplica la alícuota que pagan por ART.
Si bien acepta que hay empresarios que no le pagan correctamente a sus cadetes, cuando es alguien de adentro se puede saber quién fue, pero tampoco es fácil: "Te enteras a los dos días cuando ves la queja en Google. Tenés que rastrearlo por sistema, y no todos lo tienen aceitado", admite la fuente.
Los repartidores se defienden
Por el lado de los cadetes, aportaron otra visión. "Mirá, honestamente no conozco ninguno que se coma los pedidos porque eso puede significar una sanción o bloqueo de cuenta y quedar sin laburo. Por eso, si es que pasa, te aseguro que es completamente por necesidad", afirmó Maxi, que forma parte de la red de trabajadores precarizados e informales ante la consulta de La Capital.
El joven afirmó que el sueldo de la mayoría no llega ni a la mitad de la canasta básica, que en enero trepó cerca de los 80 mil pesos, en el marco de una desprotección por no tener ningún derecho laboral, ya que trabajan como monotributistas y sin relación de dependencia. "Es una situación que yo creo va a empeorar ahora que el gobierno firmó el acuerdo con el FMI, que va a implicar mayores ajustes como más inflación, devaluación y aumento de las tarifas", analizó.
Para colmo, mencionó que la guerra entre Rusia y Ucrania ya hizo que aumente el petróleo, lo que seguramente signifique otro aumento más de nafta, uno de los mayores costos que tienen para trabajar, junto con la comida y los arreglos o robos de las herramientas de trabajo como son la moto o bicicleta y el celular, que corren por cuenta de cada cadete porque las empresas no se hacen cargo. "Ni hablar que muchos de los pibes y las pibas tienen familia o hijos a cargo. Es decir, es una situación muy complicada en la que estamos, por eso no me resultaría extraño que pase esto de que se queden con la comida", finalizó.