Miércoles 02 de Noviembre de 2022
La superpoblación de palomas es un problema que tiene a Rosario a maltraer desde hace tiempo y en el Concejo ya comenzaron a debatir un programa específico para controlar la natalidad de los ejemplares que hay en la ciudad. La iniciativa busca extender una modalidad que se viene llevando adelante en cinco plazas de la ciudad y especialistas recomiendan que las mismas se extiendan a otros parques de Rosario, además de complementarlas con repelentes ecológicos.
La principal causa de la llegada de las palomas a la ciudad se centra en la degradación del medio ambiente, con la deforestación en el norte de la provincia y en Santiago del Estero, y los incendios en las islas como exponentes.
La reunión de esta semana en la comisión de Ecología y Ambiente del Concejo giró en torno a tratar el proyecto de creación del “Programa de control de palomas urbanas”, presentado por los ediles Miguel Tessandori y Valeria Schvartz, con el objetivo de llevar adelante una vigilancia de la natalidad de las especies que hay en la ciudad.
El proyecto propone encarar este control a través del anticonceptivo nicarbazina, algo que ya se viene haciendo, con el fin de inhibir la ovulación de las palomas. Los ediles pusieron como ejemplo un trabajo que se lleva adelante en Córdoba.
La nicarbazina impide la síntesis de calcio en las aves, con lo cual no pueden formar cáscaras para poner huevos, según explicó a La Capital el ingeniero agrónomo Fernando Cocconi, quien trabaja junto a la Municipalidad en la dosificación de granos impregnados con nicarbazina en cinco plazas de la ciudad: San Martín, Sarmiento, Montenegro, del Foro y Pringles.
“Se tendría que hacer extensivo a más plazas y trabajar con un repelente para que se vayan a otros lados”, expresó el ingeniero, y agregó: “El repelente es a base de alicina, que se saca del ajo. Se puede usar en la ciudad, se aplica sobre una masa verde y es ecológico. Con esas dos medidas, la población mermaría considerablemente”. Es más, Cocconi afirmó que en la plaza Pringles se aplica este repelente.
Sobre los hábitos de las palomas, profundizó: “Pueden volar 50 kilómetros desde donde duermen a donde comen y hacer el mismo recorrido para volver. Defecan cinco kilos de excrementos al año, donde están contenidos todos los virus y bacterias que transmiten enfermedades”.
A su vez, advirtió que las palomas “no están decretadas como plagas y no se las puede matar”, además de que cualquier intento por poner veneno puede perjudicar a otros animales: “Si un gato se come una paloma envenenada, se muere también”, indicó el profesional.
Deforestación y migración forzada
El especialista explicó que las razones por las que las palomas llegan a la ciudad se centran en la degradación que sufre el medio ambiente.
En primer lugar, mencionó la “deforestación que sufrió Santiago del Estero y el norte de Santa Fe. La paloma busca refugio y comida, y por eso se escapa”.
El informe anual 2021 de Greenpeace indica que el año pasado, en el norte del país se arrasó con 110.180 hectáreas, de las cuales casi la mitad (52.290 hectáreas) corresponden a Santiago del Estero.
Cocconi describió que ya trabajó con la aplicación de repelentes en campos del norte provincial, porque “hay lugares donde no se puede sembrar más girasol, por las palomas”.
Por su parte, otro de los motivos por los cuales las palomas vienen hasta la ciudad son los incendios en las islas.
Complicaciones en la salud
Las palomas son potenciales agentes transmisores de enfermedades al humano y sus excrementos deterioran las superficies en donde se acumulan. Desde hace algunos meses, la Dirección de Control de Vectores municipal alimenta con granos con nicarbazina a estas aves para controlar la natalidad de los ejemplares, pero la medida no alcanza.
>>Leer más: La superpoblación de palomas ya es un problema serio en el centro
El ejemplar que presenta una mayor proliferación es la torcacita, que vive en los árboles; la columba, de mayor tamaño, es parte del paisaje de la ciudad desde hace décadas pero no se reproduce tanto como la primera. Esta última especie es la que anida en construcciones deshabitadas y en viejos edificios del centro.