Antonio Tarragó Ros: "Rosario es la cuna del chamamé, aunque el vientre es Corrientes"
El músico regresa a la ciudad para el cierre del ciclo "Chamamé Club" que se realizará este viernes en Distrito Siete

Jueves 17 de Noviembre de 2022

Siempre verborrágico y frontal, Antonio Tarragó Ros suele disparar reflexiones que invitan a repensar el mundo de la música y la cultura nacional. En diálogo con La Capital, el músico de Curuzú Cuatiá repasa su vínculo artístico y familiar con Rosario y cuenta parte de sus proyectos futuros. En esta ocasión, la visita a la ciudad responde a una invitación especial para el cierre del ciclo “Chamamé Club”. El evento se desarrollará mañana a las 21 en el Distrito Siete (Ovidio Lagos 790) y la grilla artística incluye a Tortul-Farhat-Ayala Trío, además de una gran chamameceada de trasnoche.

Según contó, Rosario forma parte de sus proyectos más cercanos, al punto de afirmar que “sería la gloria terminar viviendo en Rosario”. En ese sentido, Tarragó Ros ya habló con el intendente Pablo Javkin -a quien acompañó en la movida de los intendentes en el obelisco por la quema de las islas- y con el productor Pepe Grimolizzi para festejar el centenario del nacimiento de su padre el 19 de junio de 2023 en el Monumento a la Bandera. Planea hacerlo reuniendo cien acordeonistas de todo el mundo en un video con el saludo musical de don Tarragó. “Los sueños más gigantescos yo los pienso siempre en Rosario”, afirmó el chamamecero.

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“Nunca me voy a retirar”, afirmó el artista.

Cada vez que venís a Rosario se recuerda mucho la presencia de tu padre en la ciudad. ¿Qué significa eso para vos?

Para mí venir a Rosario es venir a un lugar que amo, un lugar que me conmueve, donde he sido amado hasta el delirio. Acá me encontré con mi padre después de muchos años, y es el lugar donde me hice chamamecero. Papá estaba muy enfermo, sin embargo no bajaba las banderas, vivía en una casa alquilada siendo una gran figura y yo decía “¡qué heroísmo este tipo!”. Eso hizo que yo me haga un chamamecero a ultranza y que el chamamé sea el sentido de mi vida.

¿Qué importancia histórica ha tenido Rosario para el desarrollo del chamamé?

Toda. Creo que Rosario es la cuna del chamamé, aunque el vientre es Corrientes. Rosario acunó a los más grandes chamameceros de la historia como Tránsito Cocomarola, Ernesto Montiel, Damasio Esquivel que es rosarino, Isaco Abitbol, Mario Millán Medina. Todos tocaban en el conjunto de Emilio Chamorro en un lugar que se llamaba “La Ranchada”, que después fue “El rancho de Ramón Merlo”. En ese lugar “anidaban” los chamameceros y los músicos se encontraban con la gente que iba a trabajar al frigorífico Swift y a otras empresas. El chamamé elige a veces. En Rosario surgieron Los Trovadores del Norte, con “Puente Pexoa”, además el tema más famoso de Fandermole, un poeta y compositor extraordinario que yo admiro tanto, es un chamamé (“Oración del remanso”). El chamamé dijo “qué buen autor éste, me voy a meter en el corazón de él para que me haga uno”. Esas magias tiene el chamamé, que me sorprenden y me hacen sonreír.

A la música que atesoró el más humilde en su corazón, la Unesco la consideró patrimonio inmaterial cultural de la humanidad A la música que atesoró el más humilde en su corazón, la Unesco la consideró patrimonio inmaterial cultural de la humanidad

En otras épocas el chamamé no era considerado dentro del panorama folclórico. ¿Qué fue ocurriendo para que la situación actual haya cambiado tanto y hoy se lo valore?

Es cierto, en otras épocas el chamamé era el patito feo del folclore. A mí en las peñas de Buenos Aires no me dejaban tocar porque decían que el chamamé no era para esos lugares. En Rosario sí, yo tocaba en el rancho de Arsenio Aguirre, que era una peña “finísima” donde tocaban grandes figuras. Me contrató Arsenio, me enamoré de su hija Perlita, nos casamos y tuvimos a Irupé. Era una música muy maltratada, del pobrerío. Sin embargo, fijate vos, a esa música que atesoró el más humilde en su corazón, la Unesco la consideró como patrimonio inmaterial cultural de la humanidad, como ninguna otra música folclórica lo es.

Tuviste mucho que ver en la conquista de espacios para el chamamé. ¿Dónde reside la fuerza de esta música para que eso suceda?

La fuerza del chamamé creo que reside en la danza. Mi obsesión es que todo el mundo baile en la Fiesta del Chamamé y en Cosquín también ya que empieza el año del centenario de mi papá. El se desesperaba cuando la gente no bailaba y yo escribo “María va”, que no sé si es un tema para bailar, y ahora me doy cuenta que papá tenía razón, que el chamamé se salvó porque era bailable.

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¿Considerás que es un reconocimiento importante el hecho de que te convoquen para el cierre del Chamamé Club? ¿Sentís que fortalece al género ese encuentro con chamameceros más jóvenes?

Es algo que me honra mucho. Que me convoquen al cierre del ciclo ante tantos jóvenes y gurises con los que estuvimos conversando e intercambiando opiniones sobre los orígenes y los protagonistas, lo considero un mimo muy lindo. Hay mucha juventud en el chamamé y en el folclore en general hay mucho público joven. Así como apunto a que la platea de Cosquín baile cuando estemos haciendo el homenaje a mi padre, me voy a preocupar para que bailen mucho el viernes.

¿Cuáles son las luchas que creés que aún debés continuar, a pesar de tantos logros en tu historia? ¿Qué te está faltando hacer?

Me falta tiempo, me gustaría tener cien años más para seguir haciendo cosas y te tengo una mala noticia: nunca me voy a retirar. Voy a seguir hasta el último suspiro de mi vida haciendo chamamé, lo cual me tranquiliza mucho. Ahora estamos haciendo con Landriscina una obra sobre oficios camperos, por ejemplo. También hice con Pacho O’Donnell un chamamé sobre Artigas, dentro del marco de la obra “Pasiones de la historia argentina”. Con el payador José Curbelo escribí en décimas la epopeya de toda la obra de Artigas y los pueblos libres, un cancionero con el que pienso recorrer todo su itinerario y terminar en Paraguay, donde terminó sus días. Y después de hacer la gira, quiero hacer un concierto en Montevideo donde está su monumento y llevarle también una flor a Alfredo Zitarrosa. Me falta hacer eso y, vivir en Rosario unos días, eso me encantaría, para encontrarme con amigos que quiero tanto como Llopis, Cánepa, Carlitos Arce. Me gustaría ir y estar con gente que quiero tener cerca y con recuerdos de gente que he amado mucho, sería la gloria terminar viviendo en Rosario.