El cerebro también sufre las altas temperaturas. Quiénes deben estar más atentos. Qué hacer cuando hay mareos y niebla mental por calor
Lunes 26 de Enero de 2026
Las altas temperaturas llevan días sin darle descanso a los rosarinos. Más allá de las molestias obvias, la ola de calor puede generar problemas a nivel neurológico. Durante el verano, sobre todo cuando pasa muchos días sofocantes, los más afectados suelen ser los niños, los adultos mayores y quienes tienen antecedentes de problemas cerebrales aunque cualquiera puede sufrir efectos indeseados. ¿Cuáles son los consejos indispensables para evitar descomposturas, y hasta internaciones?
En verano, la vida al aire libre y los viajes son más frecuentes, sin embargo, estas actividades se ven alteradas por el calor extremo, la deshidratación y la alteración de los hábitos diarios pueden impactar de manera directa en el funcionamiento del cerebro, especialmente en personas con antecedentes neurológicos, adultos mayores y niños.
La deshidratación, por ejemplo, afecta gravemente al cerebro, que es 85% agua, causando "niebla mental", dificultad de concentración, fatiga, dolores de cabeza y alteración en el rendimiento cognitivo, entre otras consecuencias.
Tanto niños como adultos son susceptibles a golpes de calor. Los chicos (especialmente menores de 5 años) tienen una termorregulación inmadura y pierden líquidos con mayor rapidez, mientras los adultos mayores tienen sed disminuida y mayor riesgo asociados a enfermedades crónicas o medicamentos, lo que los hace más vulnerables, requiriendo hidratación constante y ropa adecuada, y evitando horas de calor intenso para prevenirlo.
“En esta época del año es frecuente que se subestimen síntomas como mareos, dolores de cabeza, confusión o fatiga. Muchas veces están vinculados al calor o a la falta de hidratación y requieren atención”, destacó Máximo Zimerman, especialista en neurología y director Médico de Alcla.
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Estos son los cinco consejos indispensables
Hidratación: el cerebro es uno de los órganos más sensibles a los cambios de temperatura y a la deshidratación. La deshidratación afecta gravemente al cerebro, que es 85% agua, causando "niebla mental", dificultad de concentración, fatiga, dolores de cabeza y alteración en el rendimiento cognitivo (memoria, atención, toma de decisiones) al ralentizar la comunicación neuronal y alterar su forma y actividad, pudiendo llevar a problemas graves si es severa. Por esta razón, es fundamental tomar agua de manera frecuente, incluso sin sentir sed, evitar la exposición al sol en horas pico y sostener rutinas de descanso.
Actividades recreativas: en momentos donde hay más tiempo para el ocio, los juegos de mesa, la lectura y los encuentros sociales favorecen la estimulación cognitiva y el bienestar emocional. Es importante pensar actividades para ancianos, que sean refrescantes y seguras, enfocándose en la hidratación y evitando horas picos de sol. La natación, el aquagym, los paseos tranquilos en parques al atardecer son buenas recomendaciones.
Actividad física: hacer ejercicio con calor aumenta el riesgo de sobrecalentamiento, deshidratación y golpes de calor, especialmente para adultos, ya que el cuerpo lucha por regular su temperatura. La recomendación es entrenar temprano/tarde, elegir lugares frescos o climatizados, beber mucha agua, usar ropa ligera y adaptar la intensidad, evitando las horas centrales del día, donde el sol es más fuerte y el riesgo es mayor. Se recomiendan caminatas y ejercicios moderados, adaptados a cada persona, para favorecer la salud cerebral.
Alimentación: se sugiere una alimentación saludable para el cerebro. Esta se basa en nutrientes clave como omega-3 (pescado azul, nueces, semillas de lino), antioxidantes (arándanos, frutas y verduras coloridas, chocolate negro) y vitaminas del grupo B (huevos, legumbres, carne roja), además de carbohidratos complejos (cereales integrales) y proteínas para energía y neurotransmisores, mientras se mantiene la hidratación con agua y se limitan alimentos procesados para proteger contra inflamación y deterioro cognitivo.
Descanso y rutinas: dormir bien y mantener horarios regulares, aun en vacaciones, es esencial para la memoria, la atención y el estado de ánimo. El descanso adecuado permite que el cerebro se recupere y procese la información del día.