Lunes 23 de Octubre de 2023
Sergio Massa lo hizo. El candidato a presidente de Unión por la Patria revirtió la derrota en las Paso, metió al peronismo en el balotaje y quedó en la pole position para ganar la Presidencia.
Al contrario del dicho, al menos esta vez, relato mata dato. Con una inflación de 138% anual, 40% de pobreza y el dólar paralelo en la zona de los mil pesos, el ministro de Economía logró articular una propuesta que lo diferenció de sus principales competidores, Javier Milei y Patricia Bullrich.
Entre las Paso y las generales Massa sumó a su cuenta personal más de un millón de votos y ocho puntos porcentuales.
En Santa Fe se dio una situación similar. Si bien no le alcanzó para recuperar el distrito, el exintendente de Tigre cosechó 150 mil votos más, que se traducen en un ocho por ciento extra.
En un mapa pintado mayoritariamente de violeta, el peronismo con Massa a la cabeza y el apoyo de los gobernadores logró recuperar entre las primarias y las generales Corrientes, Entre Ríos, Río Negro, Santa Cruz, Tucumán, La Rioja y Tierra del Fuego.
Se suman a otros distritos que ya tenían el color azul desde el 13 de agosto: Formosa, Chaco, Santiago, Catamarca y la estratégica provincia de Buenos Aires. Allí Massa pasó del 34% al 43% y cosechó casi 700 mil votos más que en las Paso.
En estos dos meses, con medidas como la eliminación de la cuarta categoría para el impuesto a las ganancias, los reintegros a las compras con tarjeta de débito y la advertencia de cuánto saldría el boleto del transporte público —una jugada especialmente efectiva en el Amba— Massa logró fidelizar la base de las primarias y recuperar terreno entre el electorado histórico del peronismo.
Frente a una elección que parecía perdida, Massa se cargó al hombro tanto a un gobierno virtualmente acéfalo como a un peronismo hambriento de conducción. Con su optimismo a prueba de todo, el exdirector de la Anses ofreció a un liderazgo a un justicialismo desorientado, alineó a jefes territoriales, sindicalistas y dirigentes sociales y le dio combustible a la militancia, tanto la orgánica como la silvestre, que veía con horror el escenario de UxP tercera y con un balotaje disputado entre Milei y Bullrich.
Pero además, Massa logró tocar la fibras emocionales correctas para atraer voto estratégico. Electores radicales, moderados del PRO, socialistas e independientes adelantaron un voto a Massa que tenían pensado para el balotaje, ante el temor de que Milei ganara en primera vuelta.
Su discurso al cierre del domingo dejó señales de lo que viene en el intenso mes que queda hasta el balotaje del 19 de noviembre.
Dio casi todo su mensaje solo, con la bandera celeste y blanca a sus espaldas y estrenó slogan: “Argentina sí”. Una escenificación de su centralidad, la búsqueda de amplitud y una apelación al orgullo nacional.
Massa le habló directamente a los votantes en blanco, a los que anularon o se quedaron en la casa, y quienes eligieron a Juan Schiaretti, Myriam Bregman (a quienes llamó por su nombre de pila) y al electorado radical, que difícilmente se incline por un candidato como Milei que reconoció haberle pegado a un muñeco con la cara de Raúl Alfonsín para descargar tensiones.
Con ese universo, señaló el candidato de UxP, “comparten valores democráticos como la educación pública y la independencia de poderes”.
Consciente del recelo que despierta su tacticismo en otras zonas del padrón, Massa dijo que hará el esfuerzo para ganarse su confianza y se ofreció como la opción de la paz y la certidumbre.
En otro pasaje de su discurso, reiteró que convocará a dirigentes de todo el arco político a un gobierno de unidad nacional, “sin importar su fuerza política, y no de acuerdos partidocráticos” y anunció el comienzo de una nueva etapa política. Llamó a “poner punto final a la idea de la destrucción del otro”, y sentenció: “La grieta se murió”.
Al final de su discurso se subieron a la tarima su esposa y presidenta de Aysa, Malena Galmarini, junto a sus hijos Tomás y Milagros. También compartieron escenario en ese tramo final su candidato a vice, Agustín Rossi, y su familia.
Justamente, la familia es un concepto central en el mensaje de Massa, que buscó presentarse como un padre protector del país.
Ahora empieza un juego completamente diferente. En el peronismo tienen a mano la expertise del Partido de los Trabajadores brasileño, que enfrentó dos veces al ultraderechista Jair Bolsonaro.
“No es una continuidad con las elecciones anteriores. Se redefinen los clivajes. Podés tener un voto de alguien anticomunista rabioso pero liberal republicano que no quiere saber nada con un candidato autoritario”, analiza un dirigente del PJ santafesino que dialogó con enviados del PT.
“Ahora vas a tener a dos tipos haciendo política. Uno es normal y el otro es un desquiciado. Se vota quién querés que gobierne”, resalta.
En principio, el oficialismo parte con ventaja. No sólo por los seis puntos de diferencia respecto a Milei sino por cómo quedó configurado el escenario. Si Massa se llevara, por afinidad ideológica y el espanto a un gobierno de Milei, ocho por ciento del diez por ciento que sumaron Schiaretti y Bregman, para llegar al número mágico de 50% necesitaría sólo seis puntos extra. Podría encontrar esos votos entre los nulos y blancos y el 24% que acompañó a Juntos por el Cambio.
En este tramo hasta el balotaje abundarán los ofrecimientos hacia dirigentes como Horacio Rodríguez Larreta, Emilio Monzó, Rogelio Frigerio y los sectores radicales de Gerardo Morales y Martín Lousteau y Emiliano Yacobitti, referentes nacionales del gobernador electo de Santa Fe, Maximiliano Pullaro.
El nuevo escenario obliga a Pullaro a reacomodarse. En campaña, el radical había dicho que votaría a Milei en un eventual balotaje contra Massa, pero esta semana defendió a su amigo Leandro Santoro de los ataques del libertario, y no usó una expresión liviana. Habló de la “matriz autoritaria” del candidato de La Libertad Avanza.
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Se verá en los próximos días cómo Pullaro se posiciona públicamente, pero cerca del futuro sucesor de Omar Perotti encuentran un hilo conductor entre el radical y el peronista. Es el triunfo de los políticos profesionales sobre los outsiders.
“A la gente cuando le dan la opción de curandero o médico, elige al médico, aunque no sea muy bueno y no dé todas las garantías. Van por un nivel de certeza y pericia. No elige el slogan, sino la política”, observa un armador del futuro mandatario santafesino.
De concretarse el objetivo de Massa, el tigrense estará al frente de una coalición con otra configuración, donde el kirchnerismo sostendrá la siempre importante provincia de Buenos Aires y tendrá un significativo poder en el Congreso, pero no será el espacio hegemónico.
En tanto, el triunfo de Massa le dio al peronismo santafesino una oportunidad para celebrar y aferrarse a un futuro posible después de la paliza que se comió contra Unidos en septiembre. En ese momento, la coalición que agrupa a la UCR, el PRO, el socialismo y otras fuerzas se llevó no sólo la Gobernación sino también la mayoría en la Legislatura y se quedó con casi todas las intendencias.
La posibilidad de una victoria en el balotaje le da a las tribus peronistas la expectativa de energizarse desde el gobierno nacional. Además, si Massa lo convocara a su gabinete Perotti tendría una salida elegante de la Cámara de Diputados, donde sólo cuenta con cinco legisladores de su riñón.
Desde su cuenta de Twitter Perotti destacó “el esfuerzo, empeño y tremenda labor de Massa”. “Massa Presidente es lo que necesita nuestro país. Una convocatoria de unidad nacional a los mejores hombres y mujeres, independientemente de su pertenencia política, para llevar adelante un proyecto federal de desarrollo productivo y de acompañamiento al que invierte, produce y trabaja”, planteó el gobernador saliente.