Domingo 10 de Octubre de 2021
El ministro de Economía Martín Guzmán comienza hoy una visita al Fondo Monetario Internacional (FMI) en momentos en que el organismo profundiza el debate sobre el futuro de su directora, Kristalina Georgieva, acusada de haber favorecido a China cuando era jefa del Banco Mundial.
Guzmán visita Washington para la Asamblea anual del Fondo y el BM, que se extiende esta semana en formato híbrido, virtual y presencial. Se quedará en la capital estadounidense hasta el jueves para también continuar las conversaciones para la refinanciación del préstamo de 44.000 millones de dólares de 2018.
El viernes irá a Nueva York a reunirse con inversionistas antes de volver a Buenos Aires.
Pero Guzmán se encuentra con que la situación de Georgieva está complicada; es el peor momento de la directora en el seno del organismo. Parte del gobierno argentino y tal vez hasta el propio presidente Aníbal Fernández cree, en sintonía con el pensamiento del Premio Nobel Joseph Stiglitz, por ejemplo, que todo es una lucha de poderes alentada por grupos financieros.
La agencia de noticias Reuters escribió ayer que “el gobierno argentino sumó la crisis de Georgieva al costo de la postergación del acuerdo con el FMI, en una nueva complicación para refinanciar la deuda de 44.000 millones de dólares que tomó el gobierno de Mauricio Macri”.
Es decir, no buenas noticias para la Casa Rosada.
Francia y algunos otros gobiernos europeos respaldaron anteayer a la economista búlgara para que siga como jefa del FMI, mientras que otros funcionarios buscaron más tiempo para comparar sus cuentas y las supuestas irregularidades.
La mayoría de los países en desarrollo de Africa y de América Latina apoyan la continuidad de Georgieva por haber piloteado el reciente aumento del capital del FMI, que les significó una inyección importante de divisas. En el caso concreto de la Argentina, que recibió por ese concepto 4.334 millones de dólares, sin los cuales las reservas del BCRA serían aún más exiguas de lo que son, tanto el gobierno como, en especial, Guzmán, favorecen la continuidad de Georgieva, por la relación que ya han entablado con ella —en el caso de Guzmán, con auspicio del Papa Francisco— y porque la consideran menos ortodoxa y más flexible que la rígida tradición del organismo.
Los miembros del directorio ejecutivo pasaron varios días interrogando a los abogados de la firma WilmerHale, que fue contratada en enero por el Banco Mundial para hacer una investigación y el mes pasado reveló los hallazgos que comprometen a Georgieva.
La investigación alega que Georgieva, como CEO del Banco Mundial en 2017, aplicó una “presión indebida” sobre el personal para alterar datos en el ranking “Doing Business” —una lista de competitividad de los países para hacer negocios— con el objetivo de elevar a China del puesto 85 al 78 en el ranking global y así beneficiarla.
Georgieva niega enérgicamente las acusaciones, pero ha evitado mencionar públicamente el tema. Revistas especializadas como The Economist han señalado que debería renunciar. El Financial Times dice que la credibilidad de la directora se verá perjudicada en posibles decisiones futuras que involucren a China.
En un comunicado difundido el viernes por la noche, el FMI dijo que el directorio ejecutivo había hecho “importantes avances” en la investigación, aunque decidió “pedir más detalles aclaratorios” sobre el escándalo. De esta manera, estira la definición sobre la continuidad de Georgieva al frente del organismo algo que la deja en la cuerda floja.
El gobierno de Fernández considera a Georgieva distinta a la gestión anterior de Christine Lagarde. Además, la búlgara estaría en sintonía con algunas de las demandas argentinas como el pedido de reducción de sobretasa.
