Domingo 23 de Enero de 2022
El compañero de José Luis Cabezas en Pinamar, Gabriel Michi, recordó la última noche juntos, reconstruyó cómo fue el asesinato y reveló los miedos que lo persiguieron durante años. En diálogo con Gabriel Esteban González, periodista de Télam, recordó cómo colaboró en la búsqueda de justicia, qué pasó con cada uno de los condenados y qué fue de la vida de los hijos del fotógrafo que ahora viven en España: “En noviembre, nació Riu, el primer nieto de José Luis”, dijo.
“Si hay una palabra para definir lo que pasó es impunidad”, afirmó Michi, de 53 años, periodista de C5N, padre de tres hijos, a un cuarto de siglo de la muerte de su compañero y amigo Cabezas, quien hoy tendría 60 años.
“Impunidad de Alfredo Yabrán y de la Policía Bonaerense que sentía el poder de operar en la Costa cometiendo cualquier tipo de delito -enfatiza-. Impunidad es la explicación ante tanta barbarie; pensaron que nunca se iba a llegar a los responsables gracias a la cadena de encubrimiento organizada antes del crimen. Esa impunidad también es la explicación ante los errores que cometieron y las huellas que dejaron los asesinos”.
—Si hubieras estado con él aquella fatídica madrugada, todo indica que habrías corrido la misma suerte.
—Sí, muchas veces lo pensé y todavía pienso. Cuando detuvieron a Gustavo Prellezo, quien había sido el segundo en jefe de la comisaría de Pinamar hasta uno meses antes y que fue el disparó dos veces contra José Luis, declaró en el juzgado de Dolores “se nos fue la mano”. ¿Qué pasaba si lo encontraban a Cabezas con Michi?, le insistieron. “Los hacíamos boleta a los dos”, no dudó. Yo me salvé de milagro. Como cumplía años el domingo 26, habían venido a Pinamar unos amigos y le dije a José Luis que me iba a ir antes de la fiesta del empresario Oscar Andreani, un clásico de la temporada en la que nos encontrábamos todos los colegas que hacíamos temporada. José Luis se quedó y le dejé el auto -el Ford Fiesta- y Carlos Alfano, el fotógrafo de Para Ti, me acercó hasta mi hotel. Sí, el haberme ido por mi cumpleaños es lo que me salvó la vida porque luego se supo que el operativo tenía previsto acabar con todo el que se le cruzara.
—¿Quién fue el ideólogo del ataque?
—No tengo dudas de que Yabrán dio la orden, que fue el autor intelectual. A él le molestaba nuestro trabajo, les molestaba que esa foto que José le había hecho en el verano anterior. Durante todo el 96, Cabezas recibió amenazas en su casa. Un mes antes del crimen, está comprobado que Yabrán se reunió en sus oficinas con Gustavo Prellezo, el policía que asesinó a José Luis. ¿Por qué un empresario con una fortuna de 4 mil millones de dólares recibía a un policía de poca monta? Yabrán le dijo que quería pasar un verano tranquilo sin la molestia de periodistas y fotógrafos. Y le pidió a Gregorio Ríos, su jefe de custodia, que coordine ese operativo con Prellezo. Entonces sucedió algo de típico policía bonaerense corrupto: para quedarse con más plata, en lugar de contratar profesionales, Prellezo llevó a Los Horneros que a la postre fueron el eslabón débil y que se terminó cortando.
—Lamentablemente desde hace unos años ninguno de los condenados está en prisión pese a que recibieron prisión y reclusión perpetua.
—Todos los civiles, Gregorio Ríos y los cuatro “horneros”, González, Retana, Auge y Braga, recibieron prisión perpetua; Prellezo, Aníbal Luna y Sergio Camaratta -estos últimos participaron haciendo “inteligencia-, reclusión perpetua por el agravante de ser policías, lo mismo que el comisario Gómez, quien ”liberó” la zona. Por distintas apelaciones a Casación y la aplicación del 2 x 1, uno a uno fueron saliendo en libertad.
—¿Qué pasó con cada uno de los involucrados en la muerte de Cabezas?
—Yabrán se suicidó el 20 de mayo de 1998 escapando de la justicia. No tengo dudas del suicidio; casi 70 personas vieron el cuerpo, yo tuve en mis manos las fotos del expediente y los estudios de ADN. El sintió que le habían soltado la mano, que iba a ir preso a una cárcel común y que tal como escribió en la carta que dejó, “no me van a llevar esposados delante de los ojos de mis hijos”. Gregorio Ríos, el jefe de seguridad de Yabrán, administra unos campos cerca de Curuzú Cuatiá, Corrientes. Terminó peleado con la familia Yabrán. Gustavo Prellezo, el autor material, está viviendo en Los Hornos. En prisión estudió Derecho y se recibió de abogado y escribano. Se volvió a casar, tuvo otra hija y trabaja en el estudio de uno de sus abogados defensores, en La Plata. Aníbal Luna vive en General Madariaga. Sergio Camaratta hace cuatro años murió por un cáncer. En cuanto a los “Horneros”, Héctor Retana murió de sida en una cárcel; José Luis Auge, vínculo entre Prellezo y los “horneros”, está en libertad; Horacio Braga estudió en la cárcel y se recibió de abogado;Sergio González salió en libertad y fue detenido de nuevo y el comisario Alberto “la Liebre” Gómez está viviendo en Valeria del Mar.
—Vos investigaste como pocos a Alfredo Yabrán. ¿Era una persona muy obsesionada con la seguridad?
—Sí, en el verano que mataron a José Luis se comprobó que al menos había 10 custodios en Pinamar. Durante el año, el equipo a cargo de Gregorio Ríos estaba compuesto por 35 tipos que tenían como misión custodiar a toda la familia y sus propiedades.
—¿A qué le tenía tanto miedo un tipo tan poderoso como él?
—Por un lado tenía enemigos tanto o más poderosos que él. Pero hubo un hecho que lo marcó, el secuestro de Guillermo Ibáñez, el hijo de su gran amigo, el sindicalista Diego Ibáñez. Fue en Mar del Plata, en 1991. Ibáñez fue quien le abrió a Yabrán las puertas del poder político y eclesiástico. Los captores pidieron dos millones de dólares de rescate, cifra que Yabrán puso a disposición de su amigo. Por desgracia, las negociaciones trascendieron a la prensa y los secuestradores, asustados, mataron a Guillermo. Diego Ibáñez culpó a la prensa y eso marcó mucho a Yabrán. Uno de los hombres de mayor confianza de Ibáñez, Coco Mouriño, fue contratado para ser pieza clave en la seguridad de Yabrán. Para sus empresas, se había formado una organización integrada por ex miembros de las Fuerzas Armadas -muchos de ellos expulsados de la fuerza por problemas psiquiátricos. Una estructura de más de 600 efectivos al mando de exrepresores de la dictadura, como Víctor Hugo Dante Dinamarca, siniestro que fue Jefe de Servicio Penitenciario. En la cúpula también estaban Adolfo Donda Tigel y Jorge “el Tigre” Acosta, todos mano de obra desocupada con pasado en la Esma. La empresa madre se llamaba Bridees y se decía que era por Brigada de la Esma, una fuerza armada paralela.