Con la promesa del fin de las hostilidades, el FdT busca reabrir las expectativas en unidad
Con la llegada acordada de Batakis al gabinete se abre una posibilidad para el FdT; dos proyectos políticos que buscan unificarse para dar pelea en el 2023: "el frente no se va a romper" anticipó Cristina

Miércoles 06 de Julio de 2022

Empezó julio, y ya se quema el último año redondo con vistas a las elecciones de 2023. Dentro de un año, estarán los nombres de los candidatos presentados ante la consideración pública. Entre tanto, mientras la crisis más aguda afecta al gobierno nacional, la llegada de Silvina Batakis al ministerio de Economía como prenda de paz y unidad entre el presidente Alberto Fernández y su vice, Cristina Kirchner, abre una luz de esperanza. No todo está perdido, al cabo, el peronismo nunca se da por vencido. Varios analistas de opinión pública dan cuenta de que, dos de cada tres argentinos, tiene una imagen negativa del gobierno, y en especial del presidente. Otro tercio de los argentinos aún le ponen ficha de aprobación al Frente de Todos (FdT).

Si fuera que efectivamente cesa el fuego cruzado al interior del matrimonio presidencial, y se termina de manera definitiva la temporada del imperativo público “usá la lapicera”, es posible que el peronismo haya dado un primer paso en la búsqueda del único objetivo relevante para su suerte futura: recomponer la relación con los votantes originarios de 2019 e ilusionarse con un posicionamiento competitivo para 2023.

La Cámara de Diputados, en la sesión del último martes, volvió a convertirse en caja de resonancia del vibrante fin de semana político pasado, y su incertidumbre, a partir de la renuncia inesperada de Martín Guzmán, que complicó seriamente al gobierno, con secuelas aún vigentes.

Además del nombre de la sucesora, Batakis, todos los sectores del FdT se pusieron de acuerdo en algo: la insólita irresponsabilidad de Guzmán, que enteró al presidente de su renuncia al mismo tiempo que al conjunto de los argentinos; una bomba innecesaria. “Las renuncias de ese nivel de importancia se coordinan con antelación, se pactan el momento y las circunstancias para no dañar al gobierno, hay que tener un ego demasiado grande, y una flagrante inexperiencia política para hacer lo que hizo Guzmán”, se lamentaba un diputado del FdT, cuando en plena sesión en Diputados, la oposición arremetía con sus diatribas contra todo el gobierno y sus alrededores, planteando un clima de zozobra institucional en medio de la incertidumbre financiera y la disparada del dólar blue.

El titular del bloque oficialista, que fue orador de cierre en uno de los tramos de la larga sesión del último martes que culminó en la madrugada del miércoles, recogió la arremetida opositora, y planteó una salida, esa luz que ahora el oficialismo pretende encender: “Eligen de un modo irrespetuoso criticar a Alberto Fernández, Cristina Kirchner, Sergio Massa, al movimiento obrero, las organizaciones sociales, las provincias y sus gobernaciones, ¿qué hay detrás de esto?, un plan sistemático para que los argentinos bajen los brazos, es el plan de los sectores económicos más concentrados en sociedad con la oposición”, replicó el rosarino Germán Martínez.

El politólogo rosarino, histórico mano derecha de Agustín Rossi en toda su trayectoria política, entiende que, “como FdT debemos ser los constructores de la esperanza del pueblo argentino. Cuando los pueblos tienen la autoestima por el piso, es el momento preciso en que las corporaciones eligen para imponerles las reglas del juego”.

La cena intima entre Alberto y Cristina Kirchner, el último lunes en la Quinta de Olivos, abrió un camino posible, aunque se requerirá de una delicada y trabajosa reconstrucción en el tiempo del vínculo político en la pareja presidencial para aspirar a que los resultados se traduzcan en fortaleza renovada para el golpeado FdT. Por lo pronto, perduran al menos dos visiones muy distintas al interior del frente gobernante: el kirchnerismo entiende que la “unidad” de la cúpula no es lo más relevante, sino que lo definitorio pasa por la gestión; resolver los problemas de los argentinos, en especial en materia de precios e ingresos populares.

Desde una perspectiva “no” cristinista, el acento está puesto en lo corrosivo que podría estar resultando la avanzada crítica – pública- de la vicepresidenta, en el sentido de que habría debilitado la figura presidencial, y al gobierno en su conjunto. Por lo pronto, la etapa del “usá la lapicera” habría llegado a su fin, aunque no deba leerse como un llamado a silencio de los líderes del FdT. Hoy jueves, será el turno de Máximo Kirchner, que regresa a la escena pública, y tomará la palabra en el partido de Escobar, en la provincia de Buenos Aires, invitado por el intendente camporista local, Ariel Sujarchuk.

El viernes, otra vez, Cristina tomará el micrófono y se subirá a un escenario, en su sitio preferido en el mundo, El Calafate, en Santa Cruz. Tras cartón, Alberto Fernández conducirá el tradicional acto del día de la Independencia, en Tucumán, el próximo sábado 9 de julio.

La temporada de reproches mutuos habría terminado, ahora asoma un desafío mayor: defender una política nacional común que continúa en tensión, y abrir una expectativa futura, esa que todas las encuestas dicen que una gran mayoría de argentinos ha perdido.

Siempre en su intervención principal del último martes, en el recinto de Diputados, el diputado Martínez evocó, “como dijo Néstor Kirchner, tenemos que levantar la autoestima de nuestro pueblo, y eso no se logra acallando voces, ni planteando que las cosas no se pueden hacer; porque no está todo mal en la Argentina, se han creado miles de puestos de trabajo, tenemos la obligación de que se vea el vaso completo”. Y concluyó, “si bien es necesario que nos marquen lo que nos falta, también es necesario que marquemos el camino que ya recorrimos, los desafíos que ya alcanzamos, porque no se puede caminar y caminar si nadie le pone un poquito de onda a la caminata”