Jueves 18 de Febrero de 2010
"Me podrían haber matado y me trataron como un delincuente". Quien pronunció esa dramática sentencia fue Juan Carlos Navarro, un taxista de 36 años que denunció haber sufrido una paliza en la seccional 2ª. Quienes lo golpearon sin motivo, según dijo, fueron dos efectivos del Comando Radioeléctrico que lo detuvieron luego de que protagonizara un accidente de tránsito con una automovilista en el centro de la ciudad. No fueron los únicos tormentos que padeció. En esa dependencia estuvo preso cuatro horas incomunicado y solamente recuperó la libertad cuando una jueza de Instrucción en turno acudió a ese lugar y ordenó su excarcelación.
Navarro trabaja como chofer de un taxi Chevrolet Corsa, pero el martes pasado no lo hizo. A las 20.30 de ese día, transitaba en su auto particular, un Fiat Palio, por la calle Mendoza y, cuando llegó al cruce con Entre Ríos, un Suzuki Fun se detuvo imprevistamente. Quien guiaba este rodado era una chica llamada Evelyn y la acompañaba otra mujer.
El altercado. En ese momento, la joven que acompañaba a la conductora intervino en el incidente. Entonces, la mujer y el chofer intercambiaron la documentación de los dos vehículos para realizar los trámites de rigor en las compañías de seguros. "La chica que iba como acompañante me dijo que no quería atención médica ni que interviniera la policía", explicó. Cuando el pleito se había resuelto, llegaron dos patrullas del Comando Radioeléctrico. El arribo de la policía sorprendió al chofer. "Quiero saber cómo fue el choque y entreguen la documentación porque hay que averiguar si el vehículo que impactó al otro es robado", exclamó un uniformado que lucía "alterado".
"Yo no pudo frenar y mi auto impactó en la parte trasera del otro vehículo", explicó Navarro. Tras el choque, el taxista estacionó sobre el lado derecho de la calle para esperar que la automovilista acomodara su auto sobre la calzada. Apenas se bajó, la conductora, según la versión del taxista, tuvo un gesto airado. "Me dijo «que hacés negro de mierda». Traté de tranquilizarla diciéndole que había sido un simple accidente y que tenía todos los papeles al día. Y hasta le ofrecí llamar a un servicio médico para que la atendiera", sostuvo Navarro a La Capital.
Prepotencia. Luego de apoderarse de la documentación, el uniformado le anunció que debería acompañarlo a la comisaría 2ª, pero el chofer le dijo que no estaba dispuesto a dejar el Chevrolet Corsa en la calle. "A los empujones, el tipo me metió en el auto", recordó. Otro policía se subió con Navarro a su auto. Entonces iniciaron la marcha escoltado por los dos patrulleros. La intimidación continuó arriba del Fiat Palio. "No te hagás el pesado, que te voy a meter un puñetazo y como tu auto es oscuro no te va a salvar nadie", exclamó el policía que lo acompañaba. Cuando el taxi llegó al cruce con Mitre, el chofer detuvo la marcha a raíz de que se había desprendido el paragolpes delantero a raíz del choque.
Navarro le preguntó al efectivo con amabilidad, según dijo, quién había solicitado la presencia de los agentes. La respuesta del policía fue cuanto menos descortés. "Negro de mierda, no tenés nada que preguntarme. Yo intervengo de oficio y entregá la documentación del auto porque ni seguro debés tener", fue la contestación airada del uniformado. Entonces, fue vano que el chofer le explicara que "no era un delincuente" y que merecía otro trato. El hostigamiento continuó cuando Navarro intentó comunicarse con su abogado, Lucas Priotti. Apenas pudo murmurar lo que estaba ocurriendo. El policía le arrebató el teléfono celular y el contacto se interrumpió abruptamente.
De los pelos. La golpiza fue tan brutal que los uniformados simularon un ahorcamiento. "Uno de los policías me levantaba del cuello y me bajaba y el otro me empujaba. Yo tenía las esposas puestas. Después me sacaron las esposas y me dijeron que me sacara los cordones de las zapatillas y una cadena que tenía puesta. En ese momento uno de los policías me anudó un pantalón para ahorcarme. Me sacó la cadena, me pegó un rodillazo en el abdomen y me caí al suelo", relató. Los golpes cesaron cuando llegó su abogado, pero aún así debió esperar unas cinco horas para salir del calabozo y además tolerar que los policías del Comando Radioeléctrico le robaran 300 pesos y la cadena de oro (ver aparte).
En ese momento, según denunció, los policías "me agarraron de los pelos, me esposaron y a patadas me metieron en el móvil policial". Al parecer, el policía se enfureció aún más cuando se enteró de que cuál era su trabajo. "Seguramente vos sos uno de esos taxistas que trasladan a narcos y después joden con la inseguridad". Navarro terminó en la comisaría y allí padeció una pesadilla. Apenas llegó, los uniformados lo introdujeron en un pequeño cuarto y enseguida el chofer terminó de un empujón en el suelo. "Me dieron patadas y me pidieron que me desvistiera porque querían ver si tenía tatuajes", recordó.