Sábado 18 de Agosto de 2012
César Omar Jerez tenía 16 años y vivía en la escalera 20 de Espinillo 3773, en el Fonavi que en Rosario se reconoce como el de "Rouillón y Seguí", en la zona sudoeste de la ciudad. Ayer a las 4 de la mañana un vecino que vive en el mismo edificio encontró el cuerpo sin vida del pibe en el descanso del primer piso, a metros de su casa. Tenía dos balazos: uno por debajo de una axila y otro en el costado izquierdo del abdomen. Hasta ese punto todo indicaba que se trataba de un asesinato en un lugar en el mundo estigmatizado por su aspereza. El pibe no tenía armas y nadie en ese lugar escuchó a esa hora detonaciones. Pero minutos más tarde, cuando la policía revisó el cadáver, encontró en la campera del muchacho una billetera con 300 pesos y el ticket de una gomería en la que quedó grabado el RA de un taxi por la reparación de un neumático. Entonces los efectivos de Homicidios fueron hasta la gomería en cuestión y rastrearon al chofer del taxi, a quien ubicaron en su domicilio. El hombre contó entonces a los pesquisas que un joven que llevó hasta el lugar lo había asaltado bajo amenazas con un arma y que mantuvo un forcejeo con él. Que en esas circunstancias se escucharon dos disparos ante los cuales el asaltante bajó del vehículo y huyó a la carrera. Para los investigadores ese ladrón fue Jerez. En tanto, el taxista quedó detenido y será indagado hoy por la jueza de Instrucción Roxana Bernardelli bajo la asistencia de una defensora oficial.
El Fonavi de bulevar Seguí y Rouillón es un territorio complejo tanto para propios como para extraños. Además de ese complejo de viviendas hay otros importantes núcleos urbanos: el Fonavi Verde, el barrio Bolatti, el Hipotecario, el barrio Toba, la villa La lagunita y la de la vía Honda. En esta porción de tierras, los residentes padecen por un lado la estigmatización y por el otro el tener que convivir con vecinos que están del otro lado. Que viven del delito.
Destinos cruzados. Los dos protagonistas de esta crónica parecen marcar puntos extremos de la sociedad. César Omar Jerez vivió hasta su muerte en el Fonavi en cuestión, del lado de calle Espinillo. En sus pocos años de vida acumuló media docena de anotaciones penales, entre las que sobresalen robos, robos calificados, tentativas de robo y abuso de armas. El primero fue sobre fines de 2008 y el último en marzo de este año. Eso lo llevó a desfilar por los cuatro juzgados de Menores de los tribunales rosarinos y su figura se instaló cómodamente en el estereotipo social del pibe delincuente.
En la vereda opuesta de la mirada colectiva quedó Arturo Calixto A., un taxista de 56 años, casado, padre de dos hijos varones, que trabaja 12 horas diarias en el turno noche, es decir entre las 17 y las 5 de la mañana, manejando un Fiat Siena que no es de su propiedad.
De acuerdo a lo confiado por los investigadores que trabajan bajo el mando de la jueza Roxana Bernardelli, sus destinos se cruzaron dentro del taxi. De lo sucedido hay sólo una versión y una escena del crimen que fue parcialmente alterada por la limpieza del vehículo. El centro del debate quedó instalado en si hubo o no intención criminal por parte del taxista, una materia de debate en la doctrina jurídica y en el común de la gente (ver aparte). Por ahora, el expediente judicial fue caratulado como "homicidio en legítima defensa".
Pasajero dudoso. Ante los investigadores, el taxista Arturo Calixto A. relató que a las 2.30 de la mañana transitaba por las inmediaciones de Juan XXIII (prolongación de Biedma al oeste de las vías que corren paralelas a Felipe Moré) y Rouillón cuando un joven le hizo seña para que se detuviera. El conductor entonces acercó el auto a la vereda y bajó la ventanilla para medir la sensación térmica del potencial pasajero. El muchacho, que estaba vestido con una camiseta del Real Madrid y una campera deportiva color negra, en un abrir y cerrar de ojos abrió la puerta delantera y se sentó en la butaca del acompañante.
Cuando el auto aún no había arrancado, el joven apuntó con una pistola al chofer y le exigió la billetera. Arturo se la dio sin oponer resistencia, pero el asaltante pidió más: "¿Y esos lentes? Dame los lentes", sostuvo el ladrón. En ese momento el taxista se negó y le dio las explicaciones del por qué. Pero no se quedó con eso. También vio la oportunidad de arrebatarle el arma al asaltante, lo que provocó un forcejeo. "Dijo que trató de arrebatarle el arma al muchacho y en la lucha le torció la mano y escuchó dos detonaciones", explicó un vocero. Tras eso, al ver que el joven no estaba herido, el tachero abrió la puerta del auto y empujó al ladrón para que bajara. Después puso primera y escapó del lugar sin saber sobre la suerte del asaltante, quien para los pesquisas no fue otro que César Omar Jerez.
Acerca del arma de fuego utilizada en el episodio, el taxista comentó a los investigadores que era una pistola y que "se la llevó el muchacho". Y sobre la mecánica de lo ocurrido, a los pesquisas les queda una duda: las dos heridas que terminaron con la vida de Jerez están sobre el costado derecho de su cuerpo, el que da a la puerta y no al lugar donde estaba el taxista.
La última carrera. Siguiendo la línea de investigación, las fuentes oficiales contaron que Jerez bajó del Fiat Siena y recorrió un poco más de 100 metros hasta que llegó a la escalera del Fonavi en la cual está el departamento en el que vivía. Como pudo empezó a subir, y en el primer descanso se desvaneció y murió. Cuando la policía llegó no le encontró ningún arma. Y las huellas del recorrido que realizó fueron rápidamente borradas por la lluvia torrencial que se desató sobre Rosario a partir de las 4 de la mañana. También se ignora si algún peatón ocasional pudo haber visto la historia que relató el taxista y pueda brindar su testimonio.
En tanto, después de ir hasta la gomería donde Arturo había hecho arreglar el neumático del taxi, los investigadores localizaron al chofer en su vivienda y lo demoraron. Sobre media mañana, los efectivos de Homicidios pudieron dar con el titular del auto, dentro del cual se hallaron dos vainas servidas que fueron secuestradas para su peritaje.
"Nadie está preparado para este tipo de circunstancias y el hombre asegura que se fue del lugar sin saber que el pibe estaba mal herido", indicó una fuente. Hoy por la mañana el taxista deberá brindar su testimonio ante la jueza Bernardelli, quien deberá valorar con los elementos recolectados y el informe de la autopsia, si se trató de un caso de legítima defensa.
Legítima defensa
La legítima defensa, figura que podría caberle al taxista Arturo Calixto A. como atenuante del homicidio de Omar Jerez, es la reacción desmedida de una persona atacada ante la agresión ilegítima del agresor. Esa reacción no debe traspasar la necesidad de la defensa y deberá ser en proporción a los medios empleados para impedirla o repelerla.
El número
105 homicidios se registraron hasta ayer en el departamento Rosario.