Viernes 12 de Agosto de 2022
El caso del asesinato del policía Cristian Ezequiel Ibarra, crimen ocurrido el 22 de julio de 2019 en un hecho por el que ya fue condenado Ariel Máximo “Chanchón” Cantero (hijo del fundador de la banda de Los Monos), presenta desde este viernes un nuevo capítulo. Hoy comenzó el juicio a Otinel De León Almonte, un hombre de nacionalidad dominicana de 33 años, sindicado como cómplice de “Chanchón”.
Lo acusan como coautor de homicidio agravado, portación de arma de guerra y hurto por el infortunio de la víctima. En la audiencia preliminar, el fiscal Gastón Avila pidió que sea condenado a 22 años de prisión. El tribunal para este juicio está integrado por los jueces Gustavo Pérez de Urrechu, Gonzalo López Quintana y Carlos Leiva.
Según la acusación del fiscal Ávila, el 22 de julio de 2019 De León al Monte se encontraba junto a “Chanchón” Cantero en el interior del auto de Ibarra en Larralde y Dean Funes. En un momento dado, el policía fue ejecutado, se cree que por una cuestión de narcotráfico, con seis disparos de armas de fuego en el cráneo.
Tras el crimen, Cantero y De León Almonte robaron el arma al policía y huyeron. El hombre oriundo de República Dominicana fue arrestado el día 25 de marzo de 2020 en la localidad de Villa Constitución tras corroborar su pedido de captura y desobedecer el aislamiento preventivo dispuesto por decreto presidencial en el marco de la pandemia por coronavirus. Por el crimen de Ibarra, ya fue condenado “Chanchón” Cantero en un procedimiento abreviado realizado el 13 de marzo de 2020 a la pena única de 14 años de prisión efectiva.
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El crimen
Cristian Ezequiel Ibarra fue hallado sin vida alrededor de las 21.30, del lunes 22 de julio de 2019. Estaba el interior de su auto Peugeot 308 negro, estacionado en la esquina de Deán Funes y Larralde, en el barrio Godoy.
Había recibido seis balazos que le perforaron la nuca, el parietal y el occipital derechos. Los investigadores de la ex PDI que trabajaron en ese momento establecieron que el policía fue atacado desde dentro del mismo auto, que había quedado en marcha y con tres de sus puertas abiertas cuando llegaron al lugar los primeros policías.
En ese primer momento, los pesquisas comprobaron que a la víctima no le sustrajeron los dos celulares que llevaba, su billetera y una mochila infantil perteneciente a uno de sus dos hijos. Sin embargo sí se llevaron el arma reglamentaria del agente. En el interior del auto se secuestraron entonces ocho vainas servidas calibre 9 milímetros y un casquillo del mismo calibre a metros del auto.
Con los primeros avances en la investigación se descartó de plano la hipótesis de un crimen en ocasión de robo y creció la sospecha de que podría haber sido un ajuste de cuentas o venganza por cuestiones ligadas a algún delito.