Tres testigos complicaron a la acusada de matar a su amiga
Buenos Aires.— El único médico que examinó el cadáver de Solange Grabenheimer en la escena del crimen aseguró ayer en el juicio oral por el caso que el homicidio se produjo entre la 1 y las 7 de la mañana del 10 de enero de 2007, cuando la imputada Lucila Frend aún estaba en el lugar del hecho.

Jueves 16 de Junio de 2011

Buenos Aires.— El único médico que examinó el cadáver de Solange Grabenheimer en la escena del crimen aseguró ayer en el juicio oral por el caso que el homicidio se produjo entre la 1 y las 7 de la mañana del 10 de enero de 2007, cuando la imputada Lucila Frend aún estaba en el lugar del hecho. A ese testimonio se sumaron otros dos que complicaron la situación de la joven acusada: el del hermano de la víctima y el de una empleada del negocio en el cual trabaja la chica asesinada.

El subcomisario Eugenio Aranda, de la Policía Científica bonaerense, es desde la instrucción de la causa el testigo “clave” de la fiscalía para acusar a Lucila ya que al ser el único médico que revisó el cadáver en la escena del crimen, siempre fue el considerado más calificado para estimar la data de la muerte.

Ayer explicó que llegó al departamento de la localidad de Florida donde Grabenheimer fue encontrada asesinada entre la 0.30 y la 1 del día 11 de enero y encontró a la vícitma tirada boca abajo al costado de su cama. Cuando la dio vuelta para examinarla, “el cuerpo giró como una tabla”, dijo en referencia a la rigidez que presentaba. “El cadáver estaba frío y tenía libideces ventrales fijadas”, señaló en referencia a las manchas moradas que presentan los cadáveres por la acumulación de sangre de acuerdo a la acción de la fuerza de gravedad y la posición en la que se encuentra.

Cuando el fiscal Alejandro Guevara le preguntó de acuerdo a esos indicadores cuál era la data de muerte, Aranda respondió: “Entre 18 a 24 horas antes del momento en el que examiné el cadáver, es decir, entre la 1 y las 7 de la mañana del día previo”. La respuesta comprometió a Lucila, quien sostiene que se fue de su casa a las 7.30 y vio a Solange viva y durmiendo.

El único momento en el que Aranda titubeó en su declaración de ayer fue cuando no pudo explicar por qué en la junta médica que se hizo para consensuar junto a todos los peritos intervinientes cuál era la hora del crimen, él firmó la conclusión que afirmaba que había sido entre las 7 y las 13, horario que beneficia a Frend. “Yo no estuve de acuerdo con el ateneo. Lo que pasa es que allí se buscó un consenso”, dijo.

Había problemas. A su turno Marcos Grabenheimer, hermano de Solange, declaró que antes de irse de vacaciones a Punta del Este aquel verano de 2007 tuvo una charla con la joven en la que ésta le comentó sus intenciones de irse a vivir sola porque tenía problemas con Lucila. “Me dijo que cuando se terminara el contrato de alquiler quería irse a vivir sola”, recordó. Y al respecto, dijo que “Lucila era más desordenada, no lavaba los platos, le usaba la ropa y el desodorante”.

También dijo que su hermana se molestaba porque Lucila le usaba el cuarto y la encontraba en su cama con amigos para ver su televisor. Y que tras el crimen notó muy distante a Frend. “Nunca se me acercó ella ni ningún allegado. En los cuatro meses que pasaron hasta que fue imputada nunca se me acercó para decirme nada”.

Un llamado en la mira. Finalmente, María Celeste Stuchetti, empleada del negocio de polarizados de autos del padre de Solange y donde trabajaba la chica asesinada, complicó a Lucila al asegurar que nunca atendió un llamado de la imputada buscando a su amiga el día en el que hallaron el cadáver. “Ese día no llamó nadie preguntando por Solange”, dijo.

Frend declaró en la instrucción y también en este juicio que llamó al negocio en su derrotero por intentar ubicar a su amiga ese día, pero Stuchetti lo negó. Sin embargo, los defensores de Frend exhibieron el informe de llamados entrantes y salientes de la causa y allí figuraba que desde el laboratorio donde Lucila trabajaba hubo un llamado al local de polarizados que duró 12 segundos. “Si sonó el teléfono y atendí, no hubo charla. Quizás alguien llamó y se cortó o no habló”, dijo la testigo.