Tras agonizar 30 días murió una enfermera jubilada golpeada en un robo en barrio Hospitales
Amalia Molina tenia 81 años. Ingresaron a su departamento de tercer piso por el balcón y la molieron a golpes

Sábado 20 de Agosto de 2022

A Amalia Molina, una enfermera jubilada de 81 años, la molieron a golpes en su departamento del tercer piso de un edificio de Mitre al 3000, en el barrio Hospitales. Ocurrió la madrugada del jueves 21 de julio alrededor de las 2.30, cuando los vecinos de la mujer escucharon sus gritos de auxilio y salieron a ver qué pasaba. La anciana estaba parada en el palier, sosteniéndose como podía y apoyada contra una pared. En estado de shock sólo pedía que llamaran a su nieta, su única familiar conocida. Los vecinos refirieron que no le habían robado nada, aunque la hipótesis de trabajo del fiscal Alejandro Ferlazzo es que quienes la atacaron se llevaron algunas pertenencias de la mujer que falleció ayer en un sanatorio donde se encontraba internada desde aquel día. Según la teoría fiscal, él o los delincuentes, treparon hasta el departamento por una casa lindera al edificio.

Caminando por calle Mitre entre Amenábar y Gaboto se podía notar ayer que eran pocos los vecinos que conocían la mala fortuna por la que tuvo que atravesar Amalia Molina. “¿Una mujer golpeada en un robo en esta cuadra? La verdad que no se nada”, fue la primera referencia de un vecino. “¿Una mujer grande? A ver, dejame que haga un llamado y te confirmo”, comentó una residente de la cuadra. “Ah sí, una anciana a la que golpearon hace más o menos un mes. Es en el edificio de la esquina”, agregó la mujer segundos después de recibir un audio de WhatsApp. Era como que el ataque contra la anciana no había hecho cabeza de playa entre sus vecinos a pesar de la ferocidad del ataque.

Molina fue retirada de su domicilio la madrugada de aquel jueves 21 de julio con un severo traumatismo facial, fractura ocular derecha, fractura en la mano derecha y escoriaciones hepáticas. Es que el ataque sufrido por la enfermera jubilada quedó en medio una seguidilla de 21 asesinatos en 15 días y pasó desapercibido. Entre esos homicidios hubo varios de alto impacto público, como el fusilamiento de las hermanas Estefanía y Marianela Gorosito el 20 de julio en un camino rural de Cabín 9; el de la asistente escolar Claudia Deldebbio perpetrad el sábado 23 de julio en la plazoleta Rodolfo Walsh del Parque del Mercado; el del jugador infantil de Rosario Central de 13 años Lucas Giovani Vega cometido el martes 2 de agosto en González del Solar y Génova del barrio Emaús; o el de la adolescente de 15 años Zoe Romero cometido el miércoles 3 de agosto en Garzón al 6300, en el barrio Hipotecario de la zona sudoeste.

>>Leer más: Homicidios y manifestaciones por seguridad, una encerrona para los poderes públicos

Vale recordar que el barrio Hospitales se levantó en masiva protesta a partir del asesinato del cocinero Sebastián “Oso” Cejas, ocurrido la madrugada del 21 de septiembre de 2020 cuando le robaron su Chevrolet Onix de la puerta del Hospital Español, en Gaboto entre Sarmiento y Mitre. La enfermera Molina vivía a escasos 200 metros de la escena de aquel crimen y a una distancia similar del Centro de Justicia Penal (CJP).

“Hasta hace un par de meses teníamos a Gendarmería Nacional y la policía en la esquina (de Mitre y Amenábar en el contexto del juicio oral a Esteban Lindor Alvarado). Pero igual no te vas a creer que la zona estaba más segura. Estando ellos de guardia le robaron la moto a uno de los inquilinos del edificio. Cuando les fuimos a decir del robo nos dijeron que ellos de ahí no se podían mover”, recordó otra vecina.

image(8).jpg

El lugar por el que, según los investigadores, ingresó el, o los asesinos, de la enfermera jubilada.

Los habitantes de Mitre y Amenábar contaron que Amalia Molina residía en un departamento del tercer piso desde hacía alrededor de cuatro años. La mujer tenía severos problemas de audición y se movilizaba usando un bastón. “Era una mujer que no se metía con nadie. Se la veía poco porque con el tema de la pandemia y todo eso todo el mundo modificó sus hábitos. Tenía una mujer que la asistía y una nieta como único familiar porque su hija y su yerno habían fallecido”, semblanteó una vecina de la zona.

Según pudo reconstruirse, la madrugada del jueves 21 de julio Molina estaba sola en su casa. “Alrededor de las 2 o 2.30 se escucharon gritos pidiendo ayuda en el edificio. Cuando los vecinos salieron a ver qué pasaba se toparon con Amalia completamente ensangrentada, apoyada en la pared del palier de su departamento. La mujer sólo pedía que llamaran a su nieta, no decía otra cosa. Estaba molida a golpes y los vecinos la hicieron sentar hasta que llegó la ambulancia”, contó una mujer.

“Mirá, lo que decía la policía es que se habían trepado por el edificio contiguo. Que escalaron hasta llegar al tercer piso. Y cuando llegaron pasaron el primer departamento y fueron al de Amalia, que es el del medio. Ahí no se cómo entraron y la mataron a golpes. La verdad que no se entiende por qué pegarle así a una anciana que estaba media sorda y se movía con bastón. En el momento se dijo que no le habían robado nada, pero después no se nada más. Lo que te puedo decir es que la habían desfigurado a golpes”, explicó otra residente.

“No se entiende lo que pasa en esta ciudad. Molieron a palos a una vieja para robarle. ¿Qué resistencia puede dar una vieja con bastón? Le pegas dos gritos y la mujer se queda sentada. Pero cagarla a palos para robarle, ¿para qué? Todo el mundo está loco en esta ciudad”, reflexionó un vecino de la zona.

A Molina la llevaron en grave estado en una ambulancia al Hospital de Emergencias y luego fue derivada al IPAM, ubicado a pocas cuadras de donde vivía. “A nosotros nos dijeron que el 6 de agosto la habían pasado a una sala común. La verdad es que pensamos que se estaba recuperando. Cuando nos enteramos que había muerto nos quedamos helados”, explicó una vecina del edificio. El caso quedó en manos del fiscal Alejandro Ferlazzo, quien dispuso que la División Homicidios de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) comenzara a trabajar en el territorio recopilando testimonios y filmaciones de cámaras de videovigilancia públicas y privadas que permitan echar luz sobre lo sucedido.