Secuestró, violó y mató a una bebé: prisión perpetua
Un hombre de 45 años fue condenado a prisión perpetua por violar y asesinar a una beba de nueve meses a la que sustrajo del cuidado de sus padres, con quienes convivía en condiciones muy humildes en un edificio en construcción de barrio Martin.

Miércoles 11 de Junio de 2008

Un hombre de 45 años fue condenado a prisión perpetua por violar y asesinar a una beba de nueve meses a la que sustrajo del cuidado de sus padres, con quienes convivía en condiciones muy humildes en un edificio en construcción de barrio Martin.

El cuerpo de Milagros Rocío, con marcas de haber sufrido una cruenta violación y un mortal golpe en la cabeza, fue hallado por unos pibes que jugaban a la pelota en un descampado de Mendoza al 8000 el 28 de enero de 2006. La beba vivía con sus padres, Natalia, de 20 años, y Claudio, de 20, en la planta baja de un edificio inconcluso de la ochava sudoeste de Mendoza y Ayacucho.

Los papás ganaban algunas monedas como malabaristas en la parada del semáforo de Pellegrini y Paraguay. Se habían instalado dos meses antes en la vieja estructura de hormigón, donde desde hacía dos años habitaba Víctor Abel Gómez o López (su apellido no se pudo acreditar a falta de documentación), a quien le dicen Pollo o Yopo. El hombre, nacido en Diamante, soltero y de escasa instrucción, se alimentaba de lo que encontraba en la basura o de lo que obtenía mendigando.

Ese mediodía, al denunciar la desaparición de la beba, los papás contaron que al despertar, a las 11.30, la nena ya no estaba y que tampoco se encontraba Yopo. Dijeron que su hija siempre estaba a su cuidado y que Yopo nunca había mostrado un comportamiento agresivo con ella: "La tenía alzada, le traía juguetes, nunca noté nada raro", dijo el papá.

Un rato más tarde Yopo llegó al edificio y dijo que a las 6 de la mañana, cuando volvió de cirujear, la nena estaba durmiendo. Incluso sugirió que podía haber caído al hueco de un ascensor. Pero esa tarde, cuando apareció el cuerpo, se convirtió en sospechoso. Dos vigiladores del predio donde se produjo el asesinato lo reconocieron como el hombre que, esa mañana, había merodeado por allí con una beba en brazos que no paraba de llorar.

Los dos custodios de la zona de Mendoza y Pérez Bulnes contaron que Gómez les pidió a dos taxistas que fueran a buscar a la madre de la criatura, pero como los choferes no accedieron se alejó con la nena en brazos por una calle interna, luego de sacarle el pañal y envolverla con una remera. Unos minutos más más tarde lo vieron regresar, ya sin la criatura.

Según la autopsia, "la nena presentaba signos de sometimiento físico y sexual, con estallido de recto y vagina", además de "fractura de cráneo compatible con un golpe realizado con elemento contundente".

Gómez fue reconocido por los vigiladores en una rueda judicial, lo que fue relevante en la condena a prisión perpetua que le impuso el juez de Sentencia José María Casas por los delitos de sustracción de menor agravado por la muerte, abuso sexual con acceso carnal seguido de muerte y homicidio calificado. Entre otras pruebas, consideró el secuestro de un pantalón y un calzoncillo manchados con sangre y semen.

La evaluación psicológica practicada al detenido indicó "ausencia de angustia por el hecho, indicadores de inestabilidad emocional, poco contacto con la realidad, preocupación por lo referente a la sexualidad y cierta agresividad contenida". En su indagatoria, él dijo que esa mañana visitó a dos personas que lo desmintieron. Para Casas, el ataque "fue programado en su larga caminata" hasta el lugar donde sometió a la beba a un "tormento innecesario".