Se entregó ante la Justicia el confeso asesino del sindicalista Abel Beroiz
Raúl Oscar Flores, el confeso autor material del crimen del sindicalista Abel Beroiz, se entregó ayer a la mañana en los Tribunales tras permanecer prófugo 18 días después de una escandalosa fuga de la cárcel de Piñero. En su reaparición, el sicario reconoció que decidió dejar de ser un fugitivo por dos motivos...

Domingo 21 de Marzo de 2010

Raúl Oscar Flores, el confeso autor material del crimen del sindicalista Abel Beroiz, se entregó ayer a la mañana en los Tribunales tras permanecer prófugo 18 días después de una escandalosa fuga de la cárcel de Piñero. En su reaparición, el sicario reconoció que decidió dejar de ser un fugitivo por dos motivos: temor a que lo mataran y presumir que la policía lo tenía rodeado. Después, ante el juez de Sentencia Carlos Carbone, amplió su declaración indagatoria y sostuvo que algunos de los acusados cómo ideólogos y partícipes secundarios del homicidio tuvieron una vinculación mayor a la que oportunamente él les había atribuído. Al mismo tiempo, sus dichos aliviaron la situación procesal de otros involucrados en el resonante caso.

La reaparición de Flores fue cuanto menos curiosa. A las 6 de la mañana de ayer llegó a la ciudad desde el Gran Buenos Aires y se refugió en la casa de su suegra. Un rato después, esa mujer fue a Tribunales y le anunció al juez Carbone la intención de su yerno de ponerse nuevamente a disposición de la Justicia. Entonces, una comitiva integrada por el propio juez, el fiscal Eduardo Valdes Tietjen y un policía fueron a buscarlo a un domicilio de la zona sur en un auto oficial. El muchacho se subió al rodado sin más vueltas y así llegó al tribunal, desde donde horas más tarde fue derivado a la cárcel de Encausados local. Un rato después también fue detenida la pareja de Flores, que había desaparecido con él el 3 de marzo último. "La mamá de la chica le dijo al juez que sólo se entregaría ante él, pero no explicó los motivos de su decisión", comentó una fuente.

En su exposición ante el magistrado y el fiscal, Flores hizo hincapié en uno de los imputados de la causa, el sindicalista Alejandro Lázaro. "Le atribuyó mayor responsabilidad en la planificación del crimen de Beroiz. Dijo que Lázaro participó en dos reuniones que se realizaron en el bar del laguito (del parque Independencia) para arreglar detalles del plan criminal", contó una fuente judicial.

Esto no fue lo único que Flores dijo en su extensa declaración. Citó, según el vocero, a algunas personas que antes no había mencionado en el expediente como partícipes en el crimen del gremialista de los camioneros. "A algunos de los imputados los involucró de una manera más concreta. A su vez, sus dichos aliviaron la situación procesal de otros de los acusados", explicó el portavoz sin hacer referencias a los nombres de esas personas.

Historia. Alejandro Lázaro, procesado como uno de los coautores del homicidio de Beroiz, espera en libertad el juicio. Salió de prisión el pasado 24 de diciembre tras permanecer un año y cuatro meses tras las rejas y ser beneficiado por una decisión de la Sala III de la Cámara Penal —integrada por Otto Crippa García, Elena Ramón y Ramón Teodoro Ríos—, que valoró las recomendaciones del fiscal acerca de que el imputado no intentó eludir el accionar de la Justicia antes de ser apresado. "Está acreditado en la causa que desde diciembre de 2007 hasta agosto de 2008 cuando fue detenido siempre estuvo en su casa. Además, en ese tiempo se presentó en diferentes empresas para buscar trabajo y realizó cursos de perfeccionamiento", había explicado a LaCapital un portavoz de la causa.

Lázaro era el titular de la filial San Lorenzo del Sindicato de Camioneros provincial e iba a ser removido de su puesto por decisión de Beroiz, quien conducía el gremio a nivel provincial y a la vez era el tesorero de la federación nacional. Se le atribuye haber integrado el círculo de allegados directos a Raúl Luna, ex secretario adjunto del sindicato y también implicado en la causa. Lázaro fue detenido el 7 de agosto de 2008 en su casa. La policía indicó entonces que había permanecido prófugo 65 días y que lo habían buscado sin éxito a pesar de los pedidos de captura. Pero, según los jueces, Lázaro nunca intentó escabullirse sino que siguió con sus actividades usuales.

El juicio. La causa por la muerte de Abel Beroiz, aseinado a tiros y puñaladas la mañana del 27 de noviembre de 2007 en el estacionamiento subterráneo del ACA, en San Martín y San Luis, fue elevada a juicio por el fiscal Valdes Tiejten con ocho personas acusadas de intervenir en distintos tramos del plan homicida. A partir de ese dictamen se inició el proceso escrito contra los acusados en el juzgado de Sentencia a cargo de Carlos Carbone.

La investigación adjudicó el ataque a una interna gremial y a móviles económicos. A los cuatro meses del violento suceso fue apresado en la ciudad de Tostado Raúl Oscar Flores, quien confesó ser el autor material del crimen y en su primera declaración dio los nombres de los demás acusados. Como coautor del homicidio calificado, delito que prevé la pena máxima de prisión perpetua, están detenidos el gremialista Juan Carlos Dell—Arciprete y el gestor Julio Gerez. Como partícipe secundario están acusados el sindicalista Alejandro Lázaro, Marisa Zingales (madre del adolescente que acompañó a Flores) y dos tíos del prófugo: Hugo Bustos y Leonardo Flores. Natalia del Percio, ex pareja de Flores, está en libertad acusada de encubrimiento.

—A su vez, también en libertad, esperan el juicio Raúl Luna, ex número dos de Beroiz en el gremio y sindicado como presunto autor intelectual del ataque, y su chofer Mario López. Con relación a la liberación de Lázaro, un allegado a la defensa había sostenido que, en la requisitoria de elevación a juicio, "quedó demostrada la orfandad de elementos" para sostener la acusación del dirigente gremial como coautor del crimen. En ese trámite, el fiscal Valdes Tiejten había advertido que si no se incorporaba una nueva prueba durante el juicio "él no iba a pedir que lo condenaran", si bien mantuvo la acusación por una grave figura delictiva.