San Cayetano: Otro asesinato en medio de una disputa territorial con trasfondo narco
Ocurrió en los límites de Rosario y Pérez. Guido Estévez estaba en la boca de un pasillo cuando fue ejecutado con cinco balazos

Viernes 09 de Abril de 2021

Once meses atrás, en uno de los tantos a balazos que quedaron en el olvido por el exceso, a Guido Samuel Estévez lo corrieron para matarlo pero el hombre de 28 años alcanzó a refugiarse en la casa de un familiar 1717, también reconocida como Eduardo Angel Isern, al 7300. La experiencia le valió aquella vez un roce de bala en la cabeza y otro en uno de sus brazos. Estévez señaló en aquel momento al apodado “Rengo”. La noche de este martes la experiencia de Estévez con la muerte fue diametralmente opuesta. El hombre estaba a la boca de un pasillo de 1702 y Luis Ouvrard (también conocida como 1735), en inmediaciones de un punto de venta de drogas, cuando tras una discusión con un muchacho que llegó manejando una moto y fue ejecutado. Estévez recibió cinco impactos: dos en cráneo, uno en cuello, tórax lado derecho derecho y muslo izquierdo. La trama de este homicidio estaría dada por la disputa territorial, en el marco del narcomenudeo, entre dos pesos pesados que pasan sus días en la cárcel.

La intersección de calle 1702 y Luis Ouvrard es un botón de muestra que sirve para entender el deterioro, sostenido y palpable, que padecen los barrios de la periferia más extrema. En este caso en el límite de Rosario con Pérez. Calle 1702 y Ouvrard es barrio San Cayetano en los confines de Rosario. Cruzando el pasillo en el que asesinaron a Estévez, cruzando la vía, está Cabín 9, en Pérez. A ambos lados de ese punto en el mapa se puede adivinar, sin ánimo errarle por mucho, que la política local y provincial hace largo rato que no se pega una vuelta por la zona. El mojón simbólico más cercano a la contención es un templo evangélico ubicado a 30 metros del ingreso al pasillo donde mataron a Estévez. Los nenitos del barrio juegan entre la pobreza.

El cruce de calles en cuestión está ubicado a unos 200 metros de uno de los puntos extremos de la Unidad Penitenciaria 5, la cárcel de Mujeres, que tiene su ingreso por 27 de Febrero al 7800 y de una canchita donde hasta hace un par de años se levantaba un mural en memoria de Valentín Reales, el pibe de desaparecido el 15 de noviembre de 2016 y del que jamás se tuvo noticias. El mural con “Valentín, siempre presente” ya no existe. Es que San Cayetano, como buena parte de barrio Godoy, una simbiosis con Cabín 9. Y esa dinámica se da tanto en cuestiones saludables como las tóxicas.

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Bocas cerradas

Sobre el asesinato de Guido Estévez se pudo reconstruir una secuencia escueta. ¿El motivo? Los vecinos de San Cayetano están aterrorizados no por la muerte sino por los vivos que ordenaron, o bajaron línea, para que el asesinato se produjera. “Escuché los disparos. Fueron cinco o seis”, explicó un vecino. “Lo que se es que mataron a un muchacho, pero no es del barrio”, agregó otro residente. “Acá cuando se escuchan los balazos, no hay que asomar la nariz por las dudas. No vaya a ser cosa que ser curioso salga demasiado caro”, agregó otro vecino.

Estévez vivía en inmediaciones de Eduardo Angel Isern al 7300, a unas diez cuadras del lugar donde fue asesinado. De acuerdo a lo que se pudo reconstruir del diálogo con vecinos y con investigadores, pasadas las 22.30 Estévez estaba en la boca del pasillo, un lugar señalado por los vecinos como un punto de venta de drogas, cuando al lugar llegaron dos motos con cuatro personas. Uno de los conductores bajó del rodado y se metió sin miramientos al interior del pasillo en el que se había refugiado Estévez. Acto seguido el motociclista sacó a empujones a Estévez y cuando estaba frente a las motos lo ejecutó a balazos. La víctima recibió impactos en cráneo, cuello, tórax lado derecho y muslo izquierdo.

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El detrás de escena del crimen de Estévez, como en de otros cuatro asesinatos en los últimos tres años en el mismo radio, tienen que ver con una disputa territorial entre dos pesados ambos detenidos en la cárcel de Piñero. Fuentes consultadas indicaron que se trata de Claudio Javier “Morocho” Mansilla y el otro Alexis Claudio “Tartita” Scheneider, uno de los hijos de Ariel Máximo “El Viejo” Cantero. “Si bien los dos están detenidos, es como todo en el mundo del hampa local, manejan las cosas desde adentro. ¿Qué papel tiene en todo esto Estévez? En principio mínimo. Pero estamos transitando las primeras horas de investigación”, adelantó un allegado a la causa en manos del fiscal Ademar Bianchini.

Bianchini comisionó a efectivos de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) para que trabajaran en el territorio recabando testimonios y relevando cámaras de videovigilancia, que a simple vista no se visualizaban.