Martes 16 de Febrero de 2010
“Lo que más lamento es que el dinero que me robaron era para un trasplante de riñón que le tienen que hacer a mi mujer”, se quejó con amargura Carmelo Pagano, un distribuidor de lubricantes industriales que el domingo a la noche, mientras se ausentó de su casa para ir a cenar junto a su familia, recibió la visita de intrusos que saquearon la propiedad.
A pesar del malestar generado, el caso tuvo una derivación alentadora. La hija de Pagano llamó al celular del padre, aparato que había integrado el botín de los ladrones, y fue atendida por uno de los asaltantes. Quizás por inexperiencia, el maleante terminó negociando la devolución del teléfono a cambio de dinero. Aunque no lo hizo con la chica sino con un policía que se hizo pasar por el dueño de casa. Así, en el cruce de Circunvalación y 27 de Febrero fueron detenidos tres adolescentes bajo la acusación de ser los autores del atraco.
Todo comenzó pasadas las 21 del domingo. A esa hora Pagano junto a su esposa, María Isabel, de 52 años, y la hija de la pareja, Analí, de 22, salieron de su casa de Buenos Aires 3965 y a bordo de su auto fueron a comer una pizza a un bar de avenida Pellegrini. Dos horas después regresaron, y tras cerrar el portón del garaje, Carmelo entró a la casa y echó un vistazo a la cocina: “Tuvimos visitas”, murmuró.
Los dichos de Pagano inquietaron a Analí, quien al entrar distinguió una escena desoladora. “Apenas me asomé vi todas las alacenas abiertas y había cosas tiradas en el piso. Salí a la calle y le pedí a un vigilador privado del barrio que llamara a la policía”, recordó la joven.
Llamado delator. Cinco minutos después, una patrulla del Comando Radioeléctrico arribó a la vivienda y recién en ese momento los dueños de casa se percataron de que los intrusos se habían llevado una cámara digital, un sistema GPS y 5 mil pesos además de 12 relojes de colección, entre ellos un Rolex, cadenas de oro y ropa de marca. “Los relojes están valuados en 50 mil pesos”, estimó Pagano.
A pesar de estar conmovida por el asalto, a Analí se le ocurrió llamar al celular de su papá. “Hola Analí”, le dijo una voz masculina que leyó su nombre en el visor del aparato. “No sé quién sos”, le contestó la chica. “Cómo no te acordás de mí después de la noche que pasamos en el hotel”, insistió el interlocutor. Entonces la joven le entregó el aparato a uno de los agentes del Comando que estaba en la casa y éste armó la trampa para el ladrón. “Mirá, yo necesito el teléfono para trabajar. Cuánto querés para devolvérmelo”, propuso el policía haciéndose pasar por Pagano. Luego de un tire y afloje acordaron el pago de 800 pesos para la devolución del aparato y un encuentro en Circunvalación y 27 de Febrero.
Allí fueron varios móviles del Comando y atraparon a tres jóvenes: Micaela Loreley D., de 16 años; Milton H., de 17, y Gastón Angel F., de 17 años. En poder de los ladrones la policía dijo haber encontrado dos celulares, ocho relojes, cadenas de oro, una cámara digital y un GPS, pero no apareció el efectivo sustraído ni un bolso repleto de ropa. “Nos llamó la atención de que no apareciera la plata. Además, encontraron la manija del bolso y no lo que estaba adentro”, comentó Pagano.