Lunes 05 de Julio de 2010
El 2 de mayo de 2004 una patrulla policial levantó en barrio Plata a dos jóvenes bajo la
sospecha genérica de “portación de cara”. Suponían que eran quienes habían participado
de un robo. Entonce los llevaron a la seccional 18ª y allí, a uno de ellos, le dieron una paliza.
La víctima, un pibe de 19 años, sufrió lesiones graves, entre ellas una que motivó que le
extirparan el testículo izquierdo. Por ese hecho seis policías fueron procesados y en agosto de
2008 cinco de ellos recibieron condenas. Ahora, la Cámara Penal confirmó penas de entre 8 meses y 3
años de prisión para tres de los agentes.
El oficial subayudante Darío Cervacio, a cargo de la seccional 18ª al
momento del episodio, fue hallado culpable de ser coautor del delito de vejaciones y apremios
ilegales agravados y condenado a 3 años de prisión de cumplimiento condicional. El sargento
ayudante Mario Agüero, que estaba a cargo de la guardia, fue penado por los delitos de
encubrimiento y falsedad ideológica de instrumento público y sentenciado a un año y seis meses de
prisión. Y al agente César Fabián Ebel recibió la pena de 8 meses de prisión en suspenso por
encubrimiento. Todos fueron inhabilitados por el doble del tiempo de la pena.
En tanto, la Cámara Penal revocó las condenas contra Hipólito L., quien
fichó al muchacho al ingresar a la comisaría, y el sargento Pedro A., por falta de pruebas que
acrediten conducta ilegal. Estos uniformados habían sido condenado a 2 años y 7 meses el primero y
2 años el segundo, como coautores de vejaciones y apremios ilegales.
Golpiza en la comisaría. Por la compensación debido al daño físico, Cervacio,
Hipólito L. y Pedro A. habían sido condenados a indemnizar a la víctima con 150 mil pesos. Pero la
absolución de los dos último llevó a que la compensación deba ser costeada por la provincia y
Cervacio.
El hecho ocurrió el 2 de mayo de 2004. Esa madrugada Sebastián Schmid, que
tenía 19 años, estaba en Cafferata y Aurora junto con su novia y unos amigos. Su familia reside a
50 metros de allí, en barrio Plata.
A las 5.30 una patrulla policial lo detuvo junto a un amigo y los llevó
a la comisaría 18ª, donde el pibe tuvo una actitud que les resultó irritante a los vigilantes y eso
motivó que le dieran una dura golpiza.
Según contó Sebastián a sus padres, dentro de la 18ª dos policías le
asestaron rodillazos en los genitales y le pegaron con un bastón de madera. Además, uno de los
empleados públicos le aplicó una patada en el estómago. Después de siete horas de maltratos,
Sebastián fue liberado y desde ese momento se quejó de dolores.
El lunes 3 de mayo el muchacho fue al centro de salud de barrio Hume, de
ahí al Hospital de Emergencias y el martes le extirparon el testículo izquierdo en el Servicio de
Urología del Heca por las lesiones recibidas.
Por aquella denuncia, seis de los quince policías de la seccional 18ª
fueron separados de sus cargos y procesados por la jueza María Luisa Pérez Vara. La resolución fue
apelada ante la Cámara Penal y en mayo de 2005 la sala III ratificó el fallo.
El 15 de agosto, el juzgado de Sentencia número 2 condenó a 5 de los
policías y absolvió a otro. Pero la condena fue nuevamente apelada.
Los roles. El análisis de la sentencia contra los cinco policía realizado por la
Sala I de la Cámara —integrada por Ernesto Pangia, Juvencio Mestres y Rubén Jukic—
mostró una cadena de encubrimientos a partir de un exceso policial. El fallo pone el ojo en tres de
los uniformados: Cervacio, quien estaba a cargo de la comisaría y conocía a los menores; Agüero,
quien volcó datos falsos en el libro de guardia; y el agente Ebel que encubrimió lo ocurrido.
La defensa de Cervacio, que también intervino en la detención de los
muchachos, sostuvo que los pibes lo acusaban porque lo conocían y lo querían ensuciar.
El camarista Pangia lo descartó en el fallo: explica que nada hace
presumir en el joven Schmid animosidad por haber sido detenido. Además, el golpe que le asestaron
en los testículos, la víctima lo adjudicó a otro policía al que identificó como El Gordo. “La
lógica y el sentido común indican que si hubiera querido perjudicar a Cervacio, no brindaría
mayores detalles y le atribuiría toda la golpiza padecida y más precisamente la que le provocara el
mayor padecimiento”, dijo el magistrado.
La médica policial que revisó a Schmid en la 18ª diagnosticó que el
muchacho tenía traumatismo testicular, hematoma en rodilla derecha, hematoma ocular izquierdo e
inflamación escrotal. Y el forense indicó que tenía una incapacidad física parcial y permanente del
20 por ciento para toda su vida.
El dictamen indica que Cervacio participó del ataque, pero que no fue el
único golpeador. Sobre Agüero, quien estaba a cargo del libro de guardia, el fallo le recrimina que
haya consignado falsamente en el libro que Schmid no presentaba lesiones. También falseó la hora en
que el muchacho recuperó la libertad. “Su actuación es mucho más que meras
desprolijidades”, dijo Pangia en la resolución.
Sobre el policía Ebel la Cámara indica que mintió al manifestar que
había interrogado a Schmid a las 11 de la mañana, cuando ya había recibido la paliza, y el detenido
no le había dicho nada de los golpes sufridos. Asegura que no podía desconocer lo que le había
pasado al joven y que debió liberarlo ya que sobre Schmid no pesaba ninguna imputación.
Si bien aclara que no actuó en los apremios ilegales, fue parte de una
maniobra encubridora. Ebel fue quien atendió a la madre del pibe Schmid y le dijo que lo iba a
liberar “después de terminar con algunos papeles”.