"Quiero saber quién le disparó a mi hijo y limpiar su nombre, que no sea uno más"
Lo aseguró Yanina, la madre de Alejandro Ramúa, el joven asesinado el viernes pasado en una casa de Avenida del Rosario al 400 bis

Sábado 20 de Agosto de 2022

El viernes 12 de agosto Alejandro Gabriel Ramúa, de 22 años, fue asesinado cerca de las 19.30 en la casa de avenida del Rosario al 400 bis donde vivía desde hace algún tiempo junto a un amigo y donde atendía un lavadero de autos. A una semana del crimen, ayer sus familiares y allegados se reunieron en la puerta del Centro de Justicia Penal (CJP) para reclamar que se avance en la investigación del hecho y se encuentre a los culpables.

“Todavía nadie sabe quien mató a mi hijo, pero él era un chico sano y rodeado de su familia. Todos lo querían en Saladillo y nunca tuvo problemas con nadie. Quiero limpiar el nombre de mi hijo, Lo sostuvo Yanina, la madre de Alejandro Ramúa, el muchacho asesinado el viernes pasado en una casa de avenida del Rosario al 400 bis no quiero que sea uno más”, aseguró Yanina, la madre del joven asesinado.

El día de su asesinato Alejandro estaba sentado sobre un escritorio de chapa que hay en el frente de la casa donde vivía esperando que llegara algún conductor para lavarle el auto. Mientras tanto, un nene de 3 años hijo de Fernando C., el dueño de la vivienda donde residía Ramúa y en la cual “solían pernoctar un par de mujeres, una de ellas menor de edad”, jugaba en la vereda. Entonces, cerca de las 19.30 una moto paró a metros de la casa, sobre avenida de Rosario al 400 bis, y uno de sus ocupantes descendió del rodado, se parapetó detrás de un auto gris estacionado a unos 10 metros del frente de la vivienda y disparó no menos de quince veces contra el muchacho.

Al escuchar los disparos Alejandro se levantó y ya herido tomó al niño en brazos e ingresó a la casa, cerrando la puerta de chapa tras su paso. Pero no pudo más y quedó tirado en la galería, boca abajo. Allí murió mientras el nene se escondía en uno de los dormitorios, llorando y sin entender la situación. Fernando estaba adentro con otras personas, según contó Yanina, y su hijo sólo alcanzó a decirle “me quema el pecho”.

Reclamo de Justicia por Alejandro Ramúa.jpg

Yanina aún no logra entender por qué alguien mató a su hijo. En su casa de Pavón al 4700 contó que “Alejandro era muy buena persona. Nació acá en Saladillo, estudio hasta segundo año y después se puso a trabajar. Jugó al fútbol en los clubes del barrio y fue a probarse a Newell’s Old Boys, pero no quedó. Tenía problemas en las rodillas y una semana antes de que lo mataran me preguntó si cuando él se operara yo lo iba a cuidar. ¿Y cómo no?, soy su madre”.

Salir de las drogas Alejandro salió un tiempo con una joven llamada Brenda y al cortar la relación quedó muy afectado, recordó su mamá. “En ese tiempo él decía que se había vuelto drogadicto, pero nosotros ni nos dimos cuenta porque él seguía trabajando normalmente. Después se acercó a una iglesia de San Martín y 27 de Febrero y se fue de casa para instalar ese lavadero en la casa de Fernando. Le iba bien”. Y agregó que su intención es “saber quién le disparó y decir que mi hijo no andaba en nada, ni en drogas ni nada raro. El salvó al hijito de Fernando y murió, hasta en eso fue una gran persona”.

Un amigo de Alejandro, en tanto, contó que el sueño del muchacho asesinado “era jugar en la primera del Club Arijón pero tenía problemas en las rodillas y tenía que operarse. Jugaba muy bien, era un pibe feliz y no era un adicto, a veces fumaba un porro, pero hacía mucho que no lo hacía”.

En la cuadra del 400 bis de avenida del Rosario, frente al monumento a Eva Perón que también se conoce como “La mandarina”, pocos hablaron sobre lo sucedido según reflejó la crónica de La Capital publicada el domingo pasado. Pero a una cuadra de allí un vecino que vio parte del ataque dijo que “en la casa donde mataron a Alejandro se quedaba seguido una pibita del barrio que vendía (drogas) en la zona. La madrugada del viernes que mataron al muchacho le quemaron el auto a Fernando, que a esa pibita solía tenerla en su casa. No sé si habían amenazado a Fernando, pero el lío para mí fue por esa piba y una amiga de ella que es sobrina de Fernando”. En este comentario podría estar la clave del homicidio.

Por su parte, Yanina asegura que pese a que pasaron varios días desde el homicidio, desde Fiscalía aún no la llamaron de declarar a ella ni a Fernando, y que tampoco citaron a quienes pudieron haber visto el momento en que mataron a su hijo. Por eso ayer se movilizó junto a familiares y amigos para reclamar el esclarecimiento del homicidio que se llevó la vida y las ilusiones de su hijo.