La madre de Thiago González, asesinado a los 16 años, habló con La Capital. La causa por el crimen de un policía abre preguntas en una oscura trama
Sábado 31 de Mayo de 2025
Thiago González y su primo Brayton Villa tenían 14 años cuando en noviembre de 2023 participaron del intento de rescate de un preso que estaba internado en el hospital Provincial. Por dinero, y mandados por otro recluso, hicieron de campanas. La emboscada falló y quienes ingresaron al centro de salud tuvieron que huir ante el revuelo que se armó entre custodios, trabajadores y civiles. Al salir, arma en mano, se toparon con el agente Leoncio Bermúdez y lo mataron a tiros. Los adolescentes, mandados por otro recluso y bajo la promesa de varios pesos como paga, hicieron de campana y fueron testigos del crimen. Tiempo después la muerte los buscó y los encontró: primero a Brayton, a quien mataron en junio de 2024, y el pasado 23 de mayo a Thiago. "Se apartaron y querían hacer las cosas bien, pero no los dejaron", aseguró a La Capital la madre del último. En la causa por el crimen del policía consta que el chico sabía de un arreglo "con la yuta" por dos millones de pesos para liberar "al jefe".
El caso vuelve a exponer distintas aristas de la cara más visible y violenta de la criminalidad. Por un lado la utilización de menores que luego son descartados bajo la sentencia de muerte impuesta por esa suerte de ley paralela que rige en la marginalidad. Por otro, la incapacidad de las áreas del Estado designadas por leyes vigentes para el abordaje de menores no punibles, como era el caso de Thiago y Brayton cuando fueron vinculados a aquel plan de rescate en el hospital Provincial. Los demás partícipes de esa emboscada terminaron presos y otros ni siquiera fueron identificados. En la calle se dice que los adolescentes conocían pormenores de aquel plan y que quedaron demasiado expuestos en una Rosario a veces implacable para posibles testigos.
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Lo que queda es la reproducción de un drama social que no empezó ni terminó con la vida fugaz de Thiago y Brayton. Ambos formaban parte de un grupo que respondía a las órdenes de mayores y solían juntarse en un asentamiento de Ayacucho al 6750. Un sector que lleva varios asesinatos de menores y donde, según constató este diario en una recorrida, los vecinos viven entre el narcomenudeo y la pobreza extrema.
"Todo arreglado"
Por el asesinato más reciente, el de Thiago, la Policía de Investigaciones detuvo a Benjamín "Tutu" G., de 18 años. Eran amigos pero hacía tiempo que no se veían. La madrugada del 23 de mayo Tutu le escribió a Thiago por mensaje de Instagram y lo convenció para verse en Ayacucho al 6750, barrio Molino Blanco, un antiguo punto de encuentro de los días más activos del grupo que habían integrado. De hecho la invitación había sido a "revivir viejos tiempos". Se encontraron cerca de las 3, cuando Thiago llegó en taxi y el otro se subió atrás para hacer unas cuadras más hasta el destino. Pero al llegar, cuando atinaban a bajar, Tutu le disparó a su amigo en la cabeza.
Para el fiscal Alejandro Ferlazzo, que le imputó homicidio agravado al acusado, toma fuerza la hipótesis de un ataque a traición, un ajuste interno dentro de la banda. De una manera similar había sido asesinado Brayton Villa, el primo de Thiago. Fue la madrugada del 21 de junio de 2024, cuando llegó en un remis a Guatemala al 2300 y lo sorprendió a tiros un sicario que iba moto.
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La amistad entre Thiago y Tutu quedó plasmada en la investigación por el asesinato del policía Leoncio Bermúdez, corolario inesperado del intento de rescate del preso Guillermo Lencina. En los celulares secuestrados hay conversaciones sobre la previa de aquel suceso. "Hay que rescatar a uno de los jefes. Está en el hospital hay buena teka", le dijo Thiago a Tutu. Después aseguró: "No hay que matar ni nada, está todo arreglado con la yuta, dos millones de pesos pagaron y el jefe sale solo". Ese mensaje consta en la causa y fue enviado el 14 de noviembre de 2023 tres horas antes del asesinato de Bermúdez.
Según la investigación, a Thiago lo contactó Gabriel Joel Ibarra, un recluso de Piñero y compañero de pabellón de Lencina, a quien iban a rescatar. Ibarra es uno de los cuatro imputados por el crimen del policía, resultado de aquel plan trunco. En la causa aparecen tres sospechosos más de los que no se conoció su identidad y se sabe que hubo dos agentes penitenciarios que custodiaban a Lencina. Los únicos que quedaron libres e identificados fueron Thiago y su primo Brayton, posteriormente asesinados.
El dolor de una madre
Mariela, la madre de Thiago, recibió a La Capital en una casa de la zona sur de Rosario de la que el chico se había ido para juntarse con su novia. A pocos días del asesinato de su hijo, la mujer aceptó conversar y confirmó que Thiago era muy amigo del chico que ahora está imputado como autor del crimen. "Por eso se fue a la madrugada confiado. Eran amigos desde hace años. Mi hijo le decía hermano, no le decía ni amigo ni cumpa, hermano le decía", contó.
Ella considera que, por el solo hecho de ser la madre de Thiago, puede estar en riesgo. Quiso hablar con La Capital porque los días posteriores al asesinato de su hijo se vio afectada, así como había pasado tras el crimen de su sobrino Brayton, por los comentarios que leyó en redes sociales y portales de noticias. "Se dijo que fue justicia divina, que estaba bien que los hayan matado. Pero eran chicos, se dejaron llevar por otra gente que les endulzó los oídos", indicó.
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No niega las acusaciones que en los últimos años recayeron sobre su hijo y entiende que su explicación no lo justifica. Pero es su manera de plantear que el asunto es más complejo. Cuenta, por ejemplo, qué pasó con Thiago y Brayton una vez que fueron identificados en la causa por el crimen de Leoncio Bermúdez. Como no eran punibles, el juez de Menores dispuso la intervención de la Secretaría de Niñez. "Nos prometieron que nos iban a ayudar con esto o aquello pero nunca pasó. Le preguntaron a Thiago qué quería hacer para cambiar, él dijo un curso de barbería o jugar a la pelota. Algo que nunca se cumplió", contó Mariela.
Una vida que se escapa
Thiago terminó la primaria en la Escuela Nº 756 “José M. Serrano” y su madre lo anotó para cursar la secundaria en la E. E. T. Juramento a la Bandera, pero empezó primer año y después dejó. Jugaba al fútbol en el club Deportivo Amistad, pero también abandonó cuando empezó a frecuentar otros ambientes. Datos que parecen haber perdido sentido tras el desenlace de una vida marcada por la violencia en su último tramo.
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La mujer recuerda que hace unos tres años su hijo se acercó a aquel rincón de Ayacucho al 6700 y que con 13 o 14 años se escapaba a la madrugada para llegar hasta allá. Ella lo iba a buscar y en esos intentos vanos notó que había empezado a juntarse con gente mayor. "Le hablaba para que no lo hiciera, pero se me reveló", contó Mariela. "Yo hacía lo que podía y no podía darle todo lo que él empezó a pedir: zapatillas o ropa de marca, yo no tengo trabajo y tengo otros cuatro hijos chiquitos", lamentó.
"Quisimos ayudarlo y sacarlo de esa vida a la que no entiendo como fue que llegó así", se preguntó la mujer. "Cuando murió Brayton yo lo seguí llevando a Thiago a Niñez pero nunca nos dieron esa ayuda que prometieron. Después ya no quiso ir más y se tiró mucho a la droga", agregó. En los últimos meses lo había visto mejor, cambio que vinculó a la relación con su novia. "Después de lo que pasó con mi sobrino siempre sentí el miedo de perder a mi hijo, pero no me esperaba esto ahora", reconoció Mariela.
Ayacucho 6750
La dirección Ayacucho 6750 comprende a todas las viviendas del asentamiento precario que crece hacia el este de la avenida, sobre la barranca del Saladillo. Un domicilio que figura en varias investigaciones por homicidios y otros hechos violentos. A metros de allí fue asesinado Thiago y días después detenido el presunto autor del crimen, con domicilio en ese lugar.
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La lista de jóvenes asesinados allí se extiende en los últimos años. Uno de esos casos es el de Yair León, un chico de 15 años que en octubre de 2021 desapareció de su casa del barrio Molino Blanco. Según la Fiscalía, lo mataron en una casa de Ayacucho 6750 que era un punto de venta de drogas y varios chicos se habían juntado allí para cuidarla. Un joven de 23 años fue imputado pero el cuerpo nunca apareció.
También en una vivienda de ese asentamiento fue asesinado Adriano Palacios en agosto de 2022. Tenía 14 años y lo ubicaban como vendedor de drogas en la casa donde terminó asesinado de un disparo en la cabeza. Por último, en julio de 2024 fue asesinado en ese lugar Nehemías Aarón Traverso, de 16 años, quien tiempo atrás había sido demorado por portación de armas junto a Benjamín "Tutu" G., ahora preso por el crimen de Thiago.
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Pocos días después del asesinato de Thiago, en una recorrida por esas calles, vecinos muy escuetos dieron cuenta de cómo se vive en Ayacucho 6750. Un asentamiento que nace al costado de una de las principales arterias de ingreso a Rosario en el que parece regir una ley paralela. Algunos lo manifiestan con advertencias: "Tené cuidado a quién le hablás", "Ojo con lo que preguntás", "Me meto adentro porque están mirando, disculpame".
Menores y delito
Entre las evidencias que plantea la investigación por el crimen del policía Leoncio Bermúdez hay conversaciones entre menores y jóvenes que dan cuenta del rol que cumplían como mano de obra en un grupo criminal. Días antes de aquel asesinato, a Thiago y Brayton les habían ofrecido participar de otro ataque que tenía como objetivo matar a un joven del barrio Stella Maris que tenía un conflicto con la organización.
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"100 palos para cada uno si no hay finado y si hay 200 jajaja. Somos nosotros hermano, vamos agitarla a la vida puto, vamos a pegarnos caravana", le dijo Thiago a su cómplice Luis "Nando" Lastra. Fue este joven, de 20 años, quien el 12 de noviembre mató a Lorena Vega, madre del pibe al que buscaban y no habían logrado hallar. Ese día, según la investigación, Brayton esperó al sicario en una moto. El mayor fue imputado en enero pasado por homicidio calificado por promesa remuneratoria, delito que prevé la pena de prisión perpetua. La fiscal confirmó que luego del crimen el sicario recibió 90 mil pesos.
Tres días después Thiago y su primo Brayton participaron de la emboscada en el hospital provincial. En la previa, como también consta en la causa, se habían entusiasmado con la paga. "Te prometo que esta vuelta la vamos a tener coronada", le dijo Thiago a su primo. Tiempo después los dos fueron asesinados a traición, tal vez para no dejar cabos sueltos en una investigación todavía en curso.