Pistas y enigmas a un año del crimen de un contador
Dos llamadas de personas vinculadas al mundo de la prostitución registradas en su celular fueron
las últimas pistas esquivas que surgieron en la investigación de la muerte del contador Luis
Alberto De Isla, quien fue asesinado de diez puntazos en el cuerpo...
Domingo 20 de Enero de 2008
Dos llamadas de personas vinculadas al mundo de la prostitución registradas en su celular fueron
las últimas pistas esquivas que surgieron en la investigación de la muerte del contador Luis
Alberto De Isla, quien fue asesinado de diez puntazos en el cuerpo poco después de esos contactos
telefónicos en su departamento de Mitre 1039. El viernes se cumplió un año del crimen del docente
universitario y de sus autores poco se sabe: atrapado en sus misterios, el caso sigue sin
detenidos.
El jueves 18 de enero de 2007 Luis Alberto De Isla cumplía 49 años y decidió festejarlo en la intimidad de su departamento. Un día antes de su cumpleaños, así se lo anunció por teléfono a un allegado: “Me encierro a festejar por las mías. No voy a estar, ni me busquen”, le dijo a su amigo, al que le anunció que pasaría la noche con una mujer y con quien quedó en almorzar el domingo siguiente. Sus conocidos no supieron nada más de él hasta que ocho días después fue hallado muerto a puñaladas.
Conmoción. La noticia del crimen sacudió los ámbitos que el contador público, con múltiples relaciones en Rosario, solía frecuentar. Era licenciado en administración de empresas y trabajaba como docente en la carrera de ciencias empresariales en la Universidad Abierta Interamericana, donde además ocupaba un cargo directivo. Estaba separado desde hacía varios años y tenía dos hijos adolescentes con los que mantenía una buena relación.
Brindaba cursos de marketing, trabajaba en la gerencia de contenidos del portal Viarosario.com y era copropietario del bar La Isla de Italia al 900. Años atrás había sido secretario de Hacienda municipal en San Lorenzo durante la primera gestión del ex intendente Armando Traferri.
El cuerpo del contador fue encontrado el 26 de enero de 2007 por el administrador del edificio, quien ingresó al departamento con una copia de la llave luego de advertir el olor pestilente que emanaba de allí. Lo halló tirado en un colchón en el piso de su habitación, semidesnudo. Las luces y ventiladores estaban encendidos. No faltaban objetos valiosos pero los bolsillos de su pantalón estaban vueltos hacia afuera y le faltaban la billetera y el celular.
La escena. Había manchas de sangre en el colchón, en la bañera, en una pared y en el auricular del portero eléctrico, aunque daba la impresión de que alguien había limpiado de rastros el dormitorio. El contador murió desangrado a puntazos con un estilete o sevillana y para los investigadores surgió con claridad que, luego de un encuentro sexual con una o dos mujeres, lo atormentaron para que revelara dónde guardaba el dinero.
Según la autopsia, los cortes fueron más profundos en zonas no vitales y el deceso se produjo entre 7 y 10 días antes del hallazgo del cuerpo. Pero se estableció su cumpleaños como la fecha de la muerte porque a las 0.05 de ese día atendió a un amigo que lo llamó para felicitarlo.
Además, a las 8 de la mañana del 18 de enero sus hijos fueron a llevarle un desayuno. Tenían llave pero no pudieron abrir porque la puerta estaba trabada por dentro con un pasador. Sin embargo, cuando ocho días más tarde el administrador abrió la puerta el pasador ya no estaba colocado.
Ultimos rastros. Las pistas más recientes que obtuvieron los investigadores del homicidio surgieron del registro de llamadas entrantes y salientes del desaparecido celular del contador. Una de esas últimas comunicaciones la entabló con un usuario conocido por la policía como “Pato”. Las fuentes del caso lo definen como “un histórico proveedor de drogas” al que tienen identificado pero, que se sepa, nunca fue citado a declarar.
La otra persona con la que habló De Isla fue una prostituta de apellido Flores que era cliente usual del contador. La mujer, revelan fuentes policiales, estuvo detenida tiempo atrás junto a un policía cuyo apellido sería Castro por la tentativa de homicidio de un empresario bonaerense. A “Pato” los investigadores lo describen como un muchacho que “trabaja en el ámbito de la noche y de la prostitución” . Según los rastreos, se habría deshecho del celular que aparecía contactado con el de la víctima.
Antes de que la pesquisa llegara a ese punto incierto fueron investigados allegados a la víctima, declararon dos prostitutas que lo tenían como cliente y se analizaron sus movimientos bancarios, con la presunción de que el móvil fue concretar un robo y que los autores estarían vinculados al ámbito de la prostitución. No obstante, esas pistas no derivaron en imputaciones concretas y un año después el caso sigue sin aclararse.
El jueves 18 de enero de 2007 Luis Alberto De Isla cumplía 49 años y decidió festejarlo en la intimidad de su departamento. Un día antes de su cumpleaños, así se lo anunció por teléfono a un allegado: “Me encierro a festejar por las mías. No voy a estar, ni me busquen”, le dijo a su amigo, al que le anunció que pasaría la noche con una mujer y con quien quedó en almorzar el domingo siguiente. Sus conocidos no supieron nada más de él hasta que ocho días después fue hallado muerto a puñaladas.
Conmoción. La noticia del crimen sacudió los ámbitos que el contador público, con múltiples relaciones en Rosario, solía frecuentar. Era licenciado en administración de empresas y trabajaba como docente en la carrera de ciencias empresariales en la Universidad Abierta Interamericana, donde además ocupaba un cargo directivo. Estaba separado desde hacía varios años y tenía dos hijos adolescentes con los que mantenía una buena relación.
Brindaba cursos de marketing, trabajaba en la gerencia de contenidos del portal Viarosario.com y era copropietario del bar La Isla de Italia al 900. Años atrás había sido secretario de Hacienda municipal en San Lorenzo durante la primera gestión del ex intendente Armando Traferri.
El cuerpo del contador fue encontrado el 26 de enero de 2007 por el administrador del edificio, quien ingresó al departamento con una copia de la llave luego de advertir el olor pestilente que emanaba de allí. Lo halló tirado en un colchón en el piso de su habitación, semidesnudo. Las luces y ventiladores estaban encendidos. No faltaban objetos valiosos pero los bolsillos de su pantalón estaban vueltos hacia afuera y le faltaban la billetera y el celular.
La escena. Había manchas de sangre en el colchón, en la bañera, en una pared y en el auricular del portero eléctrico, aunque daba la impresión de que alguien había limpiado de rastros el dormitorio. El contador murió desangrado a puntazos con un estilete o sevillana y para los investigadores surgió con claridad que, luego de un encuentro sexual con una o dos mujeres, lo atormentaron para que revelara dónde guardaba el dinero.
Según la autopsia, los cortes fueron más profundos en zonas no vitales y el deceso se produjo entre 7 y 10 días antes del hallazgo del cuerpo. Pero se estableció su cumpleaños como la fecha de la muerte porque a las 0.05 de ese día atendió a un amigo que lo llamó para felicitarlo.
Además, a las 8 de la mañana del 18 de enero sus hijos fueron a llevarle un desayuno. Tenían llave pero no pudieron abrir porque la puerta estaba trabada por dentro con un pasador. Sin embargo, cuando ocho días más tarde el administrador abrió la puerta el pasador ya no estaba colocado.
Ultimos rastros. Las pistas más recientes que obtuvieron los investigadores del homicidio surgieron del registro de llamadas entrantes y salientes del desaparecido celular del contador. Una de esas últimas comunicaciones la entabló con un usuario conocido por la policía como “Pato”. Las fuentes del caso lo definen como “un histórico proveedor de drogas” al que tienen identificado pero, que se sepa, nunca fue citado a declarar.
La otra persona con la que habló De Isla fue una prostituta de apellido Flores que era cliente usual del contador. La mujer, revelan fuentes policiales, estuvo detenida tiempo atrás junto a un policía cuyo apellido sería Castro por la tentativa de homicidio de un empresario bonaerense. A “Pato” los investigadores lo describen como un muchacho que “trabaja en el ámbito de la noche y de la prostitución” . Según los rastreos, se habría deshecho del celular que aparecía contactado con el de la víctima.
Antes de que la pesquisa llegara a ese punto incierto fueron investigados allegados a la víctima, declararon dos prostitutas que lo tenían como cliente y se analizaron sus movimientos bancarios, con la presunción de que el móvil fue concretar un robo y que los autores estarían vinculados al ámbito de la prostitución. No obstante, esas pistas no derivaron en imputaciones concretas y un año después el caso sigue sin aclararse.