Martes 01 de Agosto de 2023
La expansión de la banda narco de Los Gorditos desde la zona sur rosarina hasta el cordón industrial fue la materia de un extenso juicio oral y público que finalizó ayer con la condena a prisión perpetua de Brandon Bay como jefe del grupo e ideólogo desde la cárcel de tres homicidios consumados y otros tres en tentativa. Con él recibieron la máxima pena otros tres detenidos —entre ellos su novia— mientras que un cuarto acusado como miembro de la violenta organización fue sentenciado a 15 años de cárcel. Con esas condenas cierran las causas abiertas contra el grupo en la Justicia provincial.
El juicio a la banda nacida en el barrio rosarino de Tiro Suizo reveló cómo las organizaciones de narcomenudeo logran expandirse aún más con la caída en prisión de sus jefes. Según lo planteado en las audiencias, Bay estaba preso en la cárcel de Coronda cumpliendo condena por las primeras incursiones de la banda en el sur de Rosario cuando comenzó a instalarse, gracias a los contactos de un compañero de celda de apellido Denis y oriundo del cordón industrial, en el negocio de la venta de drogas en el barrio Norte de San Lorenzo, una zona separada por un arroyo de la ciudad de Puerto San Martín.
Una violenta disputa por territorios y acuerdos corruptos con jefes policiales garantizaron el desembarco de esta ramificación de Los Gorditos, con un método que consistió en producir bajas en otras bandas que hasta ese momento convivían sin conflictos para enfrentarlas entre sí.
Rosarinos en el cordón
Esa experiencia es la que comenzó a juzgar el 6 de junio pasado el tribunal integrado por los jueces sanlorencinos Eugenio Romanini, Carlos Gazza y Mariel Minetti. El debate se realizó en el Centro de Justicia Penal rosarino con Bay conectado por pantalla desde la cárcel federal de Marcos Paz y el resto de los acusados presentes en la sala. Se abordó el funcionamiento de una asociación ilícita que investigaron los fiscales Aquiles Balbis, Luis Schiappa Pietra y Matías Edery.
>>Leer más: Un juicio que ventila la expansión desde la cárcel de la banda narco Los Gorditos
Los jueces condenaron a prisión perpetua a Brandon Bay en su rol de jefe del grupo y como instigador desde prisión de seis ataques armados. La misma pena impusieron a los miembros Fabián Agustín Sandoval, Claudio “Primo” Ríos, y Cintia Nair Estrella, pareja de Brandon. Juan Manuel “Pera” Alvarez obtuvo una condena más baja de 15 años de prisión.
“Estamos conformes con el resultado del juicio. El objetivo sobre todas las cosas era probar que al menos durante dos años y medio hubo un grupo de personas liderado por Bay organizadas para quedarse con un sinnúmero de negocios ilegales en el cordón, con apoyo policial”, dijo a este diario el fiscal Balbis luego de la lectura de la sentencia. “Entre las víctimas hubo personas vinculadas al negocio del hampa, es decir que eligieron a qué personas eliminar para imponerse, dejando bien claro que venían a quedarse con ese territorio y a los fines de dejar un mensaje en los barrios. El mensaje era que con este grupo de rosarinos no se podían meter”, añadió.
Desde Fuerte Apache
La banda de Los Gorditos se hizo conocida por su temeridad desde sus orígenes a mediados de 2015 en el complejo Fuerte Apache y el barrio Tiro Suizo, en el sur rosarino. Las venta de drogas al menudeo, homicidios, robos y extorsiones eran atribuidos desde entonces al grupo y algunos de esos hechos motivaron la caída en prisión de Bay, quien fue condenado a 10 años de prisión por incidentes de esa época.
Mientras Bay cumplía esa condena en la cárcel de Coronda comenzó a detectarse la expansión de la banda hacia el cordón industrial, con arraigo en el barrio Norte de San Lorenzo y en Puerto San Martín.
Luego de una seguidilla de asesinatos que provocaron el hartazgo de los vecinos y la destrucción de un búnker de drogas en medio de una pueblada, el grupo fue desarticulado en junio de 2020. El detonante fue el crimen de Brian “Runi” Sánchez, un adolescente de 16 años baleado desde una moto el 28 de mayo de 2020 cuando pedía monedas en Mitre al 900 de San Lorenzo. Un joven de 24 años quedó malherido en ese ataque.
Los vecinos expresaron su bronca: incendiaron contenedores, marcharon por la calle Costanera que desemboca en la ruta nacional 11 y voltearon a golpes el búnker frente al cual había sido asesinado tres días antes Gerardo “Pecho” Pérez, quien fue baleado con un disparo en el tórax en otro ataque atribuido a Los Gorditos. El primer crimen de la saga había sido el del bailarín de cumbia cruzada Rodrigo Gigena, de 25 años, baleado por error desde un auto la noche del 6 de agosto de 2019 en barrio Norte de San Lorenzo cuando estaba parado en la vereda frente al negocio de su familia.
Caída
La banda cayó con la detención de más de una decena de personas, seis de ellas ya condenadas en juicios abreviados. Maximiliano “Marrón” Denis y Pablo “Macana” González recibieron penas de 10 años de prisión por integrar la banda y por su participación secundaria en una tentativa de homicidio. Los otros condenados como miembros de una asociación ilícita a penas que rondan los 3 años de prisión son Diego Bay, Santiago “Pino” Niz, Lucas Romero (un agente policial primo de Brandon), Raúl “Capote” Torres y Joan Fernández.
Tras esas detenciones de junio de 2020 el grupo cobró notoriedad a raíz de escuchas difundidas en diciembre de ese año. Se registró a Bay diciéndole a su cuñado que quería “cortar en pedazos” a sus rivales con una motosierra: “Van a buscar el Tornado y de paso matamos a un par de zombies, me voy a llevar a uno. Te mando un video con una motosierra, fijate cómo lo voy a cortar en pedazos, bien a lo mexicano le voy a dar”. Un año después fueron detenidas dos hermanas y la madre de Bay por continuar con los negocios en la calle. El año pasado una de las hermanas, Aldana Bay, y Erica Altamirano, la madre, fueron condenadas a seis años y medio por narcotráfico.
Apoyo policial
Según lo expresado por investigadores policiales en el juicio, el grupo contó para asentarse con la colaboración de policías locales que hacían aparecer las muertes como resultado de una puja entre las bandas de Ramón Alberto “Willy” V. y Víctor “Pipi” L. Por esa colaboración fueron detenidos en su momento el jefe de la comisaría 7ª de San Lorenzo, el comisario Raúl Omar Fleitas, condenado en un abreviado a 3 años de prisión efectiva, y el sumariante Marcelo Alvarez.
A partir de las pruebas rendidas en el juicio los jueces consideraron a Bay instigador del crimen del adolescente Brian Sánchez, encuadrado como un crimen cometido por promesa remuneratoria y bajo acuerdo previo de más de dos personas.
Bajo la misma figura penal fue condenado por instigar los homicidios de Gigena y “Pecho” Pérez, un hombre de 54 años sindicado como vendedor de drogas que el 25 de mayo de 2020 fue atacado con un balazo en el pecho en una casa de Díaz Vélez al 4100 del barrio Norte de San Lorenzo, un lugar señalado como un punto de venta de drogas. A estos delitos Bay sumó otros tres homicidios en tentativa, las amenazas calificadas a una familia y la jefatura de una asociación ilícita.
Fabián Sandoval fue condenado como coautor del crimen de Pérez, portación de arma de guerra, dos tentativas de homicidio, amenazas coactivas y como miembro de la asociación ilícita.
Nair Estrella recibió también perpetua como partícipe primaria del crimen de Pérez e integrante de la banda. En tanto, “Primo” Ríos fue considerado coautor de los asesinatos de Pérez y Sánchez, la portación ilegal de un arma, la pertenencia a la asociación ilícita y otro crimen en tentativa. Tanto Bay como Sandoval y Ríos fueron declarados reincidentes.
Por último “Pera” Alvarez, en carácter de miembro de la organización, recibió 15 años como coautor de los delitos de amenazas, encubrimiento y portación de arma, aunque fue absuelto de las acusaciones de homicidio.
La utilidad de matar
“Se pudo comprobar que esta banda contaba con recursos económicos, vehículos, armamento de envergadura, pistolas, ametralladoras, fusiles de asalto y chalecos antibalas. Se evidenció que eran muy claros seleccionando los objetivos y los medios, aceptando que para perpetrarlos podían ocurrir bajas civiles ajenas al conflicto originario”, remarcó Balbis.
En este sentido, según el fiscal, la conmoción social que generó el crimen del Gigena por un error del sicario también fue aprovechado por la organización: “El conflicto y la masificación de la noticia les resultaba útil. Hay audios de Bay en los que se lo escucha decir que maten a un par de inocentes, a un par de viejos, con tal de armar una revolución en el barrio”.