Miércoles 02 de Agosto de 2023
La música que sonaba a todo volumen en la casa de Mardoqueo Gómez alertó de algo raro a sus vecinos de Granadero Baigorria. Al hombre, un ladrillero de 60 años, le gustaba escuchar cumbia o chamamé en su humilde casa cercana a la ruta, pero en ese horario —las 10 de la mañana— solía estar en su trabajo. “Tocamos la puerta y no salía nadie. Otro vecino entró y lo encontró tirado y lleno de sangre”, contó una vecina de “Chiquito”, como le decían, quien había sido atacado con nueve puñaladas. Un compañero de trabajo de la víctima detenido poco después fue condenado a 8 años y medio de prisión como autor del crimen.
La pena fue aceptada por el acusado Alexis Zamudio, de 21 años, en un acuerdo abreviado entre la fiscal Gisela Paolicelli y la defensora pública Eugenia Carbone. El juez Fernando Sosa respaldó el convenio y dictó la condena en una audiencia realizada este miércoles a la mañana en el Centro de Justicia Penal. Fue condenado por el delito de homicidio simple.
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Según la investigación, Zamudio y otro hombre que estuvo imputado por el crimen habían pasado la noche del 11 de junio de 2020 tomando unos tragos y escuchando música en la casa de Gómez. Se habían reunido en el patio de la vivienda de Los Andes al 3200, una calle ancha paralela a las vías a unos 700 metros al oeste de la ruta 11, en una zona muy humilde de Granadero Baigorria.
En algún momento de la noche le asestaron a Gómez nueve puñaladas en el tórax y en la cara. Luego trasladaron el cuerpo hasta el dormitorio, lo dejaron boca abajo y se fueron. Dos botellas quedaron sobre la mesa de la cocina. Horas después, los vecinos de Mardoqueo escucharon música y les llamó la atención que a la mañana de un jueves siguiera sonando en su horario de trabajo.
"A él le gustaba el chamamé y sabíamos que tipo 8 se iba a trabajar", contó a este diario Miriam, una vecina que vivía enfrente. Cuando desde el barrio dieron aviso a la policía, efectivos de la Agencia de Investigación Criminal fueron hasta el lugar y determinaron que el hombre había sido apuñalado en el fondo de la vivienda, junto a un excusado, y luego arrastrado hacia adentro de la casilla. Recibió varias puñaladas y quedó tirado sobre un colchón.
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"Tenía la costumbre de tomar y no jodía a nadie. Era un buen hombre y hacía cuarenta años que estaba en el barrio", dijo "Kiki", otra vecina. A partir de testimonios de las últimas personas a las que habían visto entrar y salir de la casa los policías detuvieron a Zamudio, quien trabajaba en la zona, y a Leonardo A., de 29 años. En una iglesia de Dorrego al 2900 de esa ciudad donde fue detenido el segundo de ellos la policía halló un pantalón y un machete con manchas de sangre.
En las audiencias judiciales por el caso, Zamudio y A. se culpaban mutuamente. En algún momento obtuvieron la libertad, pero dejaron de comparecer al proceso y por eso se ordenó la captura de ambos, lo que sólo se logró en el caso de Zamudio. Según una fuente del caso, las pruebas de ADN, la reconstrucción del hecho y las pericias antropométricas arrojaron que el crimen sólo pudo ser cometido por una sola persona.
Finalmente Zamudio, un muchacho que no terminó la escuela primaria y que trabajaba como pintor en una iglesia y en los hornos de barro de la zona, reconoció la autoría del crimen con la firma del abreviado. De acuerdo con la acusación el ataque se cometió entre la 1 de la madrugada y las 8 de la mañana del 11 de junio en el patio de la casa de la víctima. En el texto del acuerdo consta que durante la investigación no se pudo ubicar a ningún familiar ni allegado a Mardoqueo para informarles el resultado de la condena.