Le encomendaron asesinar a una persona, falló y lo pagó con su vida
José Francisco Bret perdió la moto que le habían dado para hacer un "trabajo" encargado desde la cárcel. Al parecer sus contratistas no se lo perdonaron

Domingo 12 de Diciembre de 2021

“Avisame cuando estés llegando”. Media hora antes de que lo mataran de siete balazos en una esquina de Ludueña, José Francisco Bret recibió cinco veces ese mensaje en su celular. Lo habían citado a un encuentro en barrio Ludueña donde lo esperaba una emboscada letal desde una moto. Quien mantuvo esos últimos contactos por WhatsaApp fue un preso de la cárcel de Piñero que había compartido pabellón con él, que a sus 41 años acumulaba varias causas por robo. Por esos diálogos del final el interno Gianfranco B. fue imputado días atrás como la persona que convocó a Bret al sitio donde lo esperaba su muerte.

¿Por qué lo hizo? El motivo está expresado en la imputación que formuló la fiscal Marisol Fabbro. Allí se relata que el preso había conectado a su ex compañero de celda con otros conocidos para que les hiciera un “laburo” extramuros.

Bret debía matar a alguien a cambio de dinero y para eso sus contratistas le asegurarían la movilidad y el arma: una “pico” (pistola) que “martilla y brilla, no falla”, le prometieron. Alcanzó a recibir una moto pero la perdió al caer detenido días antes de ser asesinado. Al parecer, Bret no cumplió con el trabajo asignado y fue eso lo que le costó la vida.

Mensajes

La evidencia para llegar a Gianfranco B., el preso de 24 años imputado por el crimen, quedó contenida en el celular que llevaba Bret el 6 de mayo pasado al caer de panza sobre la vía de Ludueña con siete tiros en el cuerpo. La pericia telefónica develó los mensajes que la víctima había recibido durante los días previos desde la cárcel de Piñero, tanto para encomendarle el trabajo que no llegó a ejecutar como para organizar la logística y, finalmente, conducirlo a la cita mortal.

Sobre esa base la fiscal imputó a B. como coautor de un homicidio calificado por ser planeado entre más de dos personas, delito que prevé prisión perpetua. Se desconoce aún quiénes dispararon las siete balas 9 milímetros al cuerpo de Bret mientras su novia lo esperaba en un taxi cerca de allí.

Al contenido de esos mensajes se sumaron testimonios de allegados a Bret sobre sus últimos días. Había salido de prisión tiempo atrás, vivía en Granadero Baigorria y estaba en pareja desde hacía siete meses. Como no tenía celular se comunicaba por Messenger, pero dos semanas antes del crimen pudo conseguir un móvil y empezó a conectarse “con todas sus amistades de cuando estaba preso”.

Entre esos contactos agendó a “Gordo Gianfranco”, con quien habían estado detenidos por una misma causa de robo, actividad a la que se dedicaba Bret según contaron sus conocidos. Entre sus antecedentes había una detención de la madrugada del 24 de marzo, cuando agentes de la Brigada Motorizada lo apresaron luego de que intentara robar una camioneta estacionada en Mitre al 1100. Llevaba un destornillador de punta plana modificada en forma de L que usaba como ganzúa para forzar cerraduras.

“Las cosas”

Días antes del jueves que lo mataron Bret comentó entre los suyos que Gianfranco le había ofrecido un trabajo que consistía en “ir a matar a alguien”. Nunca dijo a quién pero precisó que la tarea era en la zona de Avellaneda y Pellegrini.

Si cometía el crimen, contó, podría quedarse con el auto de la víctima. También mencionó que el lunes había ido a barrio Ludueña a buscar “las cosas” que precisaba para el ataque. No hizo referencia a un arma. Habló de una moto que la entregaron en una casa de Esquiú y Felipe Moré. El mismo lugar donde terminarían matándolo tres días después.

“En ese tiempo José se drogaba siempre que podía. Estaba bastante drogado. Se drogaba con Rivotril”, lo recordaron en su entorno. No supieron si fue por eso o porque ese lunes había llovido, pero lo cierto es que Bret se accidentó con la moto.

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La caída fue con tan mala suerte que cuando los vecinos de Juan José Paso al 6800 llamaron al 911 para avisar que había un hombre tirado en la calle junto a una moto negra Honda Wave sin patente lo llevaron a la comisaría 12ª para averiguación de antecedentes.

Libre sin la moto

En la seccional se chequeó un pedido de captura en su contra por homicidio que ya no tenía vigencia. Le dieron la libertad pero se dispuso el secuestro de la moto. En la 12ª le dijeron a la familia que había tenido un accidente en moto en el que sufrió golpes en un pómulo, la nariz y las costillas. Médicos del Sies comprobaron que las heridas eran superficiales y quedó demorado porque no llevaba el DNI.

“Me dieron una moto que no sabía manejar”, confesaría cuando le dieron la libertad, a las 2 de la mañana del martes, tras constatarse que no tenía pedido de captura. Llegó a su casa con un moretón en un ojo. No recordaba si el golpe fue por caer de la moto o “si fue la policía, después”.

Como al pasar, habló de algunas pertenencias que habían olvidado el lunes en la casa de barrio Ludueña donde retiró la moto: “Y allá quedó mi bolso, en la casa de esa gente”, dijo. Entre sus cosas llevaba algunos elementos de aseo personal y un cuaderno con fotos de su madre y su familia donde anotaba “lo que él hacía, alguna patente de algún auto para ver luego algún domicilio”. Hizo tratativas para recuperarlas, pero por haber perdido la moto no se las querían devolver.

Ultimos tres días

Bret prometió ir a buscar esas cosas el martes pero no fue. Sus contratistas se lo reprocharon y “la situación con esas personas fue empeorando ”, contó su familia. El miércoles, para apaciguar los ánimos y compensar la pérdida de la moto, acordó entregar la llave y el título de propiedad de su auto pero no encontró a nadie en la casilla junto a las vías de Esquiú y Felipe Moré: “Lo plantaron”.

El jueves fue al Centro de Justicia Penal a estampar la que resultó su última firma en una causa penal. Al salir le mandó un audio a su novia pidiéndole que lo acompañara a Ludueña esa tarde. Salieron a las 17 en un remís, con las llaves y papeles del auto. Los recibió un hombre con gorro de Rosario Central a quien Bret, por esa cualidad y por haber sido quien le entregó la moto, tenía agendado en su teléfono como “Moto Canalla”. Ofreció el auto en reparación por la pérdida y pidió que le devolvieran su bolso. Lo mandaron a esperar a una plaza. Nadie llegó y volvió a su casa en colectivo.

A la noche, alrededor de las 21, a través de mensajes de WhatsApp volvieron a convocarlo a ese lugar. Fue otra vez con su novia, que se quedó esperándolo en un taxi en la zona hasta que vio pasar una ambulancia, se acercó a la vía y lo encontró muerto a balazos.

La última conexión de Bret a su celular fijó la hora de su muerte: 22.46. Cuando esperaba en el mismo sitio de las transacciones fallidas de esa semana pasaron dos hombres en moto y le dispararon siete tiros. Cayó muerto sobre la vía, rodeado de vainas.

“Lo van a boletear”

Los últimos mensajes remitieron a B., detenido entonces en el pabellón 9 de Piñero desde febrero de 2020 por tenencia de arma y robo. “Estoy mal, presenté al Negro con una gente de acá. Les iba a hacer unos laburos y se la re mandó. Lo van a boletear”, le confió Gianfranco, nervioso y temblando, a una persona que fue a visitarlo días antes del crimen. Dio a entender que a Bret “lo habían mandado a hacer un trabajo y se había mandado una macana o se la patinó o hizo algo mal”.

De los mensajes remitidos esa semana desde prisión por “Gordo Gianfranco” se desprende que estaban en tratativas de concertar un trabajo. “El chofer, mañana te hacemos reunir con él”, le escribió cinco días antes a Bret, y describió el arma. Acordaron que el encuentro con el chofer sería el lunes, el día que Bret recibió la moto: “Que él te pase todos los detalles del chabón, de la pico, de la movilidad, de todo”.

De los mensajes del día del crimen se recuperaron algunos en los que el contacto agendado como Gianfranco prometió “la luca para el remís” y aseguró: “Lo de la moto lo arreglo yo”. Ese día lo citó a las 15.30 a “Felipe More y Eskiu” pero al rato le advirtió: “Negro, caete tirando para las 6 que comando frenado hace una hora por esa cuadra, espero que se vaya”. También le dijo que le pagarían el taxi o remís.

Ese horario coincide con el primer viaje de ese día de Bret a Ludueña, cuando lo mandaron a esperar en una plaza. “La verdad no sé qué pasó hoy. Están con unos bondis los pibes, no pude hablar bien”, se excusó su amigo desde la cárcel.

Bien en la esquina

Más tarde le advirtió: “El trabajo ya se hizo cumpa. Ya no está más esa cabida”. Sobre las 21, volvió a convocarlo a la misma dirección: “Llamate un remís. Acá te pasamos la plata para el remís”, y lo apremió: “Lo más rápido llamate. Que tiene que ser antes de las 11”.

“Avisame cuando estés llegando”, insistió cuatro veces el preso al citarlo “bien en la esquina”, para avisarles de su llegada a las personas que supuestamente se iban a reunir con él. “Menos cuarto llego al 500 bis”, anunció Bret. Su compañero le indicó que bajara el auto para que lo vieran y que se ubicara en la esquina. “Tranki que no te dejo morir”, lo tranquilizó. A las 22.48 fue él último mensaje: “¿Y cumpa?”. A esa hora Bret estaba muerto sobre la vía, con el cuerpo rodeado de vainas.