Lunes 02 de Noviembre de 2020
El domingo 17 de marzo de 2019 un hacha endemoniada partió a la familia Rafaelle. A las 6 de la mañana Flavio Conde, un profesor de taekwondo, baleó a Matías, el hijo mayor de Claudio y Elida, en un after de Balcarce y Brown. El muchacho murió esa tarde en el Hospital Clemente Alvarez. Tenía 25 años, le gustaba viajar, era taxista y su proyecto inmediato era comprar una chapa y tener un auto propio.
Su padre aún no puede entender esta muerte. “No duermo y pienso por qué pasó. Nunca creí que nos fuera a pasar esto. Cada día que salgo a mi trabajo ya no estoy seguro de volver, siempre fuimos una familia de trabajo y él era eso, un trabajador, un chico de su casa, sus amigos, su vida”, dice Claudio.
El lunes pasado los jueces Hebe Marcogliese, Patricia Bilotta y Gustavo Pérez de Urrechu condenaron a Conde, de 53 años, a una pena de 18 años de prisión por el crimen de Matías sucedido en el minibar Oktubre de Balcarce 7 bis.
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Según la investigación el homicida estuvo gran parte de la madrugada de ese domingo tomando, tocando su guitarra y alardeando de su condición de profesor de artes marciales en el local hasta que los que estaban allí le dijeron que se fuera porque estaba violento. Entonces el hombre se retiró, pero volvió cerca de las 7.30 a buscar su guitarra.
Matías había trabajado toda la noche en el taxi y terminó en el minibar a partir del llamado de unos amigos que estaban allí. Su llegada coincidió con la de Conde, a quien le dijo que se retirara, que si era profesor de taekwondo no debía ser violento. El agresor entonces empezó a discutir, golpeó a varios parroquianos y al mismo Matías.
En esas circunstancias apareció un revólver calibre 22 y se escucharon seis tiros. Todos vieron a Conde empuñar el arma. Dos balas hirieron a Matías, que falleció horas después en el Hospital de Emergencias Clemente Alvarez. Al día siguiente del homicidio el bar fue clausurado por la Municipalidad. Si bien estaba habilitado para funcionar como bar americano las 24 horas, los vecinos lo apuntaron como un lugar problemático.
El arma no fue hallada pero en la requisa del after se secuestró la guitarra criolla del acusado en cuya funda se halló el resorte de un cargador y un recipiente de plástico negro con seis cartuchos intactos calibre 22. En el juicio declararon cinco testigos que relataron los incidentes previos. De ellos, dos vieron a Conde sacar el arma y disparar.
Tanto al ser imputado como durante el juicio Conde negó haber hecho lo que vieron los testigos. “En realidad es todo muy confuso lo que pasó, no fue como dicen. Pero no lo tengo bien en claro. Lo que sí sé es que no hice esta aberración. Nunca tuve un arma ni nada por el estilo. No entiendo cómo se me acusa de esto”, declaró el acusado.
Amigos y allegados a Matías encabezaron movilizaciones y reclamos por el caso que tuvo a Conde en prisión preventiva hasta el inicio del juicio oral. En ese sentido Raffaelle repasa una lista inmensa para agradecer aunque sabe que se olvidará de muchos. Entre ellos está el fiscal del caso. “Luis Schippa Pietra es un hombre responsable y decente. Yo no entendía nada de tribunales y delitos y ni siquiera conocía a abogados para la querella. Todo quedó en manos de él y la condena a 18 años habla de lo bien que trabajó. Los amigos de Matías hicieron de todo y sobre todo nos apoyaron y hay tanto para agradecer. Ya me voy a acordar, ahora muchas cosas se me van de la cabeza”.
Miedo para siempre
Claudio Rafaelle se cargó el juicio al hombro. “Quise dejar a mi familia a resguardo. Esto nos cambió, nos desarmó por completo. Cuando Mati agarró el taxi yo siempre le hablaba y le decía que se cuidara, que si veía a un pasajero difícil que se refugiara en alguna estación de servicio, que tuviera ojo”. Pero la muerte llegó por otro lado.
“Lo más lamentable es que esto que nos pasó nos puede volver a pasar. Seguro que le va a pasar a otras familias. Día por día pasa esto y lo asimilamos como algo normal. Esto te derrumba la vida para siempre. Las familias quedan con secuelas irremediables, con la muerte presente a diario, con esa ausencia insoportable”, reflexiona el papá de Matías.
Claudio es empleado metalúrgico desde hace 35 años. Su familia la componían su hijos Matías, Gonzalo y María; y su esposa Elida. “Gonzalo tiene 21 años y trabaja conmigo en la fábrica. Ahora no estoy tranquilo hasta que lo veo entrar al trabajo. El vive solo y yo pienso en que está en peligro. No sabés si cuando saca el auto de su casa alguien puede meterse, si lo apuntarán con un arma y le tengo miedo a su juventud, a que reaccione cuando intenten robarle y tenga problemas”.
“Me impresionan cosas que pasan en esta ciudad —agrega— como la muerte de la nena Tiziana, que estaba lavando los platos en su casa y recibió un tiro en la cabeza. Las balaceras permanentes. Es una locura”.
Dudas, resignación, pena
“No me entra en la cabeza que este hombre haya matado a mi hijo. ¿Qué vida tenía ese hombre para estar ahí a esa hora? ¿Qué le pasó en la vida a este tipo, con formación en artes marciales, para haber ido a provocar? Tenía las herramientas para defenderse y sin embargo disparó”, dice Claudio, con una voz casi apagada. “Pasé noches y noches pensando en eso, en el porqué. ¿Qué le pudo pasar a ese hombre. Nunca voy a ser el mismo. Ni yo ni mi familia. Y pensar que este hombre tal vez en 12 años salga en libertad. ¿Tan poco vale una vida?¿Doce años de prisión?”.
Claudio Rafaelle fue a las dos audiencias del juicio oral que se hizo de manera presencial y vio al homicida. “El no me miró. Es un hombre de 1,80 metro de altura y robusto, rapado. El se mantuvo con la vista esquiva. Y si bien me causó repulsión, no siento odio por él, no siento odio. Es una sensación de dudas, resignación, pena. Es muy difícil definirlo”. El padre lastimado cree que tanto él como su esposa en algún momento van a necesitar terapia. “Tal vez nos haga falta”.
El día que todo se detuvo
Matías viajó durante 2018 por América latina. “Recorrió Ecuador, Bolivia, Brasil, Uruguay. Yo le decía que tenía que instalarse en algún lado y en el verano de 2019 fue a Brasil. Por eso la noche de ese día de marzo no fue al cumple de un amigo al que lo habían invitado y terminó tomando algo en ese bar con otros amigos al finalizar el trabajo. Ahora pienso, mejor que viajó, que hizo lo que le gustaba”.
Claudio recuerda en la charla con ♫asLaCapital♫xs anécdotas de su hijo. “Trabajó desde los 15 años, terminó la secundaria en una escuela nocturna. A los 18 había entrado en una concesionaria de autos y días antes se rompió los meñiscos jugando al fútbol. Estuvo dos meses y medio yendo a trabajar sin tratamiento porque quería quedar efectivo. No pudo ser porque en un momento no pudo caminar más, pero la peleó como siempre la peleaba. Era un chico como cualquiera, un buen hijo.”
“La mañana en que mataron a mi hijo me pasó algo raro. Eran las 7 de ese domingo y tenía una angustia terrible, casi hasta llorar. Fui a buscar unas facturas y cuando vuelvo a casa encuentro a Gonzalo que me cuenta lo del tiro. En un viaje interminable llegué hasta el Hospital de Emergencias, no me desprendí en todo el día de un Rosario que tengo. Pero a las 19 Matías murió y todo se detuvo”.