La segunda muerte de Pakito, el pibe asesinado en Rodríguez al 5500
Alvaro Agatí tenía 18 años. En julio pasado recibió cuatro balazos pero sobrevivió. Nadie sabe qué hacía donde lo mataron

Miércoles 09 de Febrero de 2022

Hace siete meses Alvaro “Pakito” Agatí, un pibe de 18 años que vivía en los monoblocks de Rouillón y Seguí, fue atacado a balazos por un antiguo amigo un año menor que él. Fue el miércoles 14 de julio pasado poco después de las 18 en la inmediaciones de Rouillón al 3700 cuando cuatro disparos lo impactaron en tórax, brazo y pierna izquierda. Malherido, el pibe se arrastró más de cien metros hasta el lugar donde vivía y fue socorrido. Si bien estuvieron a punto de amputarle un brazo, sobrevivió.

Pero la madrugada de este martes Pakito no pudo gambetear a la muerte. Alrededor de la 1.20 los vecinos de Rodríguez al 5500 —casi esquina Hilarión de la Quintana— escucharon una decena de detonaciones y cuando se asomaron a ver que había pasado se toparon con un pibe agonizante con múltiples heridas, varias en la zona alta del tórax y cuello. Era Agatí. Los vecinos dicen que la ambulancia demoró una hora, que cuando entró al Hospital de Emergencias Clemente Alvarez pudo dar sus datos personales, pero que los médicos poco pudieron hacer para salvarle la vida.

“Odio Rosario. Odio que sigan matando a los pibes. Odio que los que nos gobiernan se hagan los boludos. Rosario lo único que hace es empeorar. Todas estamos cansadas de que nuestros hijos salgan a la calle y estar con el corazón en la boca hasta que vuelven”, reflexionó una vecina de los monoblocks donde vivía Pakito.

Todas

“Pakito las pasó todas. Su mamá murió de cáncer. Se vino a vivir con su abuela y la mujer murió. Se quedó viviendo con unos tíos y un primito de 10 o 12 años. Como era adicto, los tíos lo echaron y pasó a dormir una noche en la casa del amigo que lo refugiara. Después lo dejaron volver, pero el pibe estaba claramente solo, nadie lo apoyaba. Tiene un hermano que se enyuntó y se fue. Las pasó todas y nadie lo sostenía", resumió una vecina del Fonavi de Rouillón y Seguí que conocía bien al joven asesinado en Rodríguez al 5500.

"Estaba buscando trabajo —continuó la vecina— y la novia, una piba que lo adoraba, lo ayudaba a buscar. Fue la que siempre estuvo a su lado, sobre todo cuando el pibe estaba caído. A Pakito lo quería todo el mundo porque era parte de este paisaje".

La mujer dijo que "nadie sabe" qué hacía Agatí en el lugar donde fue asesinado. No sabían si fue con alguien, quién lo pudo haber llevado y qué hacía allí. “Hay mucha bronca de los vecinos porque a Pakito lo dejaron solo ante la muerte”, sostuvo la vecina.

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Las últimas horas de “Pakito” fueron como siempre. Yendo y viniendo de la casa de su novia en las entrañas de los monoblocks. Yendo y viniendo en la charla con sus amigos del barrio. Yendo y viniendo, siempre con la base en el Fonavi.

La mayoría de los vecinos con los que se animaron a charlar con este cronista en el Fonavi, entre las fabulosas pintadas en rojo y negro que homenajean a Diego Maradona y Lionel Messi, no dejaban de recordar aquel 14 de julio, cuando todos pensaron que Pakito no la iba a poder sacar adelante. Recordaban que por una infección la suerte del brazo derecho casi termina en una amputación.

“¿Que cagada de mandaste?”, recuerdan haberle preguntado. “No sé. Antes él era mi amigo y ahora me cagó a tiros. No sé que le hice”, les respondía Pakito. “Anoche lo vimos sentado sólo en la puerta de la casa. Nadie se sabe explicar qué estaba haciendo donde lo mataron. El no era un pibe de los que estaba por todos lados. El, siempre en el Fonavi”, indicó un vecino.

Empeorar

“Acá, en el Fonavi —relató otra vecina— las cosas no hacen otra cosa que empeorar. Ya quedó de lado por estos lares si hay droga o no. Todos saben dónde se vende, todos sabemos. La pregunta es qué hace el Estado que no revienta a los que venden droga. Porque si a los pibes no te los envenenan con la droga te los matan a balazos. Llegamos a un punto donde todos nos queremos ir de Rosario pero ¿cómo haces? ¿Quién te va a comprar una casa en un Fonavi? ¿Quién te va a dar facilidades para comprar en otro lugar que no sea Rosario? ¿Qué banco te va a dar un crédito que puedas pagar? Estamos condenados a vivir en esta ciudad donde no tenés agua, te cortan la luz cuando hace calor y también cuando hace frío, donde te chorean cuando esperas el colectivo, volvés de laburar o vas a hacer los mandados. Vivir acá pasó a ser una condena”, relató una vecina.

A unas sesenta cuadras del Fonavi Rodríguez al 5500 es, según vecinos, una de las cuadras más tranquilas de barrio Las Delicias. “Hay robos como en todos lados, pero cuando uno se pone a mirar el noticiero en esta zona no pasan cosas terribles. Aunque hace un año empezaron con las balaceras y los cartelitos extorsionadores, que antes no se veían”, explicó una vecina.

“¿Se ve mucha droga?”, preguntó el cronista. La mujer contestó con una frase que acompañaría: “De eso no te voy a hablar porque no quiero problemas con nadie. Nadie te va a hablar de eso porque la gente tiene mucho miedo”. Palabra más o menos una docena de vecinos respondieron de la misma manera a la misma pregunta. Sólo uno insinuó donde estaba el eje del miedo: “Lo que pasa es que en un radio de 100 metros de donde cayó muerto el pibe hay un punto de venta o gente que vende. Pero nadie te va a decir mucho más que eso. Es un punto de venta de Los Monos y nadie se quiere cargar esa mochila”, agregó. Y se fue.

“En esta zona no hay juntada de pibes. Sólo quedan los muchachos de la cuadra, que se han casado o formaron pareja y por ahí se juntan a tomar una cerveza en la esquina. Pero nada más. Esta es una zona relativamente tranquila”, comentó una doña.

Es tranquilo, pero si ves una moto que no conocés, te metés de cabeza en tu casa. El problema que hay en el barrio es que durante la hora de la siesta o a la noche por la calle no hay nadie. Entonces aprovechan para robar. Y al que lo agarran dormido, lo chorean”, explicó un residente.

“Hay muchos vecinos viejos en el barrio. No hay mucho piberío o al menos no se los ve circulando”, refirió otro vecino. Pero siempre la charla se cortaba por la pregunta sobre la droga. Y no era falta de compromiso para contar. Era miedo.

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Sea por el motivo que sea, y que es una de las preguntas en carpeta de la fiscal Gisella Paolicelli, quien investiga el crimen, Agatí estaba en las inmediaciones de Rodríguez e Hilarión de la Quintana cuando minutos después de la 1.20, hora en que los vecinos coinciden que escucharon las detonaciones, el cuerpo del pibe 18 años agonizaba sobre el pavimento en el punto exacto donde por la mañana de este martes un vecino dejó ocho bolsas con yuyos cortados de alguna de las viviendas de la cuadra.

Los vecinos llamaron al 911 y a la ambulancia, la que demoró al menos una hora. En la escena quedaron 11 vainas servidas calibre 9 milímetros. Dicen que Pakito llegó al Heca hablando y pudo decir quién era. Pero las heridas eran mortales y los médicos nada pudieron hacer.

Oficialmente de indicó desde el área de prensa de la Fiscalía Regional Segunda que Agatí fue atacado desde una moto con personas no identificadas recibiendo impactos en abdomen, tórax y miembros inferiores. La fiscal comisionó a efectivos de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) para que trabajaran en territorio en la búsqueda de testimonios y de cámaras de videovigilancia públicas o privadas, que a simple vista no se visualizaban.